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EL MUSEO QUE CAMBIÓ MÉRIDA
EL FORO

EL MUSEO QUE CAMBIÓ MÉRIDA

La inauguración de la nueva sede del Museo de Arte Romano, con el diseño de Moneo, revolucionó el sector turístico de la ciudad

JUAN SORIANO

Sábado, 24 de septiembre 2011, 02:14

HAY aniversarios que pasan desapercibidos, a veces por falta de entidad, pero en otros casos merece la pena echar la vista atrás y convertir un aniversario en una verdadera celebración por los logros conseguidos. Quizá el mejor ejemplo lo ofrezca el Museo Nacional de Arte Romano, que parece que siempre ha estado ahí pero que en realidad solo lleva 25 años.

Mi memoria no alcanza para recordar el acto de inauguración el 19 de septiembre de 1986, pero sí tengo en mente una visita que hice con el colegio, que tuvo que ser poco después de que el nuevo edificio de Moneo abriera las puertas. Entonces se iniciaban las primeras campañas de difusión para dar a conocer el centro. Hoy ya forma parte de la vida cotidiana de los emeritenses, que pueden presumir del que fue el primer museo nacional en existir fuera de Madrid.

La historia del Museo Romano es la historia de la arqueología en la ciudad y, en buena parte, de la Mérida moderna y contemporánea. Nació en 1838 como heredero de las primeras colecciones de objetos del mundo romano, que se remontan a los siglos XVII y XVIII. Pero no fue hasta bien entrado el siglo XX, con el inventario de sus piezas y con la proliferación de hallazgos gracias a las excavaciones del Teatro Romano, cuando ganó especial relevancia.

Con motivo del bimilenario de la fundación de la ciudad, en 1975, se planteó la construcción de una nueva sede. Tras no pocos avatares, abrió sus puertas en 1986 en el imponente edificio de Rafael Moneo, quien aportó el marco idóneo para la colección emeritense pero sin empequeñecer la riqueza de los objetos que contiene. Su diseño, muy funcional y en el que destaca el uso de la luz, le valió para obtener un puesto de relevancia en la Universidad de Harvard y fue parte importante en la concesión del premio Pritzker, el Nobel de la arquitectura.

Pero, sobre todo, la ciudad ganó un centro de referencia nacional e internacional. En el plano de la investigación, el Museo Romano lidera proyectos con centros de toda Europa y sus trabajos son seguidos con mucho interés en la comunidad científica. Y, en la vida de Mérida, supone un más que interesante reclamo para el sector turístico. Cerca de cinco millones de visitas en 25 años, a una media de 200.000 por ejercicio, dan prueba de ello.

Aunque lo mejor de todo es que el Museo Romano mira al pasado con la vista puesta en el futuro. Celebra la apertura de su nueva sede con las ganas de afrontar una esperada ampliación, que además también llevará la firma del ya afamado Rafael Moneo. Y aguarda la construcción de un nuevo y significativo edificio para la colección visigoda. Esperemos que en poco más de 25 años tengamos otros motivos de conmemoración.

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