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J. R. ALONSO DE LA TORRE
Miércoles, 28 de septiembre 2011, 02:02
Cuando la política se pliega a la economía, el fascismo llama a la puerta. Lo decía un pensador de entreguerras y tuvo razón. Vivimos un tiempo de angustia, tanto que la política ha vuelto a plegarse brutalmente a la economía. Y también observamos cómo esa angustia nos lleva a emplear razonamientos que tienen que ver con los impulsos primarios, irracionales y poco meditados que acaban llevando al fascismo. Quienes razonan no son fascistas, no lo han sido nunca y estoy seguro de que jamás lo serán, pero los huevos de esa serpiente se incuban a veces sin darnos cuenta y debemos estar todos atentos para no contribuir inconscientemente a su proliferación. Los extremeños debemos hacer un esfuerzo, a veces simplemente dialéctico, para no cometer torpezas. Asistimos a una especie de desprecio de la cultura por parte de personas que la aman, pero razonan que en estos momentos es un lujo del que se puede prescindir. De acuerdo, no financiemos los lujos, pero sí la cultura y, desde luego, no digamos nunca que se puede prescindir de ella. También asistimos a unos brotes xenófobos que parecen inocentes, pero calan en la sociedad. No se puede criticar que un consejero o un director general no sean extremeños cuando se están comprometiendo con nuestra región. Tampoco se puede dejar caer, como quien no quiere la cosa, que unos músicos son extranjeros cuando se han comprometido con nuestra cultura. Seamos cuidadosos con los razonamientos simples porque dan alas al totalitarismo.
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