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«Ahora escribo más días, pero empiezo más tarde»

Gonzalo Hidalgo Bayal Escritor, autor de 'Conversación', un libro de narraciones brevesEl artífice de 'El espíritu áspero' inicia en estos días una nueva vida como prejubilado y ajusta sus ritmos de escritura

MERCEDES BARRADO TIMÓN

Domingo, 9 de octubre 2011, 13:00

La primera de las narraciones de 'Conversación' (Tusquets), el más reciente libro del extremeño Gonzalo Hidalgo Bayal, fue escrita hace ya unos tres años. En total, son cinco los cuentos que devuelven a la actualidad literaria a este novelista que disfruta de los primeros días de su prejubilación pero no piensa por ello variar mucho sus hábitos de escritura. En cada uno de estos cuentos, Gonzalo Hidalgo Bayal vuelve a ofrecer el castellano pulido y deleitoso al que tiene acostumbrados a los lectores y varía las perspectivas de la narración para llenar de vida literaria la mirada de cada personaje. La tercera narración, titulada 'Aquiles y la tortuga', recupera a Saúl Olúas, un personaje con un palíndromo por nombre que ya salió en 'El espíritu áspero', un profesor bregado en la meditación sobre el éxito y el fracaso.

-Esa historia la escribí primero en tercera persona -explica el escritor-, escrita desde fuera, e incluso separada en capítulos breves como en 'Campo de amapolas blancas'. Y no acababa de convencerme. Incluso redactada en primera persona no tenía mucho sentido que Petrus contara su propia historia, no podía ser., el héroe no puede contar su historia aunque sea un héroe de estas características, un héroe moral. Al final creo, porque tampoco estoy tan seguro, que encontré el modo de narrarla cuando se me ocurrió la posibilidad de plantear a alguien en contacto con Saúl Olúas, que me venía bien como portavoz, aunque luego no sea el que cuenta la historia, ya que la historia la cuenta alguien que ha oído en la tertulia de Saúl Olúas como éste habla de su amigo Petrus.

-El proceso de elaboración de sus narraciones parece extraordinariamente complejo, aunque cuando uno se pone a leerlas se diría que escuches a un señor que soltase con fluidez un discurso clásico.

-Unas veces salen los textos con más facilidad y otras con menos y en concreto ese de 'Aquiles y la tortuga' fue complicado porque no encontraba el modo, y sigo sin saber si lo he encontrado, pero ya encontré un sistema que me pareció que podía valer. En el último relato, sin embargo, desde el principio supe más o menos cómo iba a ser, aunque luego uno avanza prácticamente a ciegas. Y fue creciendo y se hizo un texto extenso. Además, no pasa prácticamente nada y es dar vueltas sobre tres o cuatro motivos sin forma, como motivos musicales. Y tardé mucho en hacerlo, pero no por razones de estructura o de organización sino por no saber muy bien cómo avanzar para que al mismo tiempo el texto fuera legible.

-En casi todos los textos hay un observador que se asoma bien a la barra de un bar, o a una ventana a ver una costanilla, o aquel que se sitúa en un altillo el bosque para divisar la casa incendiada. En ese sentido, es muy difícil desligar esas perspectivas de la propia imagen que tenemos de Gonzalo Hidalgo Bayal como un señor que nos mira como sabiendo perfectamente lo que está pasando en el interior de todos nosotros. ¿No los siente como trasuntos suyos?

-Pues no lo sé. Pero entre las cosas que dices sí que me interesa lo relativo a la posición del lector cuando está leyendo una novela. Si dices que el personaje X salió de casa, ¿dónde está el lector cuando ve a Fulanito saliendo de casa?En el cuarto cuento yo pensaba que era como si el lector asistiese a una tertulia en la que alguien habla y él estuviese allí de manera pasiva. Por eso puse la cita inicial de Covarrubias definiendo 'conversación' como una especie de ir y venir en el que uno habla y otro contesta.

-¿Se propuso hacer narraciones breves como oposición a algo más complejo y pesado como una novela?

-Tampoco esto es algo que haya hecho deprisa y corriendo. El último texto que se publica está terminado desde hace dos o tres años, desde antes de que saliera la novela anterior, 'El espíritu áspero'.

-¿Cómo es su relación con Tusquets a la hora de publicar? ¿Les manda sin más lo que tiene y ellos lo publican?

-Pues esto se lo mandé hace un año y medio o dos años para ver si parecía publicable. Y me dijeron que sí. Yo pedí que no se precipitaran a sacarlo porque la novela había salido no hacía mucho. Ellos tampoco me han insistido nunca para que saque algo.

-¿Sabría escribir en el caso de que alguien le empujase para sacar un libro cada dos años, por ejemplo?

-No es el caso, pero creo que sí podría hacerlo. Otra cosa es que tuviera más o menos interés. Al fin y al cabo quizá no haya mucha diferencia entre que te obliguen y que te obligues tú. Si yo me pongo ahora todas las mañanas a escribir porque quiero o si tuviera un contrato de entrega de una novela en el plazo de dos años, pues lo mismo lo podría hacer.

-¿Ha cambiado mucho su ritmo de escritura tras la jubilación ahora que tiene más tiempo?

-No mucho más tiempo, quizá más días, pero en realidad es ahora, tras las vacaciones, cuando estoy recién jubilado. Yo antes escribía por las mañanas tempranito y ahora menos tempranito y más mañanas, pero para escribir antes tampoco me agobiaba el tener que ir a clase. Lo que sí me puedo permitir ahora es ponerme delante del ordenador sin saber qué voy a hacer.

-¿No echa de menos las clases? Seguro que pronto le sale un personaje que eche de menos a sus alumnos.

-Qué va. A mí las clases no me cansaban. Me aburría repetir el sintagma nominal, el complemento directo o a Rubén Darío y Antonio Machado. Era un poco cansino, más que otra cosa. Pero yo con los alumnos siempre me he entendido bien. Llevaba peor cuestiones secundarias como guardias, pasillos, vigilar el recreo, evaluaciones, los claustros que son una pesadez.

-Pero deja a sus compañeros prácticamente en la trinchera. No sé si les tiene algo de conmiseración por lo que les espera.

-Parece que sí, pero yo creo que dificultades ha habido siempre. La situación hace quince o treinta años con respecto a ahora no sé hasta que punto no se ha mitificado. Yo, por mi parte, no he visto tanta diferencia. Cuando yo empecé, el acceso al Bachillerato, a la Enseñanza Media, estaba mucho más restringido que ahora. Pero un alumno bueno termina ahora con una formación más sólida que hace quince o treinta años. A la altura del notable, creo que tiene una buena preparación.

-¿Se siente un escritor reconocido en su valía o es algo que le trae sin cuidado?

-Es que nunca he sabido muy bien qué es el reconocimiento.

-Pues que la gente le diga que le ha leído y que lo diga mucha gente.

-A mí, mucha gente no me lo dice, pero cuando me lo dicen me abruma un poco, me da como corte. Al fin y al cabo eso que podemos llamar reconocimiento en literatura lo tiene muy poca gente. Autores con un reconocimiento que desborde hay poquitos y probablemente alguno de ellos a mí tampoco me interesan demasiado. Así que, ni el ser muy reconocido es señal de ser muy bueno ni lo otro es ser malo. Son cosas distintas. Yo esto bien así.

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