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MANUEL M. NÚÑEZ
Miércoles, 14 de marzo 2012, 01:16
Nerviosismo, taquicardias, cefaleas, insomnio... El relato del juez en su auto no ahorra detalles a la hora de explicar el impacto que ha tenido el ruido en los vecinos de la Madrila. Cita al presidente del colectivo denunciante, Antonio Durán, «atendido de posible crisis de ansiedad». O el de Pastora Vega, para la que conciliar el sueño se convirtió en una aventura imposible. O el de Cristina Moreno. Esta mujer de 41 años tomó una alternativa radical: su salida del barrio. Ignacio, otro vecino de Doctor Fleming, también requirió atención médica. Sus casos han sido determinantes en la resolución judicial. «Muchas veces he pensado en marcharme, ¿pero dónde voy? ¿Quién va a comprar un piso en la Madrila? Nadie», se pregunta y responde a la vez Pastora Vega. Pasar toda una vida en el corazón de la movida cacereña, admite, le ha salido «muy caro».
«Me he gastado mucho dinero. He pagado abogados, la querella, las cuotas de la asociación, el aire acondicionado, las ventanas especiales, hasta un ingeniero que contraté y me cobró bien. Habrán sido más de 6.000 euros. Y los disgustos. Esos no tienen precio», va desgranando Pastora mientras Matilde, que la acompaña en su vivienda, descorre la cortina para que se vea un pequeño patio de tierra junto a la calle: «Eso es un meadero cada fin de semana. Entre el ruido de por la noche y lo que te encuentras por la mañana, orines, cacas y restos de todo tipo, el panorama es penoso», resalta. Ella es una de las querellantes contra hosteleros y miembros del anterior equipo de Gobierno. Dice que Antonio Durán, del colectivo antirruido ha sido fundamental para ella. Las pastillas para dormir que se ha tomado estos años le hacen perder la cuenta. Cristina, que vivía en la calle Niza, ya se ha ido. «Casi se movía la cama y los azulejos del cuarto de baño vibraban. Fui al médico. Tenía que tomar ansiolíticos. Fue duro. Mi marido y yo decidimos irnos», recuerda.
Su vida ha cambiado: «Ahora duermo. No sabía lo que era eso por el ruido de los dos bares que tenía a la puerta de casa». Ambas expresan su alegría por el auto judicial. «Durante años nuestras denuncias se han olvidado», lamenta Cristina.
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