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HISTORIAS EN 140 CARACTERES
SOCIEDAD

HISTORIAS EN 140 CARACTERES

Comunicarse y lanzar ideas a través de tuits constituye un fenómeno social que puede convertirse ya en género literario

ELISABETH G. IBORRA

Domingo, 1 de abril 2012, 12:17

Existe una amplia tradición de escritura breve que se extiende desde los versículos de la Biblia, los aforismos, las greguerías, los haikus y el refranero hasta los titulares periodísticos. Las restricciones materiales siempre han inspirado a los artistas de todas las disciplinas obligándoles a sacar lo mejor de sí mismos. Además, hay que tener en cuenta que algunas de las cosas más importantes que se dicen o que se escuchan a lo largo de toda la vida caben en menos de 140 caracteres». Es una cita del libro Mundo Twitter (Alienta Editorial) del teórico y gurú tuitero José Luis Orihuela (@jlori).

Los tuits parecen ser la expresión contemporánea de esos textos breves en un soporte digital, sea en la web de Twitter o en los smartphones. Ahora bien, el debate radica en si, cualitativamente, son comparables a los aforismos, microrrelatos, nanorrelatos, etc. en la literatura.

De los entrevistados, el menos optimista al respecto es el prologuista de 'Novelas en Tres Líneas', de Félix Feneón, que escribía historias periodísticas en menos de 140 caracteres, publicadas en pleno 2011 por la editorial Impedimenta. Antonio Jiménez Morato se desmarca con esta imagen: «Twitter es una sartén. En una sartén puedes cocinar muchas cosas, y una de esas cosas puede ser un aforismo, pero también pueden ser otros géneros».

En la misma línea, Marcos Ley, tuitero en @Marcosleyley y nano-relatador del blog Nanogénesis (http://marcosleyjimbo.blogspot.com), especifica que «un nanorrelato, por su brevedad, cuenta un trocito de una historia, sugiriendo al lector que complete el resto mentalmente con su imaginación. Un nanorrelato siempre tiene que tener un título e intentar explicar una historia; un tuit puede ser casi cualquier cosa». «Ambos pueden considerarse istmos de palabras; sólo que en el segundo caso, el contenido del mensaje no tiene porqué ser de carácter literario», acotan @Iulius y @gnomada, co-editores de @Nanoediciones, que desconocen «cuántos duchos en literatura publican tuits y cuántos ignoran lo que son aforismos». A eso precisamente alude el escritor de microréplicas Andrés Neuman cuando condiciona la comparación a que «el tuitero tenga conciencia y cultura aforística. El aforismo no es un soporte, sino una actitud conceptual».

Con perfil de literatos

Justo la que demuestra @lamaladelapelícula, que tuitea y escribe «microrrelato con una r» en www.lamaladelapelicula.com. «Sólo cambia la capa social que te permite la plataforma, lo que en mi humilde opinión, hace mucho más divertido el tuit que el microrrelato. En la época en que comencé con Twitter, leía muchos haikus y estas lecturas fueron la base de inspiración para empezar con esto en Twitter».

Alberto Romero, con su cuenta @alberzeal, sería el exponente más destacado, a sus 24 años, de ese cruce, que ha publicado 545 de sus tuits preferidos y más retuiteados por sus más de 12.000 seguidores en un libro autoeditado que vende en su web homónima, www.detripasconrazon.com, por un euro. Modesto él, se ríe de sí mismo: «Hay quien ha comparado mi estilo a la hora de decir tonterías en Twitter con el de Ramón Gómez de la Serna, provocando así mi sonrojo y dejando en evidencia su miopía [risas]. Quizá haya algo de aforismo o greguerías en esta forma de hacer humor».

La brevedad

Contrastemos, por ejemplo, uno de sus tuits favoritos «Le he pedido 'El Mundo' a mi quiosquero pero no le quedaba. Al final me ha dado la 'Razón', como a los tontos», con una greguería (metáfora humorística) del gran Gómez de la Serna: «En realidad los seguros de vida son seguros de muerte». Fina ironía en ambos casos para lectores rápidos de mente, como recoge el tuitero Diego Orihuela (@do203) «A buen entendedor, Twitter».

Siguiendo con los juegos con refranes, Mª Cristina Martínez (@crism321) con su «A veces 140 caracteres valen más que mil palabras, viene a coincidir con Piedrahita en que «si no se puede decir en un tuit, es mejor escribir un post. Pero si se puede escribir en un tuit, es mejor que decirlo en un post». Alberto Romero considera «imposible comparar las entradas de un blog con un tuit, por mucho que a Twitter se le llame red de 'micro blogging'. Básicamente porque en 140 caracteres no cabe todo, ni mucho menos. ¿La gracia? Supongo que intentar exprimir al máximo ese espacio tan reducido. En cierto modo es un reto».

Lo es para Héctor Gómez Herrero, autor de @cuentosminimos: «Yo empecé a tuitear como un ejercicio de condensación. La idea era usar el medio para hacer un ejercicio creativo. [.] Un medio mayor como un libro tradicional o un blog es el lugar para explorar todas las posibilidades» insinuadas en el tuit. Y es lo que hace en www.inthenameofgoth.com/hectorgomez/

La forma de escribir cambia de digital a analógico, según Alberto Romero: «La prueba está en que gran parte de tuits pierden totalmente la gracia y el sentido al ser leídos en voz alta. Es un lenguaje muy enfocado a ser leído así, a sorbitos rápidos, como una ronda de chupitos. Y el límite de caracteres también ayuda a la fluidez y la rapidez de ideas».

Por su parte, Neuman, que no tiene Twitter pero sí fans que le retuitean textos como el haiku «Consigue el viento -humo, metal, rugidos- llegar en moto", supone que la técnica entre unos y otros "sería parecida: concisión, elipsis, contundencia. El contenido obviamente es más diverso en el tuit, donde cabe de todo. Quizá la diferencia de fondo sea que la mayoría de los tuits se refieren a la actualidad, mientras la mayoría de los aforismos aluden a la naturaleza humana, que es (por suerte) algo bastante más antiguo». O sea, que tienden a ser más filosóficos, asevera el crítico Jiménez Morato: «Un aforismo pretende construir pensamiento, no estrictamente comunicarlo, sino construirlo desde mecanismos poéticos, valiéndose de la imagen y de la paradoja antes que de la explicación o la disertación. Por lo tanto, no es más que un género a medio camino entre la literatura y la filosofía».

¿Qué nos invita más a la reflexión?

De sus palabras se podría colegir que los clásicos nos hacen pensar más que los tuits, ante lo que Marcos Ley está de acuerdo: «¡Definitivamente, sí! Es tan importante el contenido como el contexto de lectura. Hemos sustituido el buen leer, reflexivo y nutriente, por fast food mediático. El objetivo básico que persigo con mis Nanorrelatos es intentar provocar una pequeña reflexión al lector, una sugerencia que le invite a pensar».

Les lleva la contraria @lamaladelapelicula: «No creo que sea así. Las reflexiones en voz alta primero y escritas después, son siempre un encuentro con uno mismo necesario para el ser humano. Venga del soporte que venga». Y Neuman, con su espíritu crítico, sorprende: «Hasta que no dejemos de oponer públicamente papel y pantalla, sospecho que estaremos en pañales 2.0». Para @nanoediciones, «la técnica depende del autor y el medio de publicación influye en el contenido. El smartphone es un aquí-y-ahora... literatura para llevar». Sí, pero literatura al fin y al cabo, por eso publican a tuiteros como Santiago Eximeno @cruciforme.

Y no son la única editorial que lo hace. A Alejandro Jodoroswky en breve la editorial Siruela le va a publicar un libro con los tuits que escribe en su cuenta y le replican unos 400.000 seguidores. Ventas aseguradas. Lo suficiente para que más editoriales se planteen publicar a tuitstars (estrellas tuiteras con centenas de miles de seguidores), aprovechando que, según Marcos Ley, «Twitter se ha convertido en un cantera de nuevos talentos en la que es muy fácil pescar. El problema es que las editoriales no ponen el cebo, lo has de poner tú». Y a la mayoría les gustaría que picaran, pero no lo tiene como objetivo prioritario porque reconocen que es muy difícil vivir de ser escritor.

Todo son ventajas

De todos modos, para los tuiteros lo más interesante es que las redes sociales facilitan una «interrelación universal directa. Nunca en la historia de la humanidad un escritor estuvo tan cerca de sus lectores», celebra Marcos Ley. @nanoeditores agrega que «llevan el concepto de mensaje en una botella al 2.0. Las redes son mar inconmensurable. ¿Quién nos lee, quién nos responde... desde dónde?» Y para Neuman, aportan «difusión, velocidad, oportunidades. Y algo incluso más importante: memoria. Aunque a veces paradójicamente lo olvidemos, Internet es un pozo infinito de recuerdos».

@lamaladelapelicula concreta que «en Twitter te estás dirigiendo a una serie de personas que han decidido seguirte y que formes parte de su Timeline. Tienes que tratar de hacer más bonita e intensa su vida, en la minimedida de lo posible». Y prosigue: «Mi número de lectores aumenta cada día. Lo que hace agradecidísimo y bello compartir tus pensamientos con los demás. Que haya un eco, alguien que te comprenda. Pero lo más importante es cuando se produce feedback, cuando el eco te contesta...». Ese clamor popular fue lo que animó a @alberzeal a publicar su libro «hace un par de meses y he vendido más ejemplares de los que me merezco y menos de los que me permitirían decirle lo que pienso de verdad a mi jefe [risas]».

En efecto, parece que los tuits todavía funcionan mejor en la blogosfera que en libro, en palabras de Héctor, que se autoeditó sus «primeros mil y un cuentos mínimos» en la editorial digital Bubok, «gratis en pdf y al precio mínimo que permitía la plataforma en papel. Mi experiencia es que la gente prefiere leer algo tan pequeño en Internet y gastar el dinero en otros libros con historias mayores. El microcuento es un tipo de historia efímera que funciona bien en un medio efímero como es éste. Seguro que hay gente interesada en guardar sus favoritos en papel, pero no creo que funcione tan bien en ese soporte».

Se plantea publicar su libro de todos modos Marcos Ley, auspiciado porque «desde que empecé a publicar en mi blog, no han parado de aumentar las visitas. Creo que es un género literario que engancha mucho, porque se adapta e integra perfectamente a las necesidades de la comunicación de hoy en día».

Que podría pasar por una fragmentación de la escritura para atraer a los lectores habituados a los «fogonazos visuales», como les llama Alberto Romero. Héctor no cree «que se lea de forma diferente una novela de 1.200 páginas que un microrrelato de 15 palabras. Lo que sí es cierto es que en gran medida nos hemos desacostumbrado a leer cosas largas. Estamos ante un tiempo de lectores perezosos y acomodados». Ley incide: «Si en este mundo aspiras a ser leído, escribe breve. La forma de comunicarnos está cambiando, y cada vez tenemos más intolerancia a lo largo».

Sin embargo, Jiménez Morato niega la mayor: «No, esa es una falacia muy repetida desde hace mucho tiempo. Los lectores poco asiduos, precisamente, prefieren grandes novelones». Y Neuman apostilla que «conviene no simplificar la ecuación: breve no es igual a fácil, ni largo igual a difícil. Hasta donde sabemos, JK Rowling, Stieg Larsson, Ken Follet o Ruiz Zafón no han hecho más que vender tochos considerables. Sus sagas suman miles de páginas. Mientras tanto los poetas publican libros muy breves, y ya ves. El desafío siempre está en la complejidad, no en el tamaño».

La complejidad para hacernos reflexionar y aprender algo, es de suponer. Y eso lo consiguen tanto los mencionados tuitstars que filosofan como lo han hecho toda la vida los filósofos más grandes, quienes, equipara Neuman, «solían tener, y siguen teniendo, miles de seguidores. Y hasta los estudiamos en la escuela. 'Pienso, luego existo' o 'Sólo sé que no sé nada', para asombro de Descartes o de Sócrates, llevan siendo retuiteados desde hace siglos».

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