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ALFONSO CARBONELL
Jueves, 13 de septiembre 2012, 20:58
Jugar con fuego... es lo que tiene. Y mucho más, si se juega ante un Arroyo, que aprovechó la concesiones defensivas de un Cádiz que queda apeado de la Copa pero con el orgullo intacto. Dos maderas y varias ocasiones cantadas falladas, unido a un final de partido en el que se encerró al rival, le valieron al once de Monteagudo, para al menos, despedirse del estadio Carranza con más aplausos que pitos.
Y la eliminación le llegó por comenzar a jugar con fuego desde bien pronto. Porque parece que esa es la tónica habitual en el once de Monteagudo. Saque cual saque, da igual, suplentes o titulares, a todos les va la marcha. Y como les va la marcha, dejan que el rival se crezca en Carranza. Y así, Domingo cometió el error de dejar un balón muerto en el área de Bernabé para que Toni, forzado, diera su primer aviso. Hasta ahí llegó el Arroyo en sus primeros minutos. Y todo porque a Dieguito le dio por comenzar a jugar. Dos centros suyos estuvieron a punto de acabar en gol sino llega ser por la mala suerte en los cabezazos de Adri Gallardo, que tuvo que ver como el primero se iba desviado y el segundo chocaba contra el larguero. El rechace le llegó a Vergara, que en su afán por colocar a un palo con el portero en el suelo y escoltado por dos defensas, se encontró con un muro de piernas. El asunto debería estar encaminado pero llegó una tremenda pifia...
Y es que aunque los delanteros se habían enchufado definitivamente a la Copa, la empanada cadista seguía estando detrás. Porque es atrás donde este equipo de Monteagudo reparte sus caramelos. Y por allí pasaba Toni, que pasado el cuarto de hora adelantaba al Arroyo beneficiándose de un error garrafal en el bloqueo de Bernabé.
Con la soga al cuello y un aviso de Ibán Espadas llegaban los de Monteagudo a los vestuarios, de donde salieron los pesos pesados Belencoso y Pablo Sánchez, que no tardó mucho tiempo en encencer el coliseo.La primera que tuvo la envió fuera con un zurdazo. En la segunda fue objeto de una falta lanzada por Dieguito y rematada por Domingo. Y la tercera fue al presionar una cesión que acabó en un saque de esquina, botado por él mismo y cabeceado fuera por Bermúdez. Con solo esto, Carranza ya tronaba. Pero como pasó en el primer tiempo, también ocurrió en el segundo. Cuando mejor estaba el Cádiz llegó otro mazazo, ahora fue Ibán Espadas el que de media chilena conseguia el 0-2 con un golazo de sombrero.
La reacción llegó apenas dos minutos después. Y como no, Pablo Sánchez fue el primero en liderarla provocando una mano dentro del área del Arroyo. Desde los once metros, no le tembló el pulso. La afición ya por entonces cantaba a coro. «¡Re-mon-ta-da!». Y creía. Pero no iba a ser fácil. El Cádiz se rompía y toda la valentía que le faltó a la Balona hace unos días la tuvo el Arroyo, que no se quedó atrás y lo intentó varias veces aunque con la participación de Bernabé, que entonces sí, no concedió más. Sin embargo, el panorama volvía a ponerse de cara para el conjunto local, que veía como afrontaba el último cuarto de hora con un jugador más por expulsión de Belmonte.
Los minutos pasaban y el Arroyo conseguía su propósito de parar el partido. Pablo se subía al caballo desbocado que era su equipo en búsqueda del empate. Pero el gaditano mandaba, con su zurda, al palo. Luego sería Adri Gallardo el que no acertaría a golear teniendo toda la portería para él. El Cádiz moría en su coliseo. El Arroyo espera ahora un premio de Primera.
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