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Hoyos de las catas en las que se destapó el arrabal oriental. :: PAKOPÍ
Las laderas de la Alcazaba, una asignatura olvidada
BADAJOZ

Las laderas de la Alcazaba, una asignatura olvidada

La segunda fase del proyecto de rehabilitación integral de este espacio incluye el adecentamiento y recuperación del área En la zona oriental del recinto hay restos arqueológicos de gran valor histórico a los que no se presta atención

TANIA AGÚNDEZ

Domingo, 25 de noviembre 2012, 01:45

Cuando se cita a la Alcazaba la mayoría de los pacenses piensan en el monumento. En sus muros, las torres y puertas que forman parte de esta fortificación árabe. Pero son pocos los ciudadanos que recuerdan que las laderas del cerro de la Muela, sobre el que se levanta este recinto amurallado, también son una parte importante de este enclave histórico.

De hecho, bajo el manto de hierbajos y tierra que se amontonan en este espacio se esconden restos arqueológicos de gran valor a los que casi no se presta atención. Un patrimonio que pasa desapercibido. Las laderas de la Alcazaba son una asignatura olvidada de la ciudad.

El estado en el que se encuentra actualmente las faldas del citado cerro es de total abandono. La suciedad y la maleza se apoderan de este entorno. Los matorrales y las malas hierbas crecen descontroladamente. Árboles caídos y basura son otros elementos que llenan un suelo sobre el que se han ido creando caminos naturales por el paso frecuente de las personas que transitan por la zona. Estas sendas son peligrosas e inseguras para los viandantes, que tienen que ir evitando obstáculos para no tropezar.

Pero estas laderas que hoy se encuentran infravaloradas y descuidadas fueron en su día una parte esencial de la ciudad. En la parte oriental de la Alcazaba, en la zona verde que se extiende entre la Puerta del Alpéndiz y el circuito de BMX, también se pueden observar diversos hoyos de gran tamaño que se corresponden con los cortes que se hicieron para efectuar unas catas arqueológicas en la zona. Estos trabajos se realizaron en las campañas arqueológicas dirigidas por Fernando Valdés en los años 1979 y 1980 en las que participaron alumnos de la Universidad Autónoma de Madrid y jóvenes voluntarios de Badajoz.

El objetivo era excavar y documentar los restos de un antiguo barrio de la capital pacense: el arrabal oriental. Y lo consiguieron. Según confirma Valdés, estos hallazgos no fueron importantes sólo para la ciudad, sino para toda la península ibérica. Aunque los objetos hallados no fueron significativos, el yacimiento sí arrojó mucha información histórica del lugar y se obtuvieron datos transcendentales sobre el pasado de la capital pacense como los referidos a la cronología de los tipos de cerámicas islámicas o las referencias urbanísticas.

Este arrabal oriental se originó en el siglo XI. Cuando empezó la revolución que acabó con el Califato de Córdoba, en el año 1010, comenzó una época muy convulsa para esta ciudad. Por este motivo los artesanos afincados en Córdoba se vieron obligados a abandonar la ciudad «y se establecieron en los lugares en los que se habían creado pequeños reinos que eran focos de actividad económica como era el caso de Granada, Sevilla o Badajoz», señala Valdés.

Muchas de estas personas, gran parte de ellos alfareros, se afincaron en Badajoz, pero como dentro de la ciudad amurallada no había sitio se instalaron en la zona de extramuros, entre la muralla y el Rivillas con la intención de estar protegidos a la vez que tenían suministro de agua. Con el tiempo el arrabal oriental fue creciendo y a mediados del siglo XI se amuralló.

Cuando acaba el Reino Taifa, en el año 1094, Badajoz dejó de ser corte, su mercado perdió interés y este barrio se fue despoblando. Los habitantes se fueron marchando poco a poco. «Esto explica que las casas del arrabal estuviesen muy deshechas, ya que todo el material de construcción que se podía aprovechar se lo llevaron. Es posible que a comienzos del siglo XII este barrio ya no existiese o quedase muy poco de él», comenta Valdés.

Próximo a este espacio se ubica también parte de la muralla árabe. Este lienzo se encuentra muy deteriorado. El muro lo cortaron los almorávides, que entraron violentamente en Badajoz. En 1148, cuando entraron los almohades lo volvieron a poner en valor ya que utilizaron la zona para que las tropas acampasen. «En ese momento lo vuelven a edificar. De este modo, queda enterrado el lienzo del siglo XI y lo que está al descubierto es del siglo XII, de la misma fecha que la parte almohade de la Alcazaba», concreta Valdés.

Este arqueólogo así como diversas asociaciones de ciudadanos de Badajoz ya han advertido en diversas ocasiones que si no se protege esta zona del muro se continuará deteriorando e incluso puede llegar a hundirse. «Y es tan importante como los muros de la Alcazaba», subraya Valdés. José Manuel Bueno, portavoz de la Asociación Cívica, plantea poner en valor estos yacimientos. De hecho, la recuperación y adecentamiento de las laderas de la Alcazaba son actuaciones que forman parte de la segunda fase del proyecto de rehabilitación integral de este recinto amurallado, que de momento se encuentra paralizada. «Hay que conservar el patrimonio y ahora que se había empezado a recuperar la Alcazaba no se puede detener esta intervención y tiene que seguir adelante», incide Bueno.

Valdés, por su parte, aclara que queda una parte razonablemente extensa del arrabal oriental por ser estudiada. Sin embargo, debido a las dificultades de excavación que presenta la zona objeto de análisis el arqueólogo propone sólo dejar visible un área mínima. «Es una cuestión complicada. Se tendría que llevar a cabo una campaña arqueológica en extensión y ahora es un momento económico difícil, porque no hay recursos. Hay que tener en cuenta también que los restos y el material hallado se encontraban muy degradados. Por otro lado, es peligroso dejarlos al descubierto porque corren el riesgo de que los estropeen», sostiene Valdés.

Además de limpiar y acondicionar las laderas y rescatar el patrimonio olvidado en estas colinas, Valdés propone que se acondicionen los caminos, entre ellos un paseo que conecte la Puerta del Alpéndiz con San Roque. «Una vía corta, bien organizada y señalizada que permitiese a la gente subir por la ladera, pasar por la Puerta del Alpéndiz y salir por la del Capitel. Sería lo lógico. Esa intervención tendría que estar dentro de la segunda fase de la rehabilitación de la Alcazaba», concluye.

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