Borrar
¿Qué ha pasado hoy, 3 de abril, en Extremadura?
1 1. Un sacerdote confiesa a una feligresa durante la celebración de la misa en el templo de la Divina Providencia, en Varsovia, la capital de Polonia, un país que sigue con especial interés el proceso abierto tras la renuncia de Benedicto XVI. :: FOTOS: KACPER PEMPEL/REUTERS 2 3 4 2. Una mujer besa un crucifijo en un momento de la peregrinación nocturna desde Blonie al monasterio de Niepokalanów, de 25 kilómetros. 3. Fieles católicos rezan durante la celebración de la Asunción de María en el santuario de Jasna Gora, donde está la Virgen de Czestokowa. 4. Sor Eligia muestra un rosario a los niños durante la catequesis en un centro público de educación primaria, en Varsovia.
Viaje a la reserva espiritual de Occidente
SOCIEDAD

Viaje a la reserva espiritual de Occidente

La religión católica está presente en el día a día de Polonia con catequesis en las escuelas y curas que visitan los hogares y los bendicen

JULIÁN MÉNDEZ

Domingo, 10 de marzo 2013, 09:34

Pasear por Polonia con la mirada puesta en descubrir su vertiente religiosa tiene para los ciudadanos de «la católica España», como la calificaba el Papa Wojtyla, el efecto de un viaje en el tiempo, de regreso a años pretéritos dominados por un tumulto de sotanas y hábitos, púlpitos y crucifijos con aroma a penitencia, cera derretida e incienso.

En Polonia, el catolicismo fue durante los años del imperio soviético el único foco de resistencia, el único espacio donde se luchaba por el respeto a los derechos humanos, el lugar donde se preservaba la identidad propia aunque fuera entonando cantos en latín. Fruto de aquella obstinación han quedado para la historia hitos definitivos como el sindicato Solidarnosc, alumbrado bajo los cirios en el Astillero Lenin, de Gdansk, con líderes como Lech Walesa y el beato sacerdote Jerzy Popieluszko, que celebraba misa entre las cuadernas gigantes de los cargueros y que fue asesinado por los servicios secretos que urdieron un accidente.

Semejante caldo de cultivo, con 10.000 parroquias y decenas de miles de sacerdotes para un país de 38,5 millones de habitantes, dio lugar a una masa crítica suficiente para alumbrar a un Papa como Karol Wojtyla, que simbolizó ante el mundo la resistencia de la fe cristiana ante al materialismo marxista. «Desde el siglo XVIII, la Iglesia católica ha sido el refugio de la cultura y de la identidad polaca en un país que fue dominado por el Imperio Austrohúngaro, por Alemania y Rusia. Los curas polacos hemos sufrido y hemos sido perseguidos», apunta Jaroslaw, un sacerdote de 28 años que trabaja en Aragón.

El catolicismo está presente en la vida de los polacos desde que se levantan hasta que entonan sus oraciones antes de irse a la cama. En las aulas de las escuelas hay crucifijos, uno de los símbolos de protesta durante el régimen comunista, y dos veces por semana las clases son visitadas por monjas y sacerdotes que imparten la catequesis. «Que no es lo mismo que la clase de Religión en España -protesta Jaroslaw- porque nuestra catequesis te despierta la fe y te acerca a Dios».

Y aunque las leyes polacas reconozcan el aborto y el divorcio, y en el Parlamento tengan hasta una diputada transformista como Anna Grodzka, el intento de legalizar las uniones homosexuales ha destapado estas semanas el tarro de las divergencias y ha lanzado a la arena de la oposición al mismísimo Nobel de la Paz Lech Walesa. Padre de ocho hijos, este mito viviente que luce cada día en la solapa de su chaqueta una chapita con la imagen de la Virgen de Czestokowa, ha dicho que, si por él fuera, mandaría «sentarse detrás del muro» a todos los políticos gays. Y media Polonia ha dicho amén.

La bendición del 'oplatek'

La marea laicista avanza sin pausa, sobre todo en las grandes ciudades, pero el alma polaca, subraya desde Zaragoza Grazyna Opiñska, conserva todavía su fuerte aliento católico. Curas que visitan las casas y las bendicen cada año, romerías y peregrinaciones multitudinarias como las que conducen a la Virgen Negra y un sentido más alegre de la Navidad y de la Semana Santa, donde lo que importa es la Resurrección y no tanto el martirio, forman las señas de identidad de este país.

Un lugar donde los sacerdotes consagran cada año el 'oplatek', una oblea del grosor de una hostia y del tamaño de un libro, que se come en las casas en Navidad. Pequeños fragmentos se envían por correo a los familiares ausentes, se encuentren donde se encuentren. Y en cada hogar polaco, por esas fechas, siempre habrá un plato libre, dispuesto para cualquier recién llegado, para cualquier extraviado en la nieve... Ahora el país sigue con interés la elección del nuevo Papa tras la renuncia de Benedicto XVI. Porque fue aquí donde se oyeron las mayores críticas a su renuncia. Fue el controvertido cardenal Stanislaw Dziwisz, antiguo secretario personal de Juan Pablo II, quien le espetó: «Jesús no se puede bajar de la cruz». Algo que no casa demasiado bien con esa caridad cristiana que Polonia exporta hoy al mundo.

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

hoy Viaje a la reserva espiritual de Occidente