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LUIS EXPÓSITO
Domingo, 28 de abril 2013, 12:10
El paro ha sido siempre el mayor problema para España, y especialmente para Extremadura, donde siempre ha estado por encima de la media nacional. Hace una década, en el primer trimestre del año 2003, ya era la mayor preocupación, y eso que había casi 100.000 parados menos que ahora. Tomando como referencia el inicio de la crisis, mediados de 2007, el número de desempleados se ha triplicado. Casi 120.000 parados nos hemos dejado por el camino desde entonces. Además, el mercado laboral, los que trabajan, se ha reducido un 20% desde enero de 2008.
Así lo dicen los datos de la Encuesta de Población Activa, el barómetro en el que se fija Europa y que además es el único que tiene datos homogéneos. Las cifras de paro registrado, las que hace públicas el Sexpe cada mes, cambian su metodología cada cierto tiempo. La actual data de 2005, y para hacer comparaciones con años anteriores hay que acudir a simulaciones que no siempre dan una imagen acertada de la realidad.
Los últimos datos de la EPA, correspondientes al periodo comprendido entre enero y marzo de este año, marcan 181.600 parados en la región, una tasa que supera el 35% de la población activa. Un mazazo que muchos tachan de récord. Pero lo cierto es que la marca histórica se viene superando trimestre a trimestre desde que comenzó 2010. Desde entonces, cada nuevo dato lleva a la región a registros nunca conocidos anteriormente.
Como sucede siempre, los partidos políticos han aprovechado estos números para tirarse los trastos a la cabeza y acusarse mutuamente de la subida.
Pero lo cierto es que hay una realidad que por conocida no debe olvidarse nunca: el paro depende siempre de la evolución de la economía. Como se puede apreciar en el gráfico adjunto, la marcha del desempleo está ligada al crecimiento del PIB y de manera colateral a la evolución de los presupuestos de la comunidad autónoma, que en su mayoría dependen de las transferencias del Estado. Dicho de otro modo, muy poco pueden hacer los Gobiernos regionales para mejorar la situación, y al final todo depende de lo que sucede en el conjunto del país, condicionado a su vez por la marcha de la economía occidental.
Esto indica una doble realidad. Solo se crea empleo cuando la economía crece, dicen los expertos que cuando se hace con tasas anuales superiores al 2% del PIB regional.
Por otro lado, el crecimiento de la economía hace que las Administraciones públicas tengan más ingresos para gastar que pueden emplear en políticas de empleo, además de en infraestructuras que dinamizan la economía. En una economía tan dependiente del sector público como la extremeña, esto es vital.
Más dinero
Es decir, cuando había dinero el paro bajaba porque había consumo y también porque se reservaban más fondos para políticas activas de empleo. Bajo este difuso término se conoce lo que básicamente es contratación de desempleados bajo la forma de planes de empleo o escuelas-taller.
Desde hace ya años, los sindicatos vienen denunciando el efecto contrario. Además de la reducción de la actividad económica, se están reduciendo los fondos para estas políticas, lo que contribuye a que engorden las listas del paro. Según Miguel Coque, de Comisiones Obreras el presupuesto que destina Madrid para este fin en la región ha caído de 162 a 81 millones. Eso provoca -según él- 2.500 parados más y desprotege a otros 160.000 extremeños que ya estaban en la calle.
El suelo del desempleo en la historia reciente de Extremadura se alcanzó en el tercer trimestre de 2006, con 51.800 parados en las listas. Otra cifra muy baja fue la conseguida entre abril y junio de 2007, con 57.100 extremeños sin trabajo. Sucedió justo antes de que arrancara la crisis. Estas cifras fueron fruto de casi una década de continuo crecimiento del PIB, muy por encima de la media europea.
Con posterioridad, se ha llegado a la conclusión de que fue un auge irreal, sostenido de manera artificial por el boom de la construcción y de un endeudamiento por partida doble: de los particulares con los bancos y de estos últimos con las entidades financieras extranjeras, especialmente alemanas.
También hay que recordar los fondos de la UE, pero con un matiz importante. Un estudio de la UEx capitaneado por el profesor Julián Ramajo ha demostrado que estos fondos procedentes de Bruselas tuvieron más efectos positivos sobre el PIB que sobre el empleo.
Sea como fuere, la oposición política denunció durante la segunda mitad de la década pasada que el ritmo de descenso del desempleo era demasiado lento.
La escalada
Pero en la segunda mitad de 2007 llegó la crisis económica, que comenzó a afectar al paro a partir del verano siguiente. En 2008 hubo al final 16.300 parados más, y fue el inicio de una escalada que aún dura. Durante los primeros años el desempleo se frenó en parte a las políticas expansivas del Gobierno de Zapatero, que gastó grandes cantidades de dinero en relanzar la economía. Por ejemplo, queda para el recuerdo las dos partes del Plan E, que supusieron cerca de 15.000 millones de euros y que crearon cientos de miles de jornales temporales gracias a las obras en municipios.
Sin embargo, esto provocó en parte que la crisis financiera se transformara en una crisis de deuda del Estado, que obligó a enormes recortes, lo que a su vez trajo una nueva caída del PIB y una escalada del paro aún más agresiva.
Dicen algunos expertos que esta es una crisis que tiene forma de W, por cuanto hubo una moderada recuperación en torno a 2010 que no fue la antesala de una nueva caída ante la imposibilidad del Gobierno de mantener su ritmo de gasto y de pagar sus deudas. La pregunta es cuándo volverá ahora la recuperación.
La otra cara de la moneda laboral es la ocupación. Es decir, cuántos extremeños están realmente trabajando con independencia del número de desempleados. O dicho de otra manera, una economía puede seguir generando empleo aunque no sea capaz de absorber a los jóvenes que van acabando sus estudios. No hay que olvidar que este segmento de población nació en los 90, cuando las tasas de natalidad eran más elevadas que ahora. Y de este lado las noticias tampoco son buenas. Hace diez años había 348.300 extremeños trabajando, que llegaron a ser 407.700 a comienzos de 2008. Ahora son 329.000, unos 19.000 menos que hace una década y 78.000 menos que hace cinco años. El tejido laboral de la región es más reducido ahora y se asemeja al que había a comienzos de 2000.
En medio de este maremágnum de detalles surge la pugna política. El pasado jueves, cuando se hicieron públicos los datos del primer trimestre de este año, no faltó quien comparó los arranques de mandato de Guillermo Fernández Vara y José Antonio Monago. En términos porcentuales, el primero vio como el paro crecía un 86% entre mediados de 2007 y comienzos de 2009, y el segundo sufrió un incremento del 60% entre el segundo trimestre de 2011 y el arranque de este año. Pero medido en términos absolutos, el actual presidente registró 67.600 desempleados más en ese periodo por 49.200 de su antecesor socialista.
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