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PILAR ARMERO
Domingo, 23 de junio 2013, 10:32
Más de 60 personas están recibiendo atención diaria de Cáritas. Se reparten entre el Centro de Atención Temporal de La Data hasta el que acude gente sin hogar, el de Reinserción Social de Santa Bárbara y el comedor Casa Betania de calle Trujillo. Son el doble de la treintena de necesitados a los que se venía atendiendo de media hasta hace un año y medio y si se les suma quienes reciben ayuda puntual a través de las 11 Cáritas interparroquiales de la ciudad, el número se dispara más todavía.
La situación es difícil y lo peor es que no tiene visos de mejorar, al menos en un plazo corto, según indica el responsable de Acción Social, Iván Torres, que apunta que además se están incorporando nuevos perfiles de pobreza entre los demandantes. Se trata de jóvenes de 25 a 45 años que en la mayoría de los casos tiene escasa formación, aunque también están llamando a la puerta otros que sí la tienen. Se está registrando también un incremento de mujeres solas, jóvenes con familias desestructuradas, sin recursos ni lazos familiares, a las que se les unen vecinos mayores de 65 años que se han quedado solos, no tienen hogar y se eternizan esperando que se les conceda plaza en alguna residencia, algo que ocurre «porque se está dando prioridad a los grandes dependientes».
Una circunstancia que preocupa especialmente es el repunte de personas con dependencia del alcohol, un problema que en muchos casos se está viendo reavivado por la falta de empleo que lleva a intentar esconder las penas tras la barra del bar.
Junto a estas nuevas figuras se mantienen los sin techo crónicos, mendigos que acumulan años de vaivenes, además de toxicómanos, que están entre los usuarios habituales de la organización. Un aspecto también destacable es que el 30% de las personas que están siendo atendidas son inmigrantes.
«Antes había menos en la zona porque lo cierto es que con la situación económica muchos se han ido para su país. El problema está en que muchos de los que se quedan están pasando a ser personas sin hogar», explica Torres.
Aumenta la solidaridad
El problema se recrudece, por tanto, porque junto a los pobres de siempre aparecen nuevos rostros de la necesidad. «El problema continúa y aumenta y no se ven perspectivas de que dismimuya, es más, me atrevería incluso a decir que los nuevos perfiles se consolidan».
La lectura positiva es que al mismo tiempo que se incrementa la pobreza lo hace también la solidaridad, sobre todo en forma de voluntariado e iniciativas benéficas.
«Tal vez no aumente tanto el número de asociados que participan con cuotas pero sí lo hace el de personas que organizan espontáneamente actividades para recaudar fondos o alimentos que luego nos hacen llegar. Una actividad que surge tanto desde colegios como de asociaciones, particulares y de cualquier tipo de colectivo, muy de agradecer porque supone una gran ayuda».
Lo que más demandan quienes acuden a Cáritas es precisamente comida, seguido de cuestiones relacionadas con la vivienda que abarcan tanto ayuda para tener acceso a un hogar como para pagar alquileres y gastos tales como luz o agua más que hipotecas, además de oportunidades de empleo que permitan respirar con una menor sensación de asfixia.
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