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DANIEL VIDAL
Jueves, 19 de septiembre 2013, 11:16
Acababa de comenzar el partido en el estadio Kaftantzoglio, en la ciudad griega de Tesalónica. Tras sufrir una discutible tarascada sancionada por el árbitro, el delantero del Milan Luciano Chiarugi preparó el césped con los tacos, bajó el cuero, esperó a tener permiso del trencilla para sacar la falta y golpeó la pelota con toda su alma. La barrera, que parecía andar a por uvas, se tragó un misil que acabó colándose en la portería tras pegar en la cepa del palo y superar la inútil palomita del cancerbero.
Era el minuto 5 de la final de la Recopa de Europa de 1973 y los italianos se adelantaban en el marcador a los ingleses del Leeds United, que en aquellos años deslumbraba al continente. Pero el Leeds, que jugaba de blanco inmaculado, se topó contra dos muros en su largo y desgarrado intento por remontar el gol de Chiarugi. Por un lado, el árbitro del encuentro, el griego Christos Michas, que no volvió a pitar un solo partido en su vida tras las sospechas de su implicación en lo que muchos calificaron de «amaño». Michas se tragó dos penaltis a favor del Leeds y docenas de sangrantes faltas de los 'rossoneri' que el colegiado 'compensó' con la expulsión del defensa inglés Hunter ¡en el minuto 89! Un auténtico escándalo para el que aún hoy exigen reparación un puñado de diputados británicos.
El otro muro con el que no contaban los atacantes del Leeds, confabulaciones aparte, era la propia portería del Milan, defendida por Villiam Vecchi (Scandiano, 1948). Pétreo, con la experiencia del arquero más veterano y unos reflejos felinos, este guardameta aguerrido, pero bastante bajito (1,78), acabó desesperando a jugadores y aficionados ingleses con paradas milagrosas y una actuación memorable.
El Milan, replegado en su campo desde el gol de Chiarugi, decidió encomendarse a la buena estrella de Vecchi para levantar la Recopa. Y acertó. Justo la misma decisión que ha tomado el entrenador del Real Madrid, Carlo Ancelotti, ante una de las mayores disyuntivas de su carrera: elegir entre Iker Casillas o Diego López como portero titular de una plantilla galáctica. Para la afición madridista, algo así como elegir entre papá o mamá. Ancelotti y Vecchi son grandes y viejos amigos desde que el primero fichara al segundo como entrenador de porteros para la Reggiana, allá por el 95. Y Carlo Ancelotti ha vuelto a confiar en el 'héroe de Tesalónica' para su etapa en el Real Madrid después de 14 años trabajando codo con codo. Una relación que solo se vio interrumpida en 2009, cuando Ancelotti puso rumbo a Inglaterra para dirigir al Chelsea y Vecchi, un hombre aferrado a sus orígenes, decidió quedarse en Italia cuidando de sus padres. «Villiam, se hará lo que tú digas», atajó en el vestuario el técnico 'azzurro' a principio de esta temporada, cuando el debate de la portería amenazaba con avivar el fuego que ya había provocado Mourinho al bajar de la nube y sentar en el banquillo al mejor portero del mundo durante los últimos años: Iker Casillas.
Diego, como Buffon
Cargado con buenas dosis de presión, Vecchi no se amilanó y eligió como titular a Diego López, un portero que, a diferencia de Casillas, cumple con creces todos los requisitos del particular librillo del italiano, considerado un «sabio» en la materia. Diego, 'Superlópez', es alto (1,96), poderoso en el juego aéreo y maneja los pies a la perfección. Características que también destacaban en uno de los grandes descubrimientos de Vecchi: Gianluigi Buffon, ídolo y capitán de la selección italiana, de la Juventus y mejor portero del planeta en 2003, 2004, 2006 y 2007. Un mito en activo al que Vecchi y Ancelotti convirtieron en un gigante de la portería con 1,92 de estatura y solo 18 años cuando ambos entrenaban al Parma. Llama la atención que Vecchi, que no superaba el 1,80 de altura, apostara siempre después por guardametas de talla. El holandés Van der Sar (1,97) o el brasileño Dida (1,96) fueron algunos ejemplos. Y ahora lo hace con Diego López que, además, según el preparador, «está mejor que Casillas».
Pese a que tiene fe ciega en el criterio de su colaborador, Ancelotti quiso esta semana repartir juego entre egos y calmar los ánimos: Diego será el portero de la Liga e Iker el de la Champions. El 'santo' de Móstoles, con su 1,85, metros y su talento por bandera, intentó aprovechar su oportunidad el pasado martes en el debut del Madrid en la Liga de Campeones hasta que, a los 55 segundos de partido, Sergio Ramos lesionó al capitán en un choque fortuito. Diego López salió del banquillo y, prácticamente sin calentar, se marcó dos paradas antológicas que confirmaron el excelente momento de forma del portero gallego y, de paso, la capacidad de Vecchi para defender con todas las consecuencias la portería de su equipo. El Madrid puede estar seguro en manos de Vecchi... aunque ya no esté bajo los palos.
Campeón en el Bernabéu. Vecchi puede jactarse de haber levantado una Copa de Europa en el Santiago Bernabéu. Fue el 28 de mayo de 1969, aunque lo hizo como suplente de Cudicini, titular en la final ganada por el Milan al Ajax de Cruyff (4-1).
Tímido y humilde. Siempre alejado de las cámaras, para el entrenador de porteros del Madrid lo más importante es «el diálogo, la humanidad y la humildad», según su entorno. De Ancelotti dice que es «especial».
«Magnífico es poco». Aunque echa de menos más tiempo libre, Vecchi, que antes de recalar en Madrid dirigía a los juveniles del Milan, está encantado en la capital de España. «Decir magnífico es poco», reconoce.
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