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CARLOS BENITO
Domingo, 22 de septiembre 2013, 02:12
De pequeños siempre nos decían que las buenas acciones acaban teniendo su recompensa, pero rara vez sucedía que ese premio llegase rapidito y en forma más o menos disfrutable. También en el caso de Glen James, el mendigo de Boston que entregó a la Policía una mochila repleta de dólares que acababa de encontrar, la cosa podría haberse quedado en un reconfortante sentimiento de dignidad moral, pero la Policía de la ciudad estadounidense decidió organizarle una ceremonia pública de reconocimiento. Y, de ahí, se ha pasado por sorpresa a una retribución como es debido, de esas que echábamos de menos en las vagas promesas de nuestra infancia: una suscripción abierta a través de internet ha ido acumulando donaciones hasta rebasar ayer la frontera de los 100.000 dólares, unos 74.000 euros. Y la cifra sigue subiendo.
El sábado pasado, Glen estaba sentado delante de una tienda de ropa en el centro comercial de South Bay, a las afueras de Boston. A pocos metros, alguien se dejó olvidada una mochila negra que contenía 2.400 dólares en metálico y casi 40.000 en cheques de viaje, una suma importante que, en manos de un hombre que lleva más de cinco años sin hogar, equivalía a una fortuna. Glen buscó a unos policías y les entregó la bolsa, que no tardó mucho en llegar a su despistado propietario, un estudiante chino de visita en la ciudad. Fue fácil confirmar su identidad, porque en la mochila también estaba su pasaporte.
Las autoridades pensaron que Glen merecía, al menos, un elogio oficial y un elegante diploma. El lunes por la tarde, en la sede central de la Policía bostoniana, nuestro protagonista escuchaba, azorado pero contento, un pequeño discurso sobre su «extraordinaria muestra de carácter y honestidad». Los periodistas también querían escucharle a él, pero se quedaron con las ganas: «Yo hablo poco, porque tartamudeo», explicó el homenajeado, que prefirió repartir un breve escrito en el que relataba algunas circunstancias de su biografía. Durante trece años, estuvo trabajando como archivero en los juzgados, pero tuvo problemas con sus jefes y acabó sin empleo y viviendo en la calle. Pasa las noches en un albergue para indigentes, se alimenta gracias a «la bendición» de los bonos de comida y sufre la enfermedad de Ménière, un trastorno del oído interno que le provoca graves vértigos y le complica la búsqueda de un nuevo empleo.
«Aunque necesitase dinero desesperadamente, no me habría quedado ni siquiera un centavo de lo que encontré. Soy extremadamente religioso y Dios siempre ha cuidado muy bien de mí», explicaba en el papel. También manifestaba su agradecimiento a quienes alguna vez han depositado monedas en su platillo -«es muy agradable llevar algo de dinero»- e incluso personalizaba ese sentimiento en el veterano concejal y candidato a alcalde Charles Yancey: «Me ha dejado un total de siete dólares», precisó, con las cuentas muy claras. Tras la ceremonia, cuando Glen salía del edificio con su diploma enmarcado, todo el personal de oficina se levantó tras sus mesas para aplaudirle.
Que no le roben
La historia, reproducida en decenas de medios estadounidenses, conmovió a un joven que vive a 900 kilómetros de Boston y jamás ha puesto el pie en esa ciudad. Esa misma tarde del lunes, el virginiano Ethan Whittington decidió promover una colecta a través de la página de internet Gofundme para premiar a Glen con algo más que buenas palabras. «Demostremos que todavía queda esperanza y humanidad en nuestra gran nación», argumentaba. Su idea era reunir doscientos o trescientos dólares y hacerlos llegar al buen hombre, para alegrarle un poco el mes, pero la cosa pronto superó todas las expectativas. A primera hora de la tarde de ayer, la recaudación estaba ya por encima de 100.000 dólares y seguía creciendo a ritmo vivo. Mientras tanto, a través del correo electrónico, Ethan Whittington recibía decenas de ofertas para mejorar la vida de Glen: puestos de trabajo, comida, muebles, ropa, cuidado dental gratuito, ordenadores...
El promotor de la iniciativa tiene que plantearse ahora cómo gestionar la entrega de ese dineral y también la mejor manera de ayudar al bueno de Glen a administrarlo. «No quiero que esto se convierta en una historia negativa dentro de un par de semanas, que alguien le robe o algo por el estilo -ha declarado al 'Boston Globe'-. No voy a darle un montón de dinero y decirle 'ahí te quedas'».
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