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MÓNICA BERGÓS
Sábado, 19 de octubre 2013, 02:06
Alejandro Jodorowsky saluda con efusividad. Nadie diría que carga con 84 años a sus espaldas. El polifacético artista, filósofo y psicomago parece no tener edad. Elegante, sonriente, vital, enérgico, sentado en una silla, junto a un olivo, al fondo del jardín del hotel Melià atiende con infinita paciencia a todo aquel que se le acerca para robarle unos minutos de atención. Una y otra entrevista, una foto, un autógrafo, una grabación para la televisión. La agenda está repleta.
Tanta atención está justificada porque el cineasta presentó ayer en el Festival de Sitges, por primera vez en España, 'La danza de la realidad', su esperado regreso a la gran pantalla tras 23 años alejado del celuloide. Mito viviente de la cultura contemporánea, admirado por Lennon y Polanski, autor de culto y dueño de una obra personalísima y transgresora, que tiene en 'El topo' o 'Santa sangre' sus títulos más icónicos, rodó su último largometraje en 1990 con 'El ladrón del arcoiris'.
Vuelve ahora tras este largo intervalo de tiempo, aunque matiza: «En realidad nunca me he ido. Yo necesitaba un productor, y me ha tomado veinte años reunir cuatro millones de euros para poder hacer la película. Ya sabemos que para rodar una historia sólo entretenida, hoy en día cualquiera en media hora consigue 300 millones. Pero es que este filme va más allá. Entretiene, pero también va a lo profundo.
La cinta escarba en los recovecos de la psique del mismo Jodorowsky, que se ha sentado en el diván del psicoanalista para relatar su propia vida, partiendo desde la niñez, transcurrida en Tocopilla, un pequeño y árido pueblo de la costa chilena donde conoció, desde muy pequeño, el rechazo por ser diferente. «Mi padre, que era ateo, pero de ascendencia judía que ocultaba, me llevó paradójicamente a un colegio nazi, porque entonces la mitad del país era fascista. Fue un horror. Desde el primer día me insultaron, porque era gordito. Tardé seis años en hacerme con el liderazgo de la clase. Esa experiencia tan dura me curtió».
Los elementos autobiográficos se combinan en 'La danza de la realidad' con mensajes trascendentales, porque más allá de la propia terapia, el artista persigue con este filme visceral, de estética bizarra y fuerte carga simbólica, «despertar las conciencias de los espectadores». «En nuestra sociedad se puede decir simple y llanamente que la gente está dormida, hay que despertarlos». ¿Y cómo se consigue eso? «Implica romper todos los prejuicios, las ideas preconcebidas y encontrarse con lo que realmente piensas, encontrarte a ti mismo. Cuando la gente despierta también aprende a amar no sólo a la pareja, también a la humanidad entera».
Complejo de Edipo
Y son muchas las almas que quieren despertar, a juzgar por la auténtica legión de seguidores del psicomago. Su cuenta de Twitter la siguen más de 800.000 personas, a quienes alimenta con 15 tweets diarios, del tipo: «lo que doy me lo doy, lo que no doy, me lo quito»; «convierte cada segundo en un talismán sagrado»; «no los retengas más, deja morir a tus muertos»; o «hay tantos dioses como humanos, cada uno fabrica el suyo».
¿Cómo explica el propio Jodorowsky la razón de su abrumador éxito? Una parte la atribuye a su condición de artista, que lo convierte en un «adelantado a la época, porque la gente que me sigue es la gente joven, que son los que me entienden». También a que «las personas están buscando respuestas espirituales que no encuentran en una sociedad que ha concedido excesivo protagonismo a lo racional, material y productivo. En este mundo todo se cuenta por dinero, pero no es suficiente».
¿Funciona la psicomagia? «Sí, porque la forma de terapia de Freud, el psiconálisis, que era mediante la palabra, por sí solo no cura». Jodorowosky considera necesario añadir a esta técnica ritos chamánicos que, según asegura, consiguen curar a sus pacientes. «A una mujer que seguía furiosa con el marido tras un divorcio le dije: coge una sandía, le pegas su foto, la revientas a patadas y se la envías a tu ex. Saca tu rabia, tienes que sacar todo eso que te corroe. Y se curó».
Su peculiar manual de psicomagia también tiene remedio para los complejos de Edipo -«si quieres acostarte con tu madre, coge una muñeca, caracterízala como ella, ponle una careta con su foto, y métete en la cama con ella»- recomienda, e incluso recoge medicamentos espirituales para la angustia en estos tiempos de zozobra económica: «Lo mejor es la creatividad. Proponte cada día dar algo a alguien. Te das cuenta de que siempre tienes algo que dar».
El empuje creativo también funciona contra los síntomas de envejecimiento, y lo dice por propia experiencia. «Mi secreto es seguir creando. No puedes impedir que tu cuerpo envejezca, pero la mente sigue viva. Yo solo me miro al espejo una vez al día. No vivo con mi figura exterior, sino con mi espíritu».
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