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ROCÍO SÁNCHEZ RODRÍGUEZ
Domingo, 24 de noviembre 2013, 09:20
S i me dejas, voy a publicar fotos que tú y yo sabemos...» fue el mensaje que recibió en su teléfono móvil por WhatsApp hace una semana. El remitente era su novio, quien días antes le había enviado otro texto en el que decía: «Si no me mandas la foto desnuda es que no me quieres. Además, si no es a mí, ¿a quién?».
En ese momento ella fue consciente de que tenía un problema, pero no supo ponerle nombre ni cómo afrontarlo, y continuó con su relación de pareja. Cuando la asociación Malvaluna visitó su instituto para impartir el taller 'Amores 2.0', ella, de 15 años, fue una de las valientes que se acercó a la trabajadora social para contarle que «a una amiga le estaba pasando algo».
Esta adolescente extremeña es un ejemplo de víctima de ciberacoso o cibercontrol, una forma de violencia machista cada vez más frecuente en la región a través de las nuevas tecnologías : WhatsApp, Facebook, Tuenti...
«Normalmente sólo identifican la violencia de género con un puñetazo, por ejemplo. A lo mejor con que te insulten delante de tu grupo de amigos. Pero no piensan que recibir un mensaje de su novio en el que les dice cómo se tienen que vestir o les anima a que dejen de salir con sus amigas para estar sólo con él es control y acoso, o lo que es lo mismo, otro tipo de violencia», explica Ana Aragoneses, trabajadora social de Malvaluna, una asociación con sede en Mérida que atiende a toda la comunidad extremeña y que, entre otros asuntos, ayuda a las mujeres víctimas de maltrato.
Uno de sus proyectos ha consistido en visitar 13 centros de enseñanza de la comunidad para impartir talleres a alumnos a partir de 14 años. Unos 800 jóvenes han asistido a los mismos. La semana pasada fue el último en el instituto de La Garrovilla (Badajoz). Analizados los resultados, desde la asociación avisan de que las redes sociales son el escenario principal donde se produce la violencia de género entre adolescentes.
Esta misma semana el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha hecho público un estudio que refleja que una de cada tres adolescentes (el 28,8%) reconoce sufrir un «control abusivo» por parte de su pareja. Un dato que inquieta. El informe también aporta que WhatsApp, Tuenti y las llamadas al móvil son los medios más frecuentes para enviar y recibir mensajes insultantes o amenazadores.
En la región aún no hay datos oficiales concretos, pero desde Malvaluna aseguran que las cifras nacionales son perfectamente extrapolables a la realidad extremeña.
«Creen que darle la contraseña del Facebook a su novio es una prueba de amor. Y es una manera de tenerlas controladas», subraya Ana Aragoneses. «Después está el control por WhatsApp, una herramienta que permite saber si está conectada o a qué hora fue la última vez que habló con alguien. Precisamente por WhatsApp reciben mensajes como: 'Si me quieres tienes que estar sólo conmigo', 'El mundo somos tú y yo', 'Para que necesitas a más amigos si me tienes a mí'. Son cosas que tienen muy interiorizadas, al igual que la idea de que los celos son otra prueba de amor y que a su pareja se lo tienen que contar todo siempre. Lo ven en la televisión y en el cine, como en 'Crepúsculo', por ejemplo. Se siguen repitiendo los modelos de relación basados en los mitos románticos de control y dependencia».
Los efectos se multiplican
Las redes sociales juegan un papel fundamental en este acoso porque a través de ellas el contacto con la pareja es continuo. Las nuevas tecnologías multiplican los efectos y facilitan situaciones de control. «Podemos afirmar que hay adolescentes extremeñas que se sienten cibercontroladas o ciberacosadas 24 horas al día».
La consecuencia es que ella se aísla, lo deja todo por su pareja. «Por ejemplo, hay muchos perfiles de redes sociales de chicas que han desaparecido porque su pareja las ha obligado a que los cerraran. En algunos casos nos han contado que el comentario de ella en la foto de algún amigo termina en una gran bronca. De nuevo, aparecen los celos».
«Y si no hacen lo que les piden -continúa Aragoneses-, empieza el chantaje. Son muy frecuentes las amenazas con publicar imágenes de contenido sexual. Y, muchas veces, el temor a las represalias hace que acaben cediendo».
El miedo muestra su cara más atroz a la hora de hacer público el ciberacoso. Las víctimas desconfían de la reacción de las autoridades policiales y judiciales. Temen que no les crean. Pero sobre todo les aterra ser rechazadas por su entorno social, por sus amigos y compañeros de clase. «Sienten miedo por cómo serán tratados por sus iguales», explica Gloria Angulo, también de Malvaluna. Ella es quien da la primera atención a las mujeres víctimas de la violencia de género que acuden a la asociación en busca de ayuda.
En este sentido, Angulo quiere destacar que el acoso a través de las redes sociales, de las nuevas tecnologías en general, no sólo está presente entre los adolescentes. El cibercontrol no tiene edad. «Los móviles tiene una aplicación, por ejemplo, que es un geolocalizador, de manera que siempre estás mandando información de dónde te ubicas», resalta. «La violencia de género va actualizando los medios; los móviles y las redes sociales son instrumentos muy peligrosos para ejercerla porque el proceso es muy fácil, mientras que el daño que se genera es masivo», añade.
No obstante, cuando los afectados son adolescentes, la vulnerabilidad se dispara. Y es difícil llegar a ellos para que sepan cómo identificar los síntomas. «Hemos aprendido que la manera de que el mensaje cale es hablándoles directamente de las cosas que ellos conocen: Tuenti, Facebook... Con una charla al uso de violencia de género no consigues que los alumnos se te acerquen. Tienes que contarles cosas con las que se identifiquen, hablarles de conductas habituales en ellos y con un lenguaje que comprendan», asegura la trabajadora social de Malvaluna. Y apostilla que el presupuesto no les ha permitido visitar más institutos.
Su consejo a los padres es que no se alejen de las nuevas tecnologías, en especial de la redes sociales, para poder hablar el mismo 'idioma' que sus hijos y que así la relación con ellos sea más fluida. «El 97% de los jóvenes usa Internet a diario», recuerda. Los progenitores se enfrentan a una ardua tarea y han de actualizarse continuamente.
Mañana, día internacional
A pesar de todos los peligros del 'amor 2.0', hay un mensaje optimista: «Cada vez más adolescentes víctimas se dan cuenta de lo que les pasa y acuden en busca de ayuda». En lo que va de año Malvaluna ha atendido a 267 mujeres, el 12% (unas 30), eran menores de edad. «Siempre vienen acompañadas de sus padres», apunta Gloria Angulo. Un hecho que denota que estas chicas ya han dado el primer paso, el más importante: romper la barrera del silencio.
Mañana, 25 de noviembre, habrá numerosos actos en Extremadura con motivo del Día Internacional Contra la Violencia de Género. Desde Malvaluna saben que no se puede bajar la guardia. Este año, además, quieren mandar un mensaje más: «Que una adolescente reciba por WhatsApp un texto de su novio prohibiéndole que se vista de una manera u otra, también es violencia. Sobre todo porque ese texto puede llegar muchas veces en un solo día».
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