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GLORIA CASARES
Martes, 24 de diciembre 2013, 09:52
Este año, además de otros acontecimiento singulares, se ha producido uno muy curioso y, probablemente histórico, y es que las monjas de clausura del convento de Santa Clara de Almendralejo han vuelto a hacer dulces estas Navidades, después de muchos años, unos ocho, sin hacerlos.
Aunque tradicionalmente las moradoras de este convento, ubicado en la calle Ricardo Romero de la ciudad, en un edificio histórico de gran belleza, con dos patios y varias salas, y últimamente con mucha vida, gracias al grupo juvenil de Francisco y Clara, siempre han hecho dulces, hace unos años tuvieron que abandonar la actividad.
Fue mientras estaba como madre superiora sor Inmaculada, que tomó la decisión dado el reducido número de monjas que quedaron entre sus paredes y también la avanzada de edad de alguna de ellas. Alguna incluso sufría una enfermedad y otras, eran mayores, por lo que necesitaban del cuidado de las otras.
Nueva superiora
Pero este año, con la llegada de nuevas monjas, ahora son siete, la nueva madre superiora, sor Carmen Rosa, que ostenta este cargo desde el pasado mes de julio, se ha tomado esta decisión.
La madre superiora, natural de Perú aunque con muchos años de experiencia en la orden franciscana, ha tomado esta decisión coincidiendo con la Navidad, que es cuando más personas reclaman los dulces de las clarisas.
Sin embargo, ha manifestado a HOY que a partir de ahora continuarán de forma regular con esta elaboración de dulces, porque son reclamados por la población. De momento, aclara, sólo están elaborando las yemas de Santa Clara, un rico dulce basado en la yema y el azúcar, aunque están poniendo a la venta magdalenas, tejas, bocaditos de hojaldre o pastas de té, que son elaborados por otros conventos de la orden.
Así, en Almendralejo se venden ya dulces de los conventos de Badajoz o Mérida, aunque también llegan otros de Sevilla, todos elaborados por las monjas clarisas de clausura.
Mucha demanda
Ayer, víspera de Nochebuena, había un gran trasiego de ciudadanos que acudían al convento a comprar dulces, sobre todo, las tradicionales yemas de Santa Clara.
Esta elaboración se facilita, ha aclarado sor Carmen Rosa, gracias a la donación de docenas de huevos por parte de las jóvenes que van a contraer matrimonio, una tradición que aún continúa en Almendralejo en los días previos a la boda.
La costumbre es la de llevar huevos a las monjas en días antes a la ceremonia, para que no llueva, aunque la función fundamental es que se bendiga el matrimonio que se va a contraer. Para ello, Carmen Rosa pide que, además, se continúe con esa buena costumbre y así poder conseguir que el matrimonio vaya bien muchos años.
En estos días, el convento también luce al público un gran belén de figuras de gran belleza, que se puede visitar por las mañanas.
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