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M. ÁNGELES MORCILLO
Lunes, 27 de enero 2014, 08:25
Tras el derribo, el pasado 16 de diciembre, del inmueble situado justo enfrente del hotel Nova Roma, en la confluencia de la travesía de Pedro María Plano y la calle Suárez Somonte, se puede observar que ha quedado un solar que ya está convenientemente vallado y protegido y pendiente de excavación por parte de los arqueólogos. Esto es así porque la construcción era considerada como un inmueble especialmente protegido.
La catalogación que tiene establecida el Consorcio de la Ciudad Monumental de la superficie a excavar, que está situada en zona II, es decir, en la Mérida intramuros, haría como norma general, que estos trabajos corrieran por parte de la entidad. Pero como el proyecto y el futuro arquitectónico para este solar está planteado para servicios complementarios del hotel, concretamente para apartamentos turísticos, no se puede acoger al beneficio de excavaciones gratuitas por parte del Consorcio. Así lo explica el director científico de la entidad. Miguel Alba indica, en este sentido, que el promotor tendrá la posibilidad, bien de contratar una empresa privada de arqueología, o los servicios de esta entidad. «En este sentido, nosotros aseguramos que cumplimos en tiempo, ya que si nos fuéramos de esa previsión ya el Consorcio excavaría por su cuenta», aclara.
Así que en cuanto el propietario tenga la disponibilidad económica se comenzarán con estos trabajos arqueológicos.
Las previsiones que tiene el Consorcio, teniendo en cuenta las intervenciones que ya se han hecho en la zona y el lugar en el que está situado el solar, es encontrar restos procedentes de varias épocas.
No en el mismo solar, sino en un lugar cercano, de época romana se sabe que existe una construcción, que se conserva bastante bien, que está identificada como unas termas, con unos baños no de tipo privado sino público. Estarían situadas en la manzana vecina y se hallarían en buen estado de conservación, con un alzado de muro rozando el metro y medio de alto.
Lo que se intuye que había en este lugar, según señala Alba, es una vivienda señorial romana con locales comerciales en la fachada, que servía para dar servicios a los ciudadanos que acudían a las termas anteriormente mencionadas.
Además, recuerda que de la intervención que se hizo cuando se construyó el hotel, aparecieron unas pinturas que están actualmente en el Museo Nacional de Arte Romano.
Comenta asimismo que las previsiones es que este lugar se reocupara en época visigoda, abandonándose para el alto medievo y volviendo a tener vida con los musulmanes, allá por el siglo XI. «En algunas zonas próximas al solar pensamos que puede salir la defensa urbana de la ciudad, es decir, lo que es la cerca, la muralla, que era de tapial con su foso. Nos puede salir cualquiera de las dos cosas. O ninguna. Si no nos sale ni el foso, que defendía a la muralla y que está excavado en forma de 'v', ni la muralla, ya veríamos si esto estaría situado dentro de la ciudad medieval o fuera de ella. Salga lo que salga, pensamos que va a ser muy interesante el dato arqueológico que obtengamos desde el punto de vista de saber cómo era la ciudad medieval», explica Alba, a lo que a añade que parte de esto apareció en las excavaciones que se hicieron en San Andrés y, hasta el momento, no se tiene ningún otro punto más arriba de la ciudad.
Más de 12 años de espera
Fue el pasado mes de abril cuando el propio Consorcio dio permiso para derribar el inmueble después de que su dueño llevara 12 años solicitándolo.
La construcción demolida era una casa catalogada que estaba en estado de ruina y que es propiedad de la familia que gestiona el Hotel Nova Roma, del abogado Ángel Olivera. Su intención, según cuenta, es destinarlo a apartamentos turísticos.
Se adquirió en el año 2000 y en el año 2001 se solicitó la declaración de ruina y la descatalogación de la casa, que había sido incluida en el listado del Plan de Especial Protección debido a que se estimaba que tenía varias bóvedas en su interior.
Sin embargo, en realidad la casa solo tenía una bóveda, y además estaba parcialmente destruida. Pero la catalogación se llevó a cabo solo por el aspecto de la fachada, y entonces se consideró una construcción tradicional. Lo cierto es que el edificio apenas tenía valor y se cree que nunca debió ser incluido en la relación de inmuebles sobre los que rige una especial protección.
Hace doce años el estado del edificio ya no era el más adecuado, pero con el paso del tiempo el deterioro ha sido considerable, lo que motivó la declaración de ruina, paso previo a la concesión del permiso de derribo. De hecho, el entorno de la casa ha estado durante varios meses vallado para impedir el paso de peatones y evitar daños por posibles desprendimientos antes de ser demolida.
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