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¿Qué ha pasado hoy, 2 de abril, en Extremadura?
Fernando Carmona en su despacho de Badajoz. En primer plano, dos recuerdos deportivos. :: ARNELAS
«En el futuro se trabajará por 600 euros»
BADAJOZ

«En el futuro se trabajará por 600 euros»

Fernando Carmona Méndez Exárbitro de fútbol y abogadoFernando Carmona Méndez fue árbitro internacional y llegó a pitar un Barça-Madrid, pero ahora ejerce como abogado y es especialista en el mercado laboral

EVARISTO FERNÁNDEZ DE VEGA

Domingo, 23 de marzo 2014, 01:30

El rostro de Fernando Carmona (Badajoz, 1951) es muy popular para los aficionados al fútbol. Durante diez años fue árbitro en Primera y colegiado internacional. Pero hace una década 'colgó' el silbato para centrarse en la abogacía, una profesión que le permite tener opinión propia en asuntos relevantes. «Para superar la corrupción hay que mantener una absoluta inflexibilidad en la aplicación de la Ley. No se puede transmitir la idea de que merece la pena engañar y robar».

-Estos días sólo se habla del Madrid-Barça, ¿pitó algún derbi?

-Un Barça-Madrid y aunque mucha gente me tenía catalogado como un colegiado antimadrid, ese año ganó el Real Madrid después de 20 años sin vencer en el Nou Camp. Entonces no podía decirlo, pero ahora sí puedo confesar que soy del Atlético de Madrid.

-¿Cómo entró en el arbitraje?

-Todo comenzó cuando acepté el envite de un amigo de mi padre que me dijo que yo no tenía carácter para ser árbitro. Quise demostrarle que no tenía razón y comencé a formarme como juez de línea en la 2ª Regional Local. Era una liga con jugadores que estaban un poco de vuelta y en todos los partidos pasaba el camión de las galletas.

-¿Qué necesita un árbitro para llegar a primera división?

-Creo que llamé un poco la atención porque siempre he sido una persona muy arrojada, no me amedrentan las situaciones difíciles.

-¿Cómo fue su infancia?

-Cuando yo nací, mi familia vivía en Pardaleras pero después se fueron a la calle Luis de Miranda, en San Roque. Luego pasé dos o tres años en la plaza de San Agustín y a partir de los 12 años viví en la carretera de Valverde. Por eso estudié en Los Salesianos, donde coincidí con Manolo Agujetas, que jugó en el Badajoz y en el Atlético de Madrid. Era una época muy feliz, tengo la sensación de que vivíamos en la calle.

-¿En qué sentido?

-Estábamos todo el día en pandilla, jugábamos al fútbol en la zona donde hoy está la estación de autobuses. No es como ahora, que los niños pasan mucho tiempo delante de la Play Station.

-¿En qué posición jugaba?

-De lo que nadie quería, no era especialmente bueno.

-¿Y en los estudios?¿Destacaba?

-De notable para arriba. Siempre estudié en Badajoz, pero al terminar Bachillerato me fui a Cáceres para hacer Derecho y reconozco que viví plenamente la universidad. No me limité a estudiar Derecho, fui delegado de clase, delegado de la facultad y participé en el primer Congreso de Estudiantes Universitarios de España. Había gente muy comprometida. Aunque también es verdad que el último año me tocó vivir la fiesta universitaria, perdí un curso.

-Un árbitro actúa como juez deportivo. ¿Tiene alguna similitud su labor con la de un juez?

-Es distinto, porque el juez deportivo tiene que tomar decisiones inmediatas, mientras que en el mundo de la justicia existen órganos donde apelar las decisiones que no se consideran justas.

-¿Tiene España buenos jueces?

-En líneas generales sí, aunque soy crítico con algunos jueces que están imbuidos de aquella majestatis romana que les hace sentir que están en un pedestal. Eso los aleja de la realidad y perjudica cuando se imparte justicia, porque las normas deben ser aplicadas atendiendo a la realidad social de cada momento. Esto puede aplicarse tanto en la justicia como el arbitraje, en un partido de fútbol la norma es clara pero tú tienes que saber leer el partido, cuándo tienes que dejar jugar y cuándo tienes que cortar el juego duro.

-¿Le hubiese gustado ser juez?

-Mi vocación frustrada es el magisterio. A mí me gustan las humanidades, la historia, la filosofía, el derecho...

-Ese habría sido su sueño, pero últimamente le toca participar en la liquidación de empresas.

-Como experto en derecho mercantil he participado en varios procedimientos concursales. Confío en que pronto veamos la luz al final del túnel, aunque yo todavía no veo esa luz. Espero que sea porque tengo problemas de vista (ríe).

-¿Quién tiene la culpa de la crisis?

-Yo pienso que las empresas no son tan malas como se dice a veces ni los trabajadores son los culpables. Esta crisis ha venido originada fundamentalmente por el poder financiero, por las multinacionales, por los grandes fondos de inversión. Conozco a muchísimos empresarios que han perdido casi todo, igual que trato con muchos trabajadores que, teniendo todavía menos culpa, lo han perdido todo.

-El Colegio de Abogados de Badajoz le concedió el Premio Antonio Cuéllar Gragera por un trabajo sobre la reforma laboral de febrero de 2012. ¿Qué conclusiones sacó al analizar esa ley?

-Es absolutamente injusta e insolidaria, porque traslada toda la responsabilidad de la crisis a los trabajadores y concibe el derecho del trabajo como una mera mercancía. Aquella idea del trabajo libre y estable que permite el desarrollo de la personalidad se ha olvidado. Hoy se pretende que el trabajador esté abierto a cambiar de empresa y de lugar de trabajo cada vez que sea necesario.

-Los partidarios de la reforma dicen que creará empleo.

-Posiblemente las cifras de desempleo se rebajen, ¿pero a cambio de qué? ¿Se puede llamar trabajo a trabajar 22 horas a la semana coincidiendo con el fin de semana a cambio de 600 o 700 euros al mes? Eso choca con mi concepción del derecho al trabajo digno. En el futuro pienso que los trabajos serán de 500 o 600 euros, habrá que tener dos o tres 'minijobs' para ganar 1.000 o 1.200 euros al mes.

-¿Habrá contrarreforma laboral?

-Dependerá de las nuevas generaciones. Tendrán que luchar por recuperar el estado de bienestar, que es sostenible con controles.

-De su última frase parece deducirse que hay quien se ha aprovechado de la situación.

-El grave problema que tiene nuestra sociedad es la corrupción, que está afectando a la credibilidad del sistema. Eso afecta desde la primera institución, que es la Corona, hasta la última. Hay corrupción en el Gobierno, en los partidos políticos, en los sindicatos, en la patronal...

-¿Qué solución le pondría?

-Lo primero es mantener una absoluta inflexibilidad en la aplicación de la Ley. No se puede transmitir la idea de que merece la pena engañar y robar. Hay que educar a la gente para que denuncie cualquier situación de fraude que conozca. La Justicia es la institución que más está haciendo gracias a la existencia de un cierto grado de independencia.

-Ahora que habla de independencia, se dice que los grandes equipos compran a los árbitros.

-Tú ves que yo sigo trabajando y que echo más horas que un reloj. A mí no me compraron..., o me pagaron muy mal (ríe). No sé si hace 40 años, con otra situación económica, los árbitros se prestaban, pero en mi época no era así y ahora menos.

-¿Cuánto gana un colegiado?

-Creo que 150.000 euros por temporada. En mi época tampoco andaban mal, un árbitro internacional se podía llevar 90.000 euros, aunque esa cantidad está sujeta a tributación. El problema es que uno se va, como máximo, a los 45 años y a partir de ese momento tiene que seguir viviendo.

-¿Cómo se supera la crítica cuando el árbitro sabe que ha fallado?

-La clave es asumir que el error es compañero de viaje.

-De todos los jugadores que ha tratado, ¿cuál le impresionó más? ¿Y el que le dio más complicaciones?

-Deportivamente hablando, Zidane fue el mejor. Y el jugador con el que más cuidado debía tener cuando arbitraba era Felipe Morro, un delantero del Sanvicenteño.

-Después de todo lo que ha vivido, ¿le queda algún reto en la vida?

-Ahora me dedico a correr maratones y medias maratones. Este domingo debuto en Badajoz. Estoy corriendo 280 kilómetros al mes.

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