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¿Qué ha pasado hoy, 2 de abril, en Extremadura?
Juan José Padilla y El Fandi salen a hombros de la plaza. :: EFE
Estreno provinciano de un cartel populista y taquillero
TOROS

Estreno provinciano de un cartel populista y taquillero

El Cordobés, Padilla y El Fandi juntos no es en rigor novedad, pero parece llamado a repetirse muchas veces este año

BARQUERITO

Lunes, 31 de marzo 2014, 10:51

Cambio radical de decorado en Castellón: de los llamados desafíos ganaderos de los últimos tres años -Miura, Palha, Victorino y Cuadri en liza, y toreros de carácter (El Fundi, Rafaelillo, Uceda, Castaño, Bolívar, Robleño, Paquito Ramos.- a una de apacibles y sumisos jandillas de los hermanos Matilla que vino a caer en manos de un cartel casi casi de banderilleros: El Cordobés Díaz, Padilla y El Fandi. Un cartel de matadores bastante más veterano que cualquiera de los seis que entre 2011 y 2013 se encargaron de resolver el laberinto de los desafíos. Fueron corridas cardiacas. Toros memorables de Cuadri y Miura. Aquí se hizo célebre la cuadrilla de Castaño.

La corrida de los Matilla, con su espíritu y estilo franciscanos, no trajo ni levantó grandes emociones. La música intervino en las seis faenas y en los cuatro tercios de banderillas de matador. Y llegó a ser inesperadamente un dolor de cabeza. Es banda municipal y de las mejores de España. Corto el repertorio, o manido; los toreros se pasaron de faena porque fue tarde de pegar pases y pases y más pases, y casi todos iguales; la banda se arrancó demasiado prematuramente y le acabaron dando dos o tres vueltas al Nerva de Rojas y otras tantas al Manolete de Orozco, de modo que la música perdió toda su carga solemne.

En el caso de El Cordobés y Padilla primó el papel del personaje sobre el del torero, porque uno y otro son de fama pública y notoria. De El Fandi personaje no ha trascendido más que lo justo: su pasado de esquiador olímpico y de Sierra Nevada. El cartel parece montado para repetirse este año en por lo menos veinte ocasiones. O treinta.

Esta baza de Castellón fue como un estreno en teatro de provincias. En Sevilla será, el sábado de feria y con una corrida de Álvaro Domecq, la puesta de largo. El Cordobés sacó a Padilla y a El Fandi a la boca del burladero para brindarles la muerte del cuarto de corrida, que fue, por cierto, el más apagadito de los seis, y es probable que el brindis fuera la manera de sellar un compromiso. Los tres mosqueteros.

Siempre que los tres de terna hagan los deberes en la taquilla. Esa es la cuestión pendiente. Lo demás está visto porque se ha visto muchísimas veces.

Toreo de pasimisí

En todo caso, novedad fue que El Cordobés renunciara a su calambre aparatoso -ni una concesión- y apostara por un toreo de pasimisí, suave, de oficio, ligero, limpio, justo de expresión por fácil y porque, pese al son delicioso del primero de corrida, se pasó de velocidad. Bien y seguro con la espada, El Cordobés tumbó de sendas estocadas arriba a sus dos toros . Al del brindis del compromiso también. Sólo que a éste solo lo vio claro por arriba y no por abajo, que es donde se mide el calibre del toreo las más veces.

Vistos cientos de veces los excesos en banderillas de Padilla y El Fandi: los pares al violín, los cuarteos por los dos pitones, las reuniones de poder a poder y hasta las jabatadas de El Fandi corriendo por delante y marcando al toro las marchas con el dedo en el testuz.

En plenitud de facultades los dos. Muy gritón Padilla aunque la banda de música dejara en sordina las voces y su eco.

Toros con temperamento

Muy seguro El Fandi en su pimpampún de nómina: pequeña muleta sin vuelo, acartonada, pero manejada con destreza absoluta. Quinto y sexto fueron los toros de más temperamento y con ellos llegaron más latidos colectivos. El Fandi se atrevió con una versión aceptable del famoso quite de El Zapopán, le pegó tres largas cambiadas de rodillas en tablas al sexto, de rodillas abrió faena en los medios en cite de largo, y, girando sobre las rótulas como si fueran ruedecitas, sacó un circular interminable; se puso de largo en cites de cierta temeridad; ligó el natural con el farol y el de pecho. Luego, salía de la cara del toro como el que vuelve de trabajar. Padilla se peleó con un quinto más farruco que cualquiera, y le pudo sin sudar ni gota. En tablas murió el toro, venido muy abajo. O molido como todos a tandas y tandas de muletazos. Sumarán varios miles cuando llegue septiembre.

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