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Donde antes había mucho maíz, ahora florece el almendro. Y si antes se incrustaba en terrenos pocos fértiles, montañosos, ahora empieza a dominar amplias zonas de las Vegas del Guadiana. Estos son los ejemplos visuales más llamativos para explicar una eclosión consolidada de uno de los frutales con más futuro en Extremadura tras constatar un pasado reciente y un presente más que interesantes.
«El regadío da para muchos cultivos pero el almendro es uno de esos pujantes en los últimos tiempos y sigue en crecimiento, ya de forma moderada», resume Domingo Fernández, agricultor de 55 hectáreas de almendro y presidente del grupo cooperativo Acopaex.
«Es un cultivo interesante por su rentabilidad y, aunque no alcance las grandes cotizaciones de hace cinco años, sigue siendo rentable», confirma Adrián Anselmo, gerente de Pasat (Productores de Almendra, Sociedad Agraria de Transformación), el referente societario del almendro extremeño.
Explicar la realidad de este árbol tradicionalmente de secano, asentado en su gran mayoría en la provincia de Badajoz y siempre visto como cultivo marginal, se resume a modo de flash en unas cuantas cifras. La primera es una comparación: Extremadura contaba con 2.000 hectáreas de almendro en el año 2010, ahora estamos por las 15.000.
Los siguientes números se refieren a la singular evolución en el último lustro de su superficie. En 2017, ascendía a 6.837 hectáreas, según la información sumninistrada por la Consejería de Agricultura y Desarrollo Rural y en 2021 alcanzaba las 12.365 hectáreas productivas.
Por último, el 55% de las casi 15.000 hectáreas plantadas en la región son de regadío (8.250). Un porcentaje radicalmente diferente que en el conjunto de España, donde el almendro de secano supone el 85% de la superficie española.
«Desde principios de la década pasada el crecimiento ha sido constante y todavía lo sigue siendo pero lo gordo, gordo ha llegado entre 2016 y 2020. Por la cantidad de hectáreas y por dónde se han puesto», disecciona a HOY Antonio Pérez, uno de los mejores conocedores de este cultivo en la comunidad autónoma.
Al frente durante años de la dirección de Pasat, radicada en el municipio de Corte de Peleas, a 25 kilómetros de Badajoz, Pérez ha vivido el cambio radical de un frutal ahora esplendoroso: mantiene unos precios más o menos estables y rentables desde hace años, no supone tantos costes como los frutales tradicionales (ciruelo, melocotonero...) y consume la mitad de agua que estos.
«Nuestra apuesta por la producción ecológica ha dado sus frutos. Fuimos pioneros creando la marca Bioterra, empleando métodos de agricultura sostenible y ecológica y ofreciendo al consumidor un producto de excelencia», resume Pérez en su despacho de Pasat.
Acaba de dar el testigo de su relevo a Adrián Anselmo, antiguo director de compra y producto de Bioterra, para dirigir una sociedad con más de 600 y 4.000 hectáreas cultivadas no solo en Extremadura sino en otras tres comunidades autónomas más y una zona de Portugal. Por Pasat y su marca Bioterra pasa el 70% de la almendra regional. Y el 75% de la superficie de explotación de la sociedad agraria se extiende por más de medio centenar de municipios extremeños.
«Contamos con 500 hectáreas de producción dentro de Acopaex, una cifra poco imaginable hace unos años. Para un grupo como el nuestro centrado históricamente en el tomate, maíz y aceite de oliva, por ejemplo, tener ahora una superficie de almendro en crecimiento indica por dónde van los tiros a corto plazo», ejemplifica Fernández a modo de explicación de un boom imprevisto.
Los precios en los dos o tres últimas campañas han estado por encima de los 4,5 euros el kilo, lo que lo hace ser al almendro muy interesante en relación a la inmensa mayoría de los cultivos.
Hace cinco años, incluso, se pagó por encima de los 8 euros por kilo «pero eso era ilógico, insostenible que continuara por esa línea. Con las nuevas plantaciones tanto en Extremadura como en otras zonas de España no podían seguir así aunque siguen siendo buenos», remata Pérez.
«El coste de producción es bastante estable y no requiere de mucho gasto, salvo la inversión inical de quien quiera ponerlo en regadío, que es lo más interesante. Una hectárea en regadío genera seis veces más o menos de producción sobre lo que pueda generar el almendro en una de secano», añade el presidente del grupo cooperativo Acopaex.
Las cuentas son claras. La productividad media del almendro de secano es de 200 a 300 kilos en grano (sin la cáscara) por hectárea. En regadío es de alrededor de 2.000 kilos.
Domingo Fernández se presenta como uno de los primeros agricultores de regadío en Extremadura que puso en sus hectáreas este frutal. Actualmente tiene 18.000 almendros, en intensivo. Están en el término municipal de Guareña, repartidos a lo largo de 55 hectáreas.
«Fui de los primeros en plantar almendro en regadío por eso de no poner todos los huevos en la misma cesta. Lo hice ante unas buenas perspectivas y tras valorar sus costes, mucho menores que otros cultivos. No ha sido mala idea, no», refrenda.
«A día de hoy es rentable con 3,50-4 euros por kilo recibido. Con ese precio se gana dinero. Este año está valiendo un euro más por kilo que el año pasado aunque aquí siempre vamos a depender mucho de California, el principal productor mundial de almendra», culmina Fernández, quien resalta que el almendro le ha quitado terreno sobre todo al maíz en las Vegas del Guadiana.
«En Pasat apostamos desde hace tiempo por mejorar las producciones en todos los sentidos, con goteo y con variedades autofértiles (que son las que se pueden fertilizar con su propio polen) y de maduración más tardía para evitar el impacto de las heladas», confirma Adrián Anselmo.
Pasat procesó la pasada campaña 4.000 toneladas de almendra en cáscaras, 2.000 toneladas peladas. La capacidad de sus instalaciones en Corte de Peleas alcanza una gestión anual de 7.000 toneladas.
El gerente de la sociedad agraria de transformación sostiene que el almendro mantiene su crecimiento en cuanto a superficie en la región, pero ya lo hace de una forma más paulatina. «Hemos dejado atrás un boom que tampoco podía seguir así durante mucho tiempo. Lo importante es trabajar bien el cultivo», afirma.
Señala en este sentido como clave incidir en la producción ecológica, con diversidad de variedades, y un mensaje claro de la almendra como un producto saludable y sostenible desde el punto de vista de su producción. «El mercado está valorando esos aspectos y por ahí debemos seguir incidiendo», refrenda Anselmo.
En general, hay un crecimiento continuado en cultivos de frutos secos por una mayor demanda de los consumidores en el mundo y la pandemia de la covid no solo no ha interrumpido esa tendencia sino que la ha aumentado. Según el análisis de consumo en el hogar publicado por el Ministerio de Agricultura, los frutos secos han experimentado notables incrementos en las compras por las familias españolas.
«La pandemia, y sobre todo las semanas de confinamiento, han empujado a consumir más almendro, aunque esa tendencia ya era evidente antes del coronavirus», subraya Fernández. España es un país importador de almendra –sobre todo de California– porque la producción nacional no cubre ni de lejos la demanda.
«El campo debe producir buenos productos y ser rentable. En Extremadura estamos llegando también a tener un peso importante ya en el cultivo del almendro aunque históricamente no lo teníamos», finaliza.
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