Víctor Díaz es ingeniero y empresario agrícola. G. C.
«Nos mantenemos solo gracias a las subvenciones»
Víctor Díaz | Ingeniero y empresario agrícola ·
La vendimia se ha generalizado en la región con poca cosecha, poco grado en la tinta y unos precios ruinosos, lamentan los agricultores de Tierra de Barros
Viernes, 11 de septiembre 2020, 10:04
Las previsiones apuntaban una cosecha corta, pero no tanto. Víctor Díaz cifra la disminución de las blancas tempranas y las tintas en un 40% con respecto el año pasado. Además, la uva tinta ha bajado 40 céntimos.
–¿Cómo va la vendimia?
–Va regular. El precio de la uva es muy malo, no sabemos la causa, porque la cantidad no era la esperada, ni los grados tampoco. Esperábamos una campaña regularcita, pero siempre que los precios nos acompañaran, cosa que no ha pasado. Y la verdad es que es algo atípico, porque lo normal es que si no hay cantidad, hay grado y hay precio, pero este año se ha dado la circunstancia de que ni hay cantidad, ni hay grado, ni hay precio. Y estamos recogiendo porque no podemos hacer otra cosa.
«No podemos competir con los tienen agua a destajo. Cogemos tres veces menos cantidad de uva y nos las pagan igual»«Estoy desilusionado y pensando en si arranco, pongo otro cultivo más rentable o vendo»
–Las lluvias no han ayudado.
–Las lluvias venían bien después de un otoño muy seco, que se arregló en primavera, y esperábamos que las tierras respondieran. De hecho las viñas pintaban bien de carga, pero luego vinieron unos días de calor muy fuerte, que las han agotado y después los días de sol han quemado mucho la cepa y se ha perdido un porcentaje de kilos importante.
Al final las tierras están agotadas porque tampoco llevamos una continuidad de años de lluvias para que la tierra respire. Son tierras buenas y demasiado que han criado, pero llega un momento en el que ya no cogemos grado. Las cepas están tirando más de los kilos que de los grados y normalmente cuando hay poca cantidad la graduación suele ser alta y este año pues no.
–¿Y las vende a bodegueros?
–Sí, la uva blanca la llevo a nuestra bodega. Pertenezco a una sociedad agraria de transformación (SAT), pero la tinta la vendo en la calle. En la SAT elaboramos vino, que tiene sus costes, tardas un año o menos en venderlo, pero tiene su coste. Y se le gana más que vendiéndola en la calle, pero tienes que contar con una infraestructura y una inversión. El bodeguero tiene su negocio y si puede exprimir, tiene su clientela. La solución o parte de ella es que todos estuviéramos en una SAT y que cada uno defienda su producto.
Además, aquí se compra mucha uva de fuera, de Alvarado o de Arroyo. Y los agricultores de aquí no podemos competir con ellos, porque ellos cogen 2.000 arrobas por fanega, porque tienen agua a destajo y las tierras buenas con el agua de la pluviometría natural; nosotros cogemos tres veces menos. Al final, se llenan las bodegas y se les paga al mismo precio que a nosotros. Aún con menos grado, les compensa. El mercado no es equitativo.
–¿Cómo se metió en esto?
–Llevo en esto desde chico con mi familia y decidí hace seis incorporarme. Compré mis propias tierras muy ilusionado. Pero cada año te quitan la ilusión porque te metes en unas inversiones grandes, en Almendralejo las tierras tienen un precio muy considerable. ¿Y cuándo amortizas la inversión con estos precios de la uva? Pues trabajando tú, ensuciándote las manos.
Estoy desilusionado y pensando en si arranco y ponga otra variedad, si pongo otro cultivo más rentable o vendo. Y ya de la aceituna ni hablamos, no hay ni para un aperitivo, pero si hubiera cantidad, igual, porque los precios son muy bajos. Estamos condenados a esto, a que haya la cosecha que haya, va a valer poco. Lo que quieran los que manipulan esto. El mercado debería estar regulado, porque estamos debajo de los costes. Nos mantenemos solo gracias a las subvenciones.
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