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Si la casa de Juan José Lozano tuviese que ser un museo, a su mujer Mari Carmen Cárdenas le gustaría que fuese el Thyssen. No sabe si por sus colecciones o porque viene de una saga familiar, pero ella compara las paredes de su vivienda, con una sala de exposiciones.
Tras toda una vida pintando, a Juan Antonio Lozano no le quedan huecos libres donde colgar sus lienzos. Por eso, el último que ha hecho aún está en el caballete de pintura que preside su minúsculo estudio. Una pequeña habitación, la más pequeña de la casa, con vistas al paseo de la Radio, en el corazón de Cerro de Reyes.
Desde allí, Juan José plasma sus sentimientos en los lienzos que él mismo prepara. La sensación que transmite su último dibujo es fraternal.
En él aparecen cuatro caras sonrientes, la suya y las de sus tres hijos; su hija dice que merece un lienzo para ella sola, por eso no está representada en él.
Hace 48 años que Lozano fue padre por primera vez, y pese a que dibuja desde que tiene uso de razón, no ha sido hasta ahora cuando se ha atrevido a pintar a sus hijos plasmando las cualidades de cada uno de ellos. «La pintura para mí es la forma que tengo de expresarme porque me ayuda a sacar lo que llevo dentro», cuenta emocionado Lozano, que cuando se pone frente al cuadro de sus hijos no habla como pintor, sino como padre.
Para dibujar a Jorge, su hijo mediano ha elegido tonos pastel porque reflejan la dulzura que le caracteriza. Juan, el mayor, aparece con tonos violetas, que son los que representan la alegría que le caracteriza; y el pequeño, Jonathan, es el divertido. Por eso él está dibujado con pintura azul. «No quería que este dibujo fuese un retrato sin más. Para mí es una manera de decir a mis hijos lo que significan para mí y de reflejar la esencia de cada uno de ellos con el pincel», cuenta Juan José orgulloso del resultado.
«Quiero que con este trabajo sepan lo satisfecho que me hacen sentir al ver en las personas que se han convertido», subraya.
Este trabajo, que pese a ser un regalo para sus hijos se va a quedar en la casa de Cerro de Reyes, tiene un doble mensaje ya que Juan José Lozano no es solo el autor del lienzo. «Soy el creador de este cuadro y en cierto modo el creador de mis hijos, por eso yo también me he querido pintar en él. Aparezco a modo de espectador contemplando el resultado del trabajo realizado con ellos», zanja.
De esa satisfacción hablan los trazos con los que ha representado su mirada, que aparece en la esquina derecha. El autor ha aprovechado que tiene potestad sobre la obra para dibujarse algo más joven. «Con esta pintura pretendo hacerles saber a mis hijos que son lo más importante para mí, junto a mi hija, a la que también tengo que dibujar. Ellos son lo más importante», aclara.
El pincel y una paleta de colores han sido los aliados para que el pintor haya convertido un lienzo en blanco en una obra con la que transmitir un mensaje.
Un regalo al que ahora tendrá que buscar espacio entre alguno de los tabiques de su casa, porque ese cuadro es un regalo para sus hijos pero también para él mismo. «Tenía ganas de tenerlos juntos a los tres. Los he dibujado por separado, pero nunca así. Y no sé cómo he tardado tanto en hacerlo. Es un regalo para ellos, pero se quedará en mi casa», dice.
Este dibujo no es el único que tiene de su familia, pues a su hija le tiene hecho varios retratos. También a sus nietos. que son los que ocupan ahora buena parte de su inspiración.
A ellos les dedica pinturas con sus muñecos y convierte sus juegos en el parque en una obra de arte, como el retrato que le ha hecho a una de sus nietas –tiene nueve– en el parque de Castelar con la sombra de la estatua de Carolina Coronado.
Otro de los lienzos con los que expresa este sentimiento paternal se asoma por la pared que sube a la segunda planta de su casa. En él un abuelo dibujado en blanco y negro acuna sobre su pecho a su nieto. Es él de nuevo, esta vez junto a su nieto pequeño, que tiene apenas 18 meses.
«Es un cuadro muy paternal, donde muestro la felicidad que sentimos los abuelos ante el salto generacional, pero también es una manera de mostrar el sentimiento paternal que todos tenemos», cuenta.
Un sentimiento que los cuadros, la literatura y otras obras siempre han dedicado a las madres, y que en esta ocasión el pintor ha querido dedicar a la figura masculina, y que tan solo en el lienzo que preside la habitación principal cede a la figura femenina. La Virgen de la Soledad patrona de Badajoz, por quien siente gran devoción, cuelga sobre el cabecero de su cama.
Juan José, que ya está jubilado, ha sido decorador. Asegura que no se recuerda haciendo otra cosa que no fuese pintar. Lo hacía cuando era pequeño y dibujaba los márgenes de los libros en el colegio. Después lo hizo en la Universidad, de donde volvió para formar su familia.
Con ellos ha convertido su casa en un museo, de donde saldrán algunos lienzos en breve para su próxima exposición.
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María Díaz y Álex Sánchez
Almudena Santos y Leticia Aróstegui
J. López-Lago y María Díaz | Badajoz
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