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Restos de los botellones que se realizan en el auditorio. :: josé vicente arnelas

Un auditorio del siglo XVII en Badajoz para hacer botellón

El recinto Ricardo Carapeto y el Parque Infantil están llenos de basuras y excrementos de perros

Martes, 12 de febrero 2019, 08:08

Cientos de botellas de alcohol y plástico, bolsas, vasos, latas y excrementos de perro. Es la desoladora imagen del Auditorio Municipal Ricardo Carapeto cada lunes. Esta medialuna, que forma parte de un baluarte del siglo XVII, se usa actualmente como botellódromo y pipican.

La denuncia parte de la Asociación Cívica Ciudad de Badajoz. Su presidente, José Manuel Bueno, destaca que esta zona de la muralla es muy valiosa por contar con todos los elementos típicos de los baluartes. «Está la medialuna (donde se ubica el auditorio), hay garitas, traveseras, una poterna... Es un bien de interés cultural (BIC) que está abandonado desde hace mucho tiempo», se lamenta Bueno.

Ayer una empleada del servicio de limpieza comenzó a recoger las botellas, pero se lamentaba porque cada fin de semana se vuelve a llenar. También algunos días entre semana y los festivos. El problema de los excrementos de perros es a diario. Además, hay zonas de la muralla donde no pueden acceder para limpiar y los restos se acumulan desde hace meses.

Los vecinos denuncian que apenas hay visitantes porque el parque está sucio

Hay basura en todo el entorno del auditorio, el llamado Parque Infantil, que es el área verde entre los baluartes de San José y San Vicente. Este espacio, donde se encuentra la capilla de la Virgen de la Soledad con la antigua puerta de acceso a la ermita de la patrona, fue muy popular hace décadas. Los vecinos de Badajoz recuerdan que iban a pasear y se colocaban tumbonas bajo los toldos que rodeaban la fuente ovalada que hay en este parque. Hace años que ya no funciona.

En la actualidad, el Parque Infantil apenas recibe visitas, solo el auditorio se usa en ocasiones puntuales como el Festival Internacional de Folklore, el de Flamenco y Fado o algunos ciclos de teatro. El resto del año va muy poca gente. «Aquí solo vienen los dueños de perros para dejarlos sueltos y que hagan lo que quieran y de noche los jóvenes con el botellón y a hacer pintadas por todas partes». El lamento es de María Teresa Parra, vecina de la avenida Santa Marina, que está a solo unos metros. Tiene dos nietos, pero nunca los lleva a los columpios de esta zona por la suciedad. «Prefiero ir hasta Castelar. Esto no está en condiciones de ir con niños y es una pena porque era muy bonito».

El auditorio es la zona más afectada por el vandalismo. No está cerrado. Hay un acceso trasero a través de una rampa que lleva al escenario. Sin embargo, los que quieren hacer botellón ni siquiera necesitan dar un rodeo, la verja principal está rota, por lo que solo hay que empujar la puerta para entrar. Es habitual que los dueños de perros pasen dentro para poder dejar a los animales sueltos sin peligro de que se escapen, ya que es fácil vigilarlos dentro del recinto.

Es decir, el Ricardo Carapeto funciona como un pipican. Curiosamente, al lado de este auditorio, hay un pipican de verdad realizado por el Consistorio. Sin embargo, está en desuso porque la valla de madera se rompió y no se reparó. Además, se encuentra completamente lleno de botellas rotas, por lo que no es seguro acceder con animales.

José Manuel Bueno considera que este pipican tampoco es apropiado para un baluarte, ya que degrada una zona histórica. Además, al colocar verjas, «se crea fondo oscuro. Un tramo donde no accede nadie y no hay ninguna vigilancia». El portavoz de la Cívica también destaca que hay varias señales que marcan el poco interés por este parque, por ejemplo, que se han colocado farolas modernas, en lugar de iluminación propia de un monumento, que hay distintos tipos de papeleras, y que la cartelería turística y los focos que alumbran la muralla está deteriorados, pero no se reparan.

Otro grave problema en los baluartes de San José y San Vicente son las pintadas. Hay zonas, como la poterna (las escaleras de acceso desde la avenida Ramón y Cajal) o la muralla que rodea la Jefatura de la Policía Nacional, que están completamente cubiertas de grafitis. Según los vecinos, en ocasiones, los servicios de limpieza borran algunos, pero los desperfectos vuelven a aparecer poco después. Muchas de estas inscripciones son de temática neonazi, con esvásticas y otros símbolos relacionados con esta ideología.

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