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El periodista pacense Rafael Rubio Gómez-Caminero, exdirector de La Gaceta de los Negocios, Inversiones y columnista de ABC, es el tercero de siete hermanos. Cuando se fue a estudiar Periodismo a Madrid, según cuenta él mismo, «lo hice gracias a que mis dos padres estaban pluriempleados y comprendí que mis hermanos pequeños no podrían estudiar fuera porque era demasiado para una familia. Para que ellos pudiesen seguir con sus estudios, hacía falta una Universidad de Extremadura».
Eso fue lo que movió a Rafael y a otros 16 jóvenes extremeños, a embarcarse en una aventura arriesgada en 1972 porque decidieron ir a Madrid andando a pedir que la región contase con universidad. Una protesta que hoy se da habitualmente, pero que era llamativa durante la dictadura de Franco y que terminó rápido, porque la Guardia Civil les paró cuando solo habían caminado 10 kilómetros.
Casi 50 años después el catedrático de Matemáticas de la Universidad de Extremadura Lorenzo Blanco, que participó en la marcha, ha escrito un libro para recordar «esta aventura romántica» en palabras de Rafael Rubio, que acudió a la presentación del texto junto con el rector de la UEx, Antonio Hidalgo.
«Fue un gesto que nos comprometió con nuestra tierra», indicó Rubio al presentar el libro y animó a los jóvenes «a luchar por vuestros ideales, planteadlos, reivindicadlos aunque pasen 48 años para que un libro reconozca lo que pasó». La publicación, editada por la Fundación CB, señala que esta marcha y las protestas estudiantiles fueron el caldo de cultivo que promovió la universidad y también motivó a un grupo de jóvenes que posteriormente fueron muy activos.
Entre los asistentes a la marcha, por ejemplo, estuvieron el escritor Antonio Cosme Covarsí Rojas, el actor Alberto González Mateo, el dramaturgo Miguel Murillo, los también periodistas Manolo Soriano y Roque Alonso, el director de la biblioteca de Extremadura Justo Vila, etc.
Así lo afirma el autor del libro, Lorenzo Blanco, quien explica que coincidieron porque eran jóvenes activistas, especialmente por asociaciones vinculadas a las parroquias de la ciudad, por el instituto Zurbarán y otros por la asociación comunera. «Dijeron de nosotros que éramos elementos subversivos, pero solo éramos jóvenes de 18 a 20 años que queríamos reivindicar algo».
Lorenzo Blanco | Autor del libro
Rafael Rubio | Periodista
Hasta la década de los 70 los extremeños debían irse a estudiar fuera o realizar su formación en algunos centros para luego examinarse fuera. En 1967 se puso en marcha la Universidad Laboral en Cáceres y ese fue otro detonante para que Badajoz quisiese su sede universitaria.
El impulso definitivo para las protestas fue la puesta en marcha, en 1971, de las universidades de Santander, Córdoba y Málaga. La extremeña estaba en la lista junto a estos centros, pero no se materializó.
En este ambiente, un grupo de jóvenes decidió organizar una marcha hasta Madrid. En principio iban a salir de Badajoz, pero finalmente decidieron hacerlo desde Guadalupe en el día de la Virgen. Sus planes se supieron en la ciudad rápidamente, de hecho, HOY publicó 'A Madrid, a pie, para pedir la universidad'. En la presentación del libro Cecilio Calle, uno de los participantes en la marcha, recordó que un policía le paró por la calle. «Me dijo: Franco se va a enfadar y al final nos va a dejar sin universidad. Había mucho miedo».
Finalmente el 8 de septiembre fueron a Guadalupe en autobús los 17 participantes junto con otros jóvenes que les apoyaban. Su objetivo era completar los 250 kilómetros en 12 etapas durmiendo al raso o en tiendas de campaña y con el objetivo de que les recibiese el ministro de Educación.
En Guadalupe pintaron pancartas y se colocaron con ellas en la escalinata del monasterio. Hasta allí fue el gobernador civil de Cáceres para quitarles la idea de marchar hasta la capital. «Nos dijo que era contraproducente, que se podía enfadar Franco», recuerda Blanco, «pero cuando vio que no nos convencía, mandó a los guardias civiles a dispersarnos. Seguimos dando vueltas por las calles y la gente nos jaleaba, incluso nos daba dinero para el viaje».
El 9 de septiembre comenzaron la marcha en dirección a Navalvillar de Ibor. A los 10 kilómetros vieron un coche de la Guardia Civil, adivinaron que les buscaban, y se desviaron por un camino para intentar esquivarlos. Poco después les localizaron. «Un guardia se puso a hablar con nosotros, comprensivo. Nos dijo que su hija quería estudiar y que debía marcharse a Salamanca, que a él también le vendría bien una universidad en Extremadura».
«Al rato perdió la paciencia y dijo una frase que recordamos mucho: El que manda, manda y cartuchos al cañón. Subiros al coche». Les devolvieron a Guadalupe y, de ahí, al cuartel de la Guardia Civil en Miajadas. Estuvieron a punto de pasar la noche retenidos, pero tuvieron un golpe de suerte. Dos curas de esta localidad, del movimiento obrero, acudieron al cuartel e intercedieron por ellos. Luego les invitaron a dormir en una nave junto a la parroquia. Esos sacerdotes, Agustín Gómez y Enrique Cornejo, salieron en portada de HOY al año siguiente porque fueron multados con 25 pesetas cada uno por protestar para que se abriese un instituto en Miajadas. «Finalmente lo consiguieron, pero a ellos no les dejaron ir a la inauguración ni dar clase de religión allí», rememora Lorenzo Blanco en su libro.
La marcha de 250 kilómetros para ver al ministro, por tanto, se quedó en 10 kilómetros y una bronca de la autoridad. Sin embargo, Blanco cree que tuvo muchas más consecuencias. «Algo hizo porque desde entonces hubo movimiento más importantes». De hecho, un mes después, hubo una manifestación multitudinaria en Badajoz y en el 73, por fin, se fundó la Universidad de Extremadura.
En la presentación del libro, el rector actual agradeció que se diera a conocer esta historia sobre el origen y la importancia que se dio a tener universidad y reivindicó seguir luchando por esta institución. «Cuando vamos a un instituto y preguntamos, el 60% de los estudiantes dicen que se van a ir fuera. Es una tendencia comprensible, no lo niego. El problema es que luego, cuando terminan, no vuelven a Extremadura, es una fuga y en eso tenemos que seguir trabajando».
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