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REDACCIÓN
Miércoles, 22 de junio 2022, 14:16
El Consejo de Gobierno de la Junta de Extremadura ha aprobado este miércoles el decreto por el que se declara Bien de Interés Cultural el Puente de Cantillana, en el término municipal de Badajoz, con la categoría de Monumento.
Esta infraestructura se ubica sobre el río Gévora, a unos cinco kilómetros de Badajoz, en un paraje de gran belleza paisajística. Se construyó en el siglo XVI, tiene el aspecto característico de los puentes de la Baja Edad Media y cuenta con un gran valor patrimonial. Está construido con sillería, mampostería y ladrillo, posee 17 vanos con arcos y bóvedas de medio punto, tiene una longitud de 212 metros y la altura máxima es de 9,2 metros.
Por otro lado, en el siglo XIX se construyó un puente metálico en su proximidad para dar servicio a la misma vía de comunicación, transformada en la carretera Nacional 523 Cáceres-Badajoz, explica en nota de prensa la Junta de Extremadura.
Y ya en el siglo XX, se construyó un tercer puente de hormigón en la misma zona en relación con el tendido del ferrocarril Madrid-Lisboa. Esta infraestructura está constituida sobre dos puentes sucesivos de cinco vanos (el principal) y tres vanos (el secundario).
Estos dos últimos puentes se sitúan en la delimitación de entorno del Puente de Cantillana, con el que conforman un conjunto en el que las tres infraestructuras sintetizan las características técnicas y formales de la ingeniería desde el siglo XVI hasta el siglo XX.
La solicitud para proteger este puente, levantado entre 1531 y 1535, fue una propuesta de la asociación Amigos de Badajoz ante el deterioro que sufre: agujeros, derrumbes y maleza creciendo entre sus piedras.
La declaración como BIC permitirá al Ayuntamiento de Badajoz, titular de la edificación, acceder a ayudas para rehabilitarlo. La infraestructura de 212 metros de largo está construida con sillería, mampostería y ladrillo y cuenta con 17 vanos con arcos y bóvedas de medio punto. Fue encargado por el Corregidor Pedro de Espinosa y financiado con la bellota común, es decir, con el dinero que Badajoz conseguía alquilando las tierras de sus alrededores.
Su construcción se le encomendó a Gaspar Mendes, el mismo arquitecto que trabajó después en la torre, la capilla del Sagrario y la puerta de San Blas de la Catedral, la portada renacentista de la puerta del Capitel de acceso a la Alcazaba o al que se le atribuye la mismísima Puerta de Palmas, entro otros trabajos. Amigos de Badajoz destacaba a la luz de este hecho que el puente de Gévora es «una obra esencial para entender la evolución de Badajoz al ser obra del mismo autor que levantó los principales monumentos de la ciudad».
Además de testigo de estas guerras, el puente también fue escenario real. Por él paso el rey Carlos IV camino de Sevilla y como su carruaje era más ancho que el puente, hubo que derribar los petriles y reconstruirlos después. Desde aquí también paso revista a los tropas Felipe II. Y, con un acento más popular, el puente era paso obligado de los romeros en su camino a Bótoa.
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