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Tal vez sea el primer extremeño fallecido en accidente laboral este año 2022. Resulta difícil comprobarlo porque a diferencia de las estadísticas de tráfico, donde ... los datos se actualizan a diario, no existe una web oficial en la que resulte sencillo comprobar cuántas personas pierden la vida en el desempeño de su trabajo.
Pero la muerte de Floren Gamero no ha pasado inadvertida en la barriada de Santa Engracia, donde deja viuda y dos hijos, «Toda vida es un regalo y toda pérdida un misterio. Nuestro cole se une al dolor y a la tristeza que está viviendo la familia Gamero Peña. Que nuestro cariño y compañía mitigue vuestro dolor y os fortalezca», expresaba en su perfil social el colegio Nuestra Señora de la Asunción, que llora la ausencia de un padre al que conocían por ser el centro donde cursan estudio sus hijos.
«Es una familia comprometida con la educación. Por propia iniciativa han venido muchas veces al colegio y han participado en las actividades», destaca Irene Ruiz, que es profesora de Sociales y coordina la pastoral.
Irene reconoce que lo sucedido ha causado un fuerte impacto en toda la comunidad educativa, que se prepara para ofrecer apoyo a la familia. «Nuestros compañeros están deseando ser un refugio en estos momentos tan difíciles. Era un padre que tenía un trato amable, preocupado por la educación de sus hijos, por su comportamiento en el centro... Es una pena que la mala suerte se haya cebado con ellos».
También en Cáritas se preparan para echar una mano. Los conocen bien porque la esposa del albañil fallecido acostumbraba a ayudar cuando llegaban los víveres del Banco de Alimentos que se reparten entre los vecinos más necesitados de las barriadas de Santa Engracia (La UVA) y el Gurugú. «Ellos también lo han pasado mal, han tenido dificultades porque sus trabajos eran intermitentes. Y ahora que por fin Floren estaba en una obra y podía llevar un sueldo a casa, se ha encontrado con esta situación desgraciada», lamenta una voluntaria.
«Vivían en el barrio hace 5 o 6 años y él llevaba un tiempo sin trabajar. Era una persona buenísima, se preocupaba mucho por su familia, tenían una buena convivencia... El barrio lo ha sentido mucho», añade Paqui Yáñez, presidenta de la Asociación de Vecinos de Santa Engracia.
«De estas muertes sólo se habla unos días y luego van quedando en el olvido. Pero somos conscientes de que para la familia no es así, pues es la que va a sufrir las consecuencias de su pérdida y la falta de su presencia, que marcará sus vidas», advertía un grupo de mujeres del Centro de Promoción de la Mujer de Santa Engracia en una carta dirigida a HOY.
«Vamos a intentar echarles una mano. Nuestro barrio es como un pueblo dentro de una ciudad, somos una familia y todo lo bueno y lo malo que ocurre lo sentimos como propio», añade Yáñez.
«Este tipo de situaciones no deben dejarnos indiferentes. Mi oración estos días va dirigida a esta persona anónima que ha perdido la vida mientras trabajaba, una persona que no dará nombre a ninguna calle... Pienso en sus compañeros, los que trataron de salvar su vida, y pido por todos esos obreros de confianza que están dispuestos a perder la vida en su campo de batalla diario», apostilla José Moreno Losada, que valora la labor de la Iglesia en la defensa de los derechos laborales a través de organizaciones como la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC).
Cuando pasen unos días, Floren Gamero se habrá convertido en un número dentro de una estadística. Engrosará la lista de fallecidos en accidente laboral en 2022. Pero en Santa Engracia se resisten a pasar hoja, quieren que su familia se sienta acogida cuando más lo necesita.
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