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El programa sociocultural Inti finaliza y en él ha participado una única viajera extremeña, Elisa Verdión Alegre, una joven cacereña de 20 años. La historia de Ruta Inti se entrelaza con la Ruta Quetzal, y a través de ella, Elisa ha encontrado una oportunidad única para descubrir México junto a un centenar de jóvenes más.
El fundador de Ruta Inti, Fernando Enríquez, quien en 2008 participó como expedicionario en la Ruta Quetzal, decidió cambiar el rumbo de su vida. Inspirado por la experiencia y aprobado por su mentor, Miguel de la Quadra-Salcedo, fundó Ruta Inti en 2014. Esta organización sin fines de lucro busca brindar a los jóvenes la oportunidad de vivir una experiencia transformadora, similar a la que él mismo experimentó.
La travesía ofrece un sinfín de desafíos y aprendizajes. Desde montar y desmontar tiendas de campaña con destreza, hasta aprender a potabilizar el agua o dormir en la selva. Los participantes se sumergen en un mundo desconocido. La oportunidad de conocer lugares inexplorados y sumergirse en culturas diferentes, todo mientras se intercambian experiencias, es lo que ofrece esta aventura a los participantes.
El objetivo del fundador de la Ruta Inti era dar la oportunidad a otros jóvenes de entre 18 y 25 años de vivir la experiencia que a él y a tantos otros les cambió la vida. Darles un motivo más para soñar y descubrir una vida distinta a la que están acostumbrados.
Entre quienes han viajado a México en esta edición del programa está la joven cacereña Elisa Verdión, quien considera que «falta darle visibilidad en Extremadura». Ella ha sido la única extremeña que ha ido como participante junto a otro chico que no era 'rutero', sino del equipo de comunicación. «Es una pena que la gente se pierda esto por desconocimiento en nuestra comunidad», afirma la cacereña.
Durante esta aventura, Elisa se sumergió en un ambiente donde no solo conoció «una de las maravillas del mundo», como es el complejo arqueológico de Chichén Itzá, con su icónico templo prehispánico de Kukulcán, sino que también se adaptó a una vida ambulante y absorbió las innumerables maravillas históricas y culturales que ofrece el país mexicano.
Participar en esta expedición es un proceso simple y consta de dos etapas de evaluación. En primer lugar, se debe presentar una monografía seguida de una entrevista personal. En la fase inicial, los candidatos se designan con números para conservar su anonimato. Los aspirantes deben elegir un tema proporcionado por el programa y desarrollarlo en una de las ocho modalidades disponibles: Miscelánea, Histórico, Literario, Científico, Humanístico, Musical, Audiovisual y Plástico. En esta etapa, se pone especial énfasis en la originalidad con la que se exponga.
Una vez completada esta fase, se procede a la selección y al proceso de inscripción para aquellos que hayan superado esta etapa de evaluación.
Elisa Verdión asegura que la experiencia «superó ampliamente» sus expectativas y destaca que «la calidad humana de la gente que participa es increíble». Además de las personas de distinta procedencia con las que compartió viaje, resalta la hospitalidad de las comunidades locales. La generosidad y el apoyo mutuo que encontró, incluso en lugares con limitaciones de recursos, la dejaron asombrada. «Te abrían la puerta encantados y te invitaban incluso a darte una ducha a pesar de la escasez de agua», señala la cacereña. Ruta Inti no solo le enseñó sobre los lugares que visitaba, sino que también la conectó con la cultura y la fascinación por la fauna de cada destino que pisaba.
El programa tiene una duración de cuatro semanas y ha llevado a los participantes en otras ediciones a destinos como Panamá y Escocia, con el objetivo de sumergir completamente a los viajeros en diversas culturas al más puro estilo del viaje mochilero. El precio es de unos 1.000 euros e incluye transporte, comidas, alojamiento, visitas turísticas, actividades y un seguro de viaje. Sin embargo, es importante mencionar que los billetes de avión no están cubiertos dentro de este precio.
Existe la opción de solicitar una beca para aquellos interesados en vivir esta experiencia pero que no cuentan con los recursos necesarios para costearla. Esta beca permite a muchos de los participantes disfrutar de la experiencia sin preocuparse por el aspecto financiero.
Los testimonios de quienes han participado previamente destacan la peculiaridad de esta vivencia. Para muchos, es la primera vez que abandonan su entorno cotidiano. Empacar únicamente lo esencial para subsistir durante un mes en un país extranjero, alejados de la vida urbana y adoptando un estilo de vida más nómada, se presenta como todo un desafío. Se añade a esta experiencia la desconexión total de la tecnología. Los participantes se sumergen en algunos lugares donde la señal de internet no existe, encontrando paz en la exuberante fauna y la calidez de los residentes locales.
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María Díaz | Badajoz y Natalia Reigadas | Badajoz
J. López-Lago
Almudena Santos y Lidia Carvajal
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