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«Cuando vi que estaba volando todo pensaba que era una película». Habla José Manuel Sánchez, uno de los encargados de la churrería más afectada ... por el temporal, que proviene de Linares y en donde trabajan ocho personas, familia entre ellos. Él mismo sufrió heridas leves al ser golpeado por un hierro.
El vídeo en el que se ve su puesto movido por el viento saltó de teléfono en teléfono y creó alarma. Estaban comiendo cuando una gran ráfaga les sorprendió y logró colgar en los árboles parte de la estructura de su churrería. Han tenido que alquilar una carpa para poder seguir trabajando, mientras el resto de la estructura continúa tras una valla hecha un amasijo. «En unos segundos quedó como si fuera una servilleta de papel, lo arrancó de cuajo». Sánchez explica que fue como un remolino que se acercó para engullirles. «Vino una concejala que estaba en una caseta y nos dijo que le había dado mucho miedo, pero desde entonces no ha venido nadie más». Atribuye a la zona en la que están ubicados un mayor riesgo y reconoce que «tanta lluvia y viento» no lo habían visto en el largo tiempo que llevan viniendo a Cáceres.
«El Ayuntamiento debería volcarse con nosotros y no pasarnos el recibo (por el uso del espacio), que no es nada barato, cuesta 2.000 euros», critica José Manuel. Pero señala que no va a hacer ninguna solicitud porque dice que es meterse en un trámite administrativo largo que no confían que se resuelva a su favor. Cuenta con seguro de responsabilidad civil, «pero solo cubre a terceros, daños que se puedan causar». El trabajo fue intenso el viernes. «Nos acostamos a las dos de la mañana y al despertar, a seguir», explican. Dan las gracias a los compañeros de la feria por la ayuda prestada, entre otras cosas una grúa con la que pudieron ir quitando los restos que estaban en zonas elevadas.
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Mientras sucedía tiempo el agua anegaba la zona en la que suelen colocarse los vendedores de ropa y artesanía, que lamentaban la ausencia de un servicio de alcantarillado en condiciones para evitar la formación de balsas de agua. Muchos de ellos, los que cuentan con puestos más precarios intentaban in extremis salvar el material dañado. Este sábado todo había recuperado la normalidad y los comerciantes exhibían su género.
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