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«Mi hermano no era un indigente, era una persona. De haber sabido que se encontraba en esas condiciones, hubiéramos ido a buscarle». El relato ... es de Rafael, uno de los hermanos del hombre cuyo cuerpo apareció sin vida en un descampado de la avenida de la Hispanidad, el viernes 29 de julio. Lo halló la Policía Nacional después de recibir el aviso de una persona que veía a diario a este 'sintecho' que vivía solo y se negaba a ir a un albergue. Era Manuel Fuentes Luna, de Badajoz. Iba a cumplir en diciembre 63 años. Su familia acudió el pasado jueves al Palacio de Justicia de Cáceres. La investigación sobre este caso revela que a Manuel lo encontraron cuatro días después de fallecer. Murió el 25.
Se ha apuntado, de entrada, que las causas de su muerte fueron naturales, pero su hermano recela de esa versión. «No está claro que fuese así. Queremos saber de qué murió. Manuel había sacado dinero del banco unos días antes. Creemos que alguien lo vio», continúa.
Había trabajado como albañil, en el campo y hasta como barrendero en Badajoz. Aparece en una fotografía retrospectiva junto a un caballo y la familia. En otra sale cuando hizo el servicio militar. «Ya tenía una niña», cuenta su familia. La vida le dejó de sonreír. Rafael dice desconocer que Manuel estaba en Cáceres y en esas condiciones. También cuestionan sus familiares que la Policía haya hecho todo lo que se podía hacer. «Fuimos después y seguían en el sitio cartillas de la Seguridad Social, del banco... ¿Por qué?», se preguntan.
El Juzgado de Instrucción número 1 recoge en las diligencias previas el informe preliminar de la autopsia. No es el definitivo. Hay tres aspectos «en estudio», la «etiología médico legal», es decir las causas concretas de la defunción; la «causa inmediata» y la «causa fundamental». Así se detalla en un documento en el que además se añade que «se han tomado muestras para estudios analíticos al Instituto Nacional de Toxicología de Sevilla». El fallecido tenía problemas con el alcohol. La familia niega que llevase 10 años viviendo ininterrumpidamente por las inmediaciones de la rotonda de Renfe. «La pandemia la pasó algunos días con nosotros», menciona su cuñada. Rafael, su hermano, indica que un vecino les avisó de que estaba en el portal de su casa, en Badajoz, por lo que fueron a buscarle para que se quedase en la vivienda. «Estuvo unos días y luego se fue. Le paró la Policía por saltarse el confinamiento», incide.
Las noticias que ha recibido la familia aluden a que la autopsia aún puede tardar. Un sobrino del fallecido ha aconsejado a «los familiares más cercanos al tío Manolo» que se acrediten ante el Juzgado como parte afectada. El problema que tienen, reconoce Rafael, es que carecen de medios. «Incinerarle supone una factura de 1.908 euros. Eso sí lo hacemos en Cáceres. Si lo llevamos a Badajoz, son 5.000 euros. No tenemos dinero. Hemos pedido ayuda al Ayuntamiento y a la Junta de Extremadura», menciona.
En el informe preliminar de autopsia se alude a que desde el punto de vista forense no existen problemas para la inhumación o incineración. La familia se resiste a dar ese paso. «Si se incinera mi hermano no se podrá investigar más y saber qué le causó la muerte. Y es lo que queremos saber», insiste.
En ese relato incluye haberse encontrado unos restos de tela con manchas en el descampado que precintó la Policía. No saben de qué son. Además, afirman que Manuel había logrado una pensión y cobró en mayo 6.000 euros. «El día 6 de julio sacó 3.000 euros de la cuenta», asegura su cuñada. «Yo creo que sacó el dinero y alguien lo vio», opina Rafael Fuentes.
Acudieron a la zona en la que hacía vida Manuel y unos vecinos les indicaron que había dos hombres que lo conocían: «Tenían entre 30 y 35 años. Uno fuerte y alto. El otro delgado. Su actitud fue muy rara. Se enfadaron y se negaron a hablar cuando les enseñamos la foto».
Manuel Fuentes dijo adiós en soledad. Su familia reivindica su memoria. No quiere que se le recuerde como un indigente. Iba «por libre», asumen, pero no hacía daño a nadie. Los trabajadores sociales hablan de él como «una buena persona», ajeno a normas y reacio a dejarse ayudar.
«Siempre pensé que estaba en Mérida. Había tenido un hijo con una mujer. El niño tiene 10 años. Antes tuvo otros seis hijos», rememora Rafael. Y se repite. «No era un indigente, Manuel no era un indigente». Ahora, su preocupación principal es que se investigue y se encuentre la causa que le provocó la muerte a su hermano.
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