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A Salvador Guinea le ha alegrado la vida su mentor Luis Casero. «Si quieres ver buenas fotografías de Extremadura –le dijo el experimentado fotógrafo–. Tienes ... que ver las que hizo en Alcántara, durante más de setenta años, Remigio Mestre. Te van a asombrar».
Le dijo que se había publicado un libro con alguna de sus fotos; un libro ya agotado, pero que igual podía encontrarlo en la Biblioteca Pública de Cáceres Rodríguez Moñino/María Brey. Allí se fue Guinea una tarde y encontró el libro editado en el año 2000: 'Alcántara en blanco y negro. Remigio Mestre Hurtado'. No podía sacar el ejemplar de la Biblioteca, y un amable bibliotecario le señaló la cómoda sala de investigadores, en donde estuvo varias horas saboreando el libro. Hizo fotos de algunas imágenes que nos enseñó en la Redacción con el nerviosismo del que ha descubierto una joya.
–Este Remigio era un genio, recuerda un poco a nuestro excompañero, el gran Fernando García Múñez. ¡Mirad esta foto!... es una pasada. –Nos enseñó una imagen de un muchacho con boina, ropa gastada y unas míseras alpargatas, que parecía que estaba tocando una gran lata, atada a la cintura como si fuera un tambor.
–La foto es bonita –dije yo–; pero... ¿Qué está haciendo en medio del campo con la lata?
–Remigio la hizo en 1950 en Alcántara. El muchacho tamborilero lo que estaba haciendo, era espantar a los pájaros para que no se comieran las semillas en zonas sembradas. –Guinea nos fue enseñando más fotos–. Hay otra que me gusta mucho. Es una que hizo en 1947 en la recién inaugurada Plaza de Toros de Alcántara, en donde hay siete amigos sentados ante una mesa, esperando a que saliera el toro.
–Es bastante curiosa –comentó Caridad viendo la fotografía–. Están haciendo de Don Tancredo. Normalmente era un hombre pintado de blanco sobre una tarima, que se quedaba quieto mientras el toro le olía y le empujaba. Era un espectáculo que fue muy popular a principios del siglo XX. Hay quien dice que quien lo inventó fue el torero valenciano Tancredo López, que era muy malo como matador y, desesperado, se inventó esto para ganar dinero. Al final se prohibió porque eran muchas las cogidas graves. ¡Ya me gustaría ver a mí cómo terminaron estos siete!
Guinea nos contó que Remigio Mestre nació en Alcántara en 1914, y desde muy joven se dedicó a fotografiarlo todo, «y eso que antes hacer fotos costaba dinero, no como ahora, que la gente hace miles de fotografías y no se valoran porque no se pasan a papel». En 1947 ganó el primer premio de composición de la Diputación de Cáceres. En 1957 le premió el Ayuntamiento de Alcántara, y en 1981 quedó segundo en el Premio Nacional en Artes Plásticas. «Era un artista que decía que para él la fotografía era como una droga –siguió hablando de su hallazgo–, que le había ayudado en sus horas bajas para afrontar la lucha por la vida. Tenía pasión por Alcántara, fue miembro activo de la Asociación Cultural Historia y Arte de Alcántara. Por lo visto, decía que lo que más quería en el mundo era a Alcántara y a su mujer María Bejarano, que era de Viveiro, un hermoso pueblo costero de Lugo. Allí veranearon desde 1944 y, por cierto, allí le publicaron dos libros de fotos que hizo de esta localidad: 'Viveiro, ciudad de Lugo' y 'Viveiro. Memoria fotográfica de medio siglo' de 1987. En Galicia le tienen considerado como uno de los mejores fotógrafos documentalistas».
La verdad es que las fotografías que nos enseñó de Alcántara eran sorprendentes. Las había desde 1932, una de ellas de un solitario surtidor de gasolina, también otras de felices jóvenes disfrutando de la vida en una boda antes de la Guerra Civil. De 1936 y 1937 hay imágenes de uniformes en la calle, de desfiles y saludos fascistas ante militares italianos. Hay una fotografía de 1946 de los primeros sondeos para construir la presa del Tajo, y una de un año después del Puente de Alcántara aguantando una gran riada.
Artista costumbrista, a mí me gustaron mucho fotografías de la gente, como una de Emiliano González, un hombre mayor del campo, con la cara llena de surcos, bebiendo de una bota. Me impresionó una de un pastor con su familia posando en la entrada de su chozo.
–Esta foto será de antes de la Guerra ¿no? Le pregunté.
–¡Qué va! –Me respondió Guinea– Es de 1978.
–¡No puede ser! –Dije asombrado– ¿Viviendo en chozos hace poco más de 40 años?
–Claro que puede ser –señaló Caridad–. A los extremeños siempre nos han obligado a convivir con la miseria. Hace 40 años... y también ahora.
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