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Marta Lorenzo
Cáceres.
Lunes, 12 de agosto 2024, 07:12
En lo alto del tejado del antiguo Hospital Provincial de Cáceres tres campanas adornan la fachada que da al patio interior, pero ya ... no producen sonido alguno. Este edificio fue construido en el siglo XX y era gestionado por la congregación religiosa de las Hijas de la Caridad, según explica Javier Barra Sanz, doctor e investigador del Programa de Doctorado de Patrimonio. Barra descubrió esto, inmerso en su tesis, que versa sobre el patrimonio sonoro de la ciudad.
Esta investigación ha llevado al experto a catalogar y buscar información sobre las campanas que aún se conservan en Cáceres. Según explica el experto, están vinculadas a la religión cristiana y son por sí mismas documentos históricos, ya que contienen los nombres de quienes las han creado y la fecha en la que se forjaron, a falta de archivos que se han perdido con el paso del tiempo. «Han desaparecido muchos documentos y la campana es el testimonio que estos no pueden dar», apunta Barra.
Su investigación no se centra solo en estos artefactos, sino en los sonidos que han inundado la localidad a lo largo de los años, pues cada cultura que ha pasado por aquí ha tenido una tradición musical diferente. Sin embargo, el cristianismo es la religión que aún perdura y que ha dejado estos vasos sonoros en cada uno de sus edificios de culto: catedrales, iglesias y ermitas entre otros, y que siguen sonando del mismo modo que antaño.
«Una ciudad sin campanas no se puede concebir», declara Javier Barra. «Afortunadamente tenemos un conjunto monumental con muchos edificios de carácter religioso», cuenta Raquel Preciados, técnico de arte de la Junta de Extremadura y exconcejala de Patrimonio del Ayuntamiento de Cáceres. También forma parte de este proyecto de investigación.
En el interior del Hospital Provincial se encuentra una capilla que ahora está «desacralizada», indica Preciados. La campana ubicada tras el reloj del edificio está hecha de hierro, un material «tosco», según Barra, cuyo sonido anunciaba la hora. Las dos restantes, ubicadas a ambos lados del reloj, son de bronce y se conocen como campanas litúrgicas. «Este metal es fino, las vibraciones del bronce son suaves al oído», indica el investigador. El tañido que emiten este tipo de vasos sonoros se asocia con la oración, con la llamada a la misa o al culto cristiano.
Pilar Barrios
catedrática de Didáctica de la Expresión de la Universidad de Extremadura (UEx)
«En su origen, los monjes que vivían en las ermitas tenían una campana de mano que era para librar o para espantar las tentaciones diabólicas del demonio», cuenta Barra. Este era otro de los usos que se le daba a estos vasos sonoros de bronce, que sigue manteniendo el foco en la religión.
En la actualidad, los edificios cristianos como la Iglesia de San Juan y la concatedral de Santa María, utilizan este mismo sistema de hierro y bronce para que se diferencien los sonidos que emiten y quien lo escuche pueda descodificar el mensaje. «El sonido es un lenguaje más», destaca la directora de la tesis, Pilar Barrios que es, a su vez, catedrática de Didáctica de la Expresión de la Universidad de Extremadura (UEx). «Queremos que la gente tome conciencia de que está escuchando las campanas y del mensaje que están mandando», expresa la catedrática.
A día de hoy la ciudad de Cáceres cuenta con campanas procedentes de maestros fundidores de Extremadura, como Campanas Rivera en Montehermoso, que siguen ejerciendo el oficio como antiguamente, pero también de Salamanca, Sevilla, Ávila, Palencia, Burgos, Lleida y Madrid. Seis de ellas ya no suenan, son un mero adorno, según Barra, que no puede revelar cuantas campanas ha catalogado en total en la ciudad hasta que la tesis no esté finalizada.
«Hay que proteger el patrimonio sonoro, estamos viendo que se están haciendo restauraciones a edificios y están quitando o anulándose las campanas», pide Pilar Barrios. De las seis que han dejado de emitir su sonido, tres son las del Hospital Provincial, que ahora forman parte del edificio, rememorando que antes existió allí una capilla.
«Es maravilloso poder venir a esta ciudad y seguir escuchando las campanas, por ello lanzamos un SOS para que se siga protegiendo nuestro patrimonio histórico sonoro», declara Preciados. Según Pilar Barrios, el toque manual de las campanas se ha convertido en Patrimonio Intangible de la Humanidad, aunque ya se hagan sonar de forma automatizada en la mayoría de los edificios.
Las habitaciones de los campaneros no son más que habitáculos llenos de polvo en las torres de los edificios religiosos como recuerdo de una profesión que casi se ha perdido.
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