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Postulaba el escritor francés Albert Camus que «la verdadera generosidad respecto al futuro consiste en entregarlo todo al presente». Las jugadoras del filial del Santa ... Teresa han sublimado ese axioma, lo han convertido en su mantra para protagonizar toda una lección de «amor, ilusión, paciencia, compromiso y esperanza», tal y como lo sintetiza Irene Martínez, capitana del segundo equipo.
Ante un mañana incierto y azotado por el aroma de la inquietud que destilaba un contexto económicamente asfixiante, asumieron el reto y optaron por coger las riendas de su destino desafiando a un desenlace que parecía inevitable. El triunfo ante el Atlético Lince en El Vivero el pasado sábado fue mucho más que un éxito deportivo (evitando la expulsión de Primera Nacional), honrando el trabajo de años en el club y manteniendo con un hilo de vida al B, tras quedar el sénior fuera de combate por dos incomparecencias. Dieciocho ángeles de la guarda sostuvieron al Santa, que permanece en un purgatorio institucional impregnado de una fragancia con esencias de azufre.
«Ahora estamos más tranquilas porque nos han dejado competir, pero ha sido un verano de mucha tensión por la incertidumbre. Nos hemos mantenido unidos las futbolistas, el cuerpo técnico y los padres, que han ayudado mucho y lo seguirán haciendo». Así lo narra Irene, que acumula más de una década de bagaje en el Santa Teresa, pasando por todas las categorías, incluida Primera División.
La información que les ha llegado procedente de la comisión gestora ha sido escasa y poco concisa, limitada a apenas una reunión poco clarificadora, «pero hemos intentado mantener la calma y en ningún momento nos hemos venido abajo, siempre hemos tenido esperanza». Que volviera a rodar el balón ha sido fruto de la abnegación y la tenacidad de todas ellas: «hemos sido nosotras, con mucha fortaleza, las que hemos salido adelante».
Un panorama desalentador y los cantos de sirena de ofertas a algunas de las futbolistas pusieron en jaque la posibilidad de llegar hasta el último suspiro con opciones de participar en la liga. Pero las capitanas y el entrenador han puesto en liza todas sus dotes de persuasión. «Hemos hecho un gran esfuerzo para que vinieran buenas jugadoras y hemos tenido conversaciones con ellas y los padres para convencerles de la ilusión por este proyecto». Algunas decidieron salir espantadas por el cariz de los acontecimientos, pero el grueso del plantel apostó por no escindir un bloque plagado de talento y ganas. «El único objetivo era seguir jugando la fútbol y disfrutar, independientemente de la categoría. Somos un gran equipo, hay gente con mucha proyección». Irene Martínez tiene 21 años, pero le ha tocado escalar atropelladamente varios escalones de su madurez para tirar del carro y ejercer de líder, atendiendo a chicas muy jóvenes desconcertadas. «Hay que escucharlas, se merecen estar informadas. Llevo tiempo aquí y me veo en la obligación de hacerlo, porque a mí me hubiera gustado que lo hicieran conmigo en determinadas ocasiones».
Admite que el verano ha sido duro y que gran parte de esa angustia cristalizó en la última semana, especialmente en las horas previas al choque del sábado, cuando todo se tornaba ya irreversible en caso de no llegar una solución. «Unas no dormían, otras faltaban a clase porque no se concentraban. Muchas no comían, tenían el estómago cerrado».
Pero lejos de quedarse a observar cómo el curso de las circunstancias las atropellaban, decidieron actuar: «no queríamos quedarnos con los brazos cruzados, lo íbamos a intentar hasta el final». Acudieron el viernes a la Federación Extremeña de Fútbol para conocer de primera mano la situación y «estábamos dispuestas a reunirnos con quien hiciera falta. Nos merecíamos saber lo que estaba pasando». La última sesión de entrenamientos previa al choque «fue de muchos nervios, veíamos que llegaba el final, pero por suerte recibimos una buena noticia». Gente cercana al Santa, socios y los padres realizaron las gestiones oportunas para que las 18 heroínas pudieran jugar, «después de perder al Badajoz nos daba mucha rabia que ocurriera algo parecido con otro equipo en la misma ciudad».
El sábado vivieron una catarsis. El golazo de falta de Adela (que a la postre dio el triunfo) desató un amalgama de emociones. «Fue una liberación. Teníamos que mantener ese resultado, por todo lo sufrido, por las familias que estaban allí con pancartas y globos animando. Nos ha fortalecido mucho todo esto y estamos deseando poder jugar el próximo domingo en Guadalajara». Todo ello, pasando de puntillas por el hecho de que cuentan con nóminas atrasadas del pasado curso y que, por supuesto, no han percibido nada de la nueva temporada. «Hay gente que viene de fuera y tienen contratos de alquiler, porque estamos en edad de estudiar. Pero sabemos que ahora se está intentando redirigir el club y muy pronto se va a saber definitivamente quién va a estar en la directiva y se encauzará. Tranquilidad, porque las cosas se van a hacer bien».
El Santa Teresa está revitalizando su esencia para sacar adelante una situación extrema que carece de margen de error. Para el primer equipo ya no hay vuelta atrás y será excluido de Segunda RFEF, no pudiendo competir este curso y descendiendo a Primera Nacional sin posibilidad de subir hasta pasado un año, pero el filial está a una incomparecencia de correr la misma suerte.
Desde el entorno del club reconocen que se sienten orgullosos por haber logrado mantener a flote uno de sus activos más valiosos, la cantera, muy castigada en las últimas temporadas por la fuga de talento a otros equipos, especialmente al Sport Extremadura. Sin embargo, embarga la preocupación, conscientes de que la temporada será larga, porque si bien han conseguido hacer frente a la deuda de más de 26.000 euros que bloqueaba los derechos federativos e inscribir 'in extremis' a sus futbolistas, aún queda mucho recorrido.
El primer 'match ball' se ha neutralizado, compitiendo ante el Atlético Lince (con victoria incluida), pero ya está en el horizonte un desplazamiento a tierras manchegas para medirse al Dínamo Guadalajara el próximo domingo. Porque un escollo a superar, con la guadaña de la expulsión acechando al haber contabilizado ya una incomparecencia en la jornada inaugural, es cubrir los gastos de los viajes, uno de los principales caballos de batalla a los que se enfrentará cada dos semanas, sin olvidar los concernientes al día a día, ante la falta de liquidez. En cuanto a las soluciones, los socios piden paciencia a la hora de desvelar la hoja de ruta que tienen prevista seguir para revertir la situación y recuperar cierta estabilidad. Se avecina una semana intensa de reuniones y de conversaciones en el seno del club, algunas de ellas con Mario Acedo como protagonista, ya que la confianza en el presidente de la comisión gestora es mínima. No en vano, flota en el ambiente la visión generalizada de que desde su llegada este verano se ha limitado a realizar promesas incumplidas desde el punto de vista económico.
Acedo aseguró a este diario que su intención es sufragar toda la deuda (que adelantó que estaría pagada a lo largo del mes de septiembre y principios de octubre) a cambio de quedarse con el Santa. Aunque al ser un club deportivo, primero deben celebrarse unas elecciones (un trámite que sostiene que será inmediato, a lo largo de esta semana incluso) para constituir la nueva junta directiva. A partir de ahí, considera prioritario poner en marcha el proceso de conversión en Sociedad Anónima Deportiva, requisito indispensable para que la propiedad pase a manos del grupo de empresarios que encabeza.
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