
J. R. Alonso de la Torre
Sábado, 13 de septiembre 2014, 09:01
Esta semana, la Guardia Civil ha desmantelado en Extremadura cinco plantaciones y un laboratorio de marihuana. 60 agentes actuaron en seis pueblos de la región para perseguir el delito de cultivar y manipular maría. Los guardias hacían lo correcto: perseguir el delito. Lo que me sorprende es que todas las semanas cruzo campos inmensos sembrados de viñas, cuya cosecha de uva se transporta a laboratorios llamados bodegas donde también se manipula el fruto para conseguir una sustancia que provoca efectos parecidos a los de la marihuana: alegra, anima, hace reír... Y también provoca secuelas negativas si se abusa.
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No entiendo por qué se persigue el cultivo de marihuana de manera tan efectiva y no se hace con el cultivo de uva y de tabaco, aunque las tres sustancias actúen sobre el organismo proporcionándole tanto placer como problemas. No se si se trata de cultura, hipocresía o intereses.
El pasado miércoles, la noticia del desmantelamiento de las plantaciones y del laboratorio de marihuana aparecía en el HOY en la página 15. En la 36, se podía leer otra noticia sobre la cuestión: la Comisión Global de Política de Drogas concluía que la prohibición de las drogas nos ha conducido al desastre y que debemos movernos hacia un mercado de las drogas no legalizado ni ilegalizado, sino regulado. O sea, no perseguir ni legalizar, simplemente regular, que es lo que han hecho Uruguay y los estados de Colorado y Washington con el cannabis. En estos lugares, la marihuana se puede cultivar y consumir para uso recreativo.
Hace años, en una gasolinera, un señor muy juicioso me hizo dos recomendaciones: «Mire, no ironice usted en sus artículos ni sobre la Virgen de la Montaña ni sobre la marihuana porque esos temas son tabú por aquí y le van a traer problemas». Le he hecho caso y en todos estos años no me he atrevido a jugar con fuego. Si esta vez dejo a un lado la cobardía y escribo lo que pienso es porque me puedo escudar en los expresidentes de Portugal, Brasil, Colombia y Méjico, que, junto con otras personalidades, abogan por la regulación de determinadas drogas y van a llevar el tema en 2016 a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Su objetivo último es incentivar la regulación legal del mercado de cannabis, hoja de coca (no cocaína) y algunas nuevas sustancias psicoactivas.
La prohibición solo favorece a los narcotraficantes, además de fomentar un descontrol sanitario sobre las sustancias. Sin embargo, en España, la cuestión es tabú. En los años 80-90, hubo muy duras campañas contra el PSOE acusándolo de favorecer la droga. No era cierto, pero los socialistas cogieron un complejo desde entonces que los lleva a unirse al PP en sus radicales posturas prohibicionistas. Se trata de un tema tabú, de otra cuestión que aleja a los políticos de la realidad social.
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En Extremadura, por su clima, la cosecha de marihuana es formidable y las plantas están por doquier:- en rincones escondidos, en huertos a la vista, en terrazas de pisos y en patios de vecinos. La mayor parte de sus cultivadores plantan y cosechan para uso propio y de su círculo familiar y de amistades. Y si funciona el mercado negro es, precisamente, por la ilegalización.
Me llama mucho la atención cómo proliferan las tiendas de productos relacionadas con el cannabis y cómo existen varias revistas especializadas en el tema. ¿Pero en qué quedamos: es legal o no es legal? ¿Y si es ilegal, por qué se venden semillas para plantar?
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Se nota que los legisladores están hechos un lío, que se traslada a la sociedad. Se puede comprar legalmente todo lo relacionado con el cultivo y consumo de marihuana, pero luego se persigue ese cultivo y ese consumo. Convendría aclararse. Aunque parece evidente que la aclaración llegará dentro de unos años, tiempo al tiempo, cuando el ejemplo de Uruguay y Colorado se extienda, se regulen el mercado y el consumo y todo siga como hasta ahora, pero sin traficantes y sin delincuentes.
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