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¿Qué ha pasado hoy, 2 de abril, en Extremadura?

La primera alcaldesa de España fue extremeña

ANTONIO GUERRA CABALLERO

Martes, 14 de junio 2016, 00:56

LA primera alcaldesa que hubo en España fue extremeña, Julia Mayoral Márquez, nacida en Santa Amalia (Badajoz), en la calle Madroñero nº 6, hace ahora 114 años. Julia estudió Enseñanza Primaria en su pueblo, y Magisterio en Badajoz, donde preparó y aprobó las oposiciones en las que obtuvo plaza. Fue nombrada primera alcaldesa de España. Precisamente, por haberle correspondido a ella tal primicia, su pueblo le tiene dedicada una calle con su mismo nombre. Su primer destino como maestra fue Alange, donde tomó posesión el 26-01-1933, y en esta época fue nombrada alcaldesa de dicha localidad, según en su época publicaba el periódico 'Heraldo Extremeño', que informaba de la noticia en los términos siguientes: «Con motivo de haber sido elegida alcalde (sic) de Alange la cultísima maestra nacional, señorita Julia Mayoral, el gobernador civil, señor Cenamor, fue a darle posesión, y al dirigir la palabra al pueblo, elogió a la mujer extremeña y a la República, que ha concedido la intervención de la mujer en la política». Si bien, la crónica de este periódico contradice lo que comentó en su discurso el gobernador civil, ya que en la dictadura de Primo de Rivera fueron otras dos mujeres las que alcanzarían tal puesto en primer lugar, aunque no como alcaldesas, sino como asambleístas de la entonces Asamblea Nacional de alcaldes y concejales. De manera que resulta de todo punto indubitado que fue ella la primera regidora municipal en nuestro país.

El nombramiento de Julia Mayoral como alcaldesa avivó la polémica sobre la intervención de la mujer en la política activa, por ser aquella una época muy machista, en la que las féminas aun no tenían reconocidos sus derechos políticos al voto, ni activo ni pasivo. La prensa de entonces debatió el tema con mucha polémica; no por el nombramiento de Julia, que pronto supo granjearse la estima y la confianza del pueblo de Alange por su honradez y buen gobierno local, sino por la disputa entre partidarios y detractores del nombramiento de las mujeres para el cargo. Los detractores de que las mujeres pudieran ocupar puestos de alcalde argumentaban que las mujeres eran más sensibles, más emocionales y sutiles por propia naturaleza, de manera que ello sería un obstáculo para que pudieran tomar las firmes y determinantes decisiones que el puesto requiere. Por el contrario, los partidarios de que pudieran acceder al cargo argumentaban que a los hombres y mujeres se debía otorgar igualdad de derechos, para que ellas no resultaran discriminadas. En el diario que Julia escribió sobre su paso por la alcaldía de Alange, que en el momento de su fallecimiento se hallaba en poder de su hijo Antonio Seguro Mayoral, muerto en accidente de tráfico y por eso el diario se extravió, contaba todas sus vicisitudes como alcaldesa, y en él se veía que ejerció el cargo con solvencia y diligente eficacia. Tuvo la valentía de ordenar y conseguir que los bares se cerraran en aquella época a las diez de la noche; y los obreros, lejos de oponerse, estaban encantados con ella, porque resolvió el problema del paro; que esos son los alcaldes y alcaldesas que hoy tanta falta hacen, que sean honrados y de verdad solucionen los problemas, en lugar de crearlos o agravarlos con la serie de raras ocurrencias que a algunos les surgen cuando su estrechez de miras no da para más, como el sectarismo sistemático, la dilapidación del dinero público, los mediáticos cambios de nombres, símbolos y tradiciones, el odio y el resentimiento contra la religión católica y otras instituciones, que hoy tanto se dan. Me consta que todavía hay alcaldes y políticos que honrados y eficaces, pero poco a poco van siendo una especie a extinguir.

Julia Mayoral representaba al sector de los funcionarios públicos y contaba con la simpatía y el beneplácito de toda la población al conocer su comportamiento objetivo e imparcial en la enseñanza como una cuestión de Estado que es, y en la alcaldía como lección de justicia e imparcialidad que dio. En ambos ámbitos demostró su valía como mujer con excelente preparación intelectual, que le hizo acreedora a un reconocido prestigio. Su nombramiento decía haberlo recibido con mucho asombro, ya que confesaba que siempre se había mantenido al margen de la política y su dedicación estaba encaminada a la enseñanza; pero aceptó el nombramiento por sentido de la responsabilidad. Su posterior destino a Mérida fue posible gracias a una permuta que hizo con su madre (también maestra) que estaba destinada en dicha ciudad, mientras ella era maestra de Villagonzalo, aun cuando madre e hija pronto se encontraron destinadas en Mérida, donde ésta conoció al jefe de Correos, Adrián Seguro, con el que contrajo matrimonio y tuvieron cuatro hijos: Eduvigis, también maestra nacional; José, funcionario de la Confederación Hidrográfica del Guadiana; Adrián, ingeniero industrial y médico, profesión ésta que desempeñó durante algún tiempo; y Antonio, aparejador, que fue el que falleció en el accidente de tráfico.

Julia falleció en la madrugada del día de San José, el veinte de marzo de 1983, a los ochenta años de edad, el mismo día que su marido, pero éste cinco años antes. Fue una alcaldesa muy trabajadora y honesta que dejó huellas imborrables tanto en el aspecto político como en la enseñanza, donde se jubiló en el colegio Federico García Lorca, que entonces se llamaba Ibáñez Martín, conocido entonces en Mérida como El Calvario, por estar en la calle del mismo nombre. Ya quisiéramos los sufridos ciudadanos de hoy, que tanto tenemos que soportar la sistemática politización de todo, que algunas de las actuales alcaldesas de grupos emergentes y «antisistema» de hoy se parecieran a la extremeña Julia Mayoral Márquez.

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