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El fuego que se inició en Las Hurdes el miércoles y que ya avanza por Sierra de Gata ha obligado a desalojar por el momento a 700 personas de las localidades de Cadalso, Robledillo de Gata, Descargamaría y Ovejuela. Todas ellas han tenido que abandonar su hogar por el peligro de que las llamas devoren sus casas.
Los vecinos de esos municipios del norte de Cáceres estuvieron toda la noche del jueves pendientes de un viento indomable que iba cambiando a su antojo hasta que, a las cuatro de la madrugada del viernes, la Guardia Civil empezó a llamar a las puertas de sus casas.
«Nos dijeron que teníamos que salir ya, que el fuego estaba aquí. Nos dio tiempo a coger las medicinas, una chaqueta y poco más», contaba Fidela Fernández.
Tiene 64 años y vive en Cadalso, pero este viernes tuvo que cambiar su casa por el pabellón de deportes Adolfo Suárez de Moraleja, que se convirtió en el principal punto de acogida para los vecinos evacuados.
Allí empezaron a llegar de madrugada. Algunos en sus propios coches y otros en autobuses porque las llamas ya estaban demasiado cerca.
«Nos hemos echado tranquilamente a dormir y a las cuatro y media nos han tocado a la puerta. Teníamos que salir deprisa y nos ha dado tiempo a coger lo que llevamos puesto, el bolso y las llaves de casa. Iba a sacar el coche del garaje, pero luego he pensado que podía encontrarme con el fuego, ponerme nervioso y que sería peor», contaban Gonzalo Castillo y Trinidad García, un matrimonio que vive en Cadalso y este viernes no les quedó más remedio que ser evacuados en Moraleja.
Cruz Roja habilitó el polideportivo con camas y a primera hora de la mañana empezaron a darles el desayuno. Pocos fueron los que pudieron pegar ojo. «Da mucha pena y la rabia y la impotencia no te deja dormir», coincidían estos vecinos del norte de Cáceres que están acostumbrados a este tipo de episodios.
Aunque la historia se repite para muchos, pues en 2015 algunos de ellos ya fueron evacuados por culpa de otro fuego y estuvieron acogidos en el mismo pabellón, hay hechos que siempre revuelven el estómago.
«Se veía todo rojo y en llamas, un auténtico infierno. He sentido miedo e impotencia», contaba Raquel Gómez, vecina de Cadalso que también tuvo que salir a las cuatro de la madrugada de su casa.
Raquel Gómez
Vecina de Cadalso
Lo contaba justo después de colgar el teléfono. Allí, en Moraleja, no se despegaba de su móvil. Muchos hablaban con sus hijos que viven fuera de Extremadura y están preocupados por lo ocurrido.
En total, en el pabellón de Moraleja atendieron este viernes a un total de 231 personas. Otros, sin embargo, tiraron de familiares y amigos de la zona y se alojaron en sus casas. Los más mayores y dependientes fueron a residencias de pueblos de los alrededores de Moraleja como Torre de Don Miguel, Coria y Pinofranqueado.
En la residencia de estudiantes de Caminomorisco también acogieron a 27 personas de las 80 que evacuaron de Ovejuela. Tuvieron que salir de sus casas en la mediodía del viernes, pero antes la dirección del Plan Especial de Protección Civil de incendios forestales de Extremadura (Infocaex) ya habían decretado que los vecinos estuvieran confinados de manera preventiva desde las cuatro de la tarde del jueves.
Además, también estaba preparada por si fuera necesaria la Escuela de Capacitación de Moraleja, la tercera planta del Hospital de Coria y se reforzó el Punto de Atención Continuada de Moraleja.
Hubo mayores que tuvieron que ser trasladados a la residencia del Centro de Formación del Medio Rural que hay en Moraleja para que estuvieran más cómodos. Una de ellas fue María Auxiliadora Domínguez. A sus 95 años aseguraba que nunca antes había visto un fuego así. Y ha presenciado muchos.
Isabel Jiménez
Vecina de Robledillo
Aunque este viernes fue el primer día de evacuación, los vecinos ya acumulaban muchas horas de cansancio. Sin embargo, gracias al trabajo de Cruz Roja, Protección Civil, el alcalde de Moraleja, César Herrero, y operarios municipales, así como equipos de psicólogos de emergencias, pudieron llevar mejor la jornada.
También hubo 80 voluntarios. La mayoría eran vecinos de Moraleja que estuvieron ayudando en las labores en el pabellón de evacuados. Muchos ya tienen experiencia porque participaron como voluntarios en el incendio de 2015 en la Sierra Gata que arrasó 8.237 hectáreas. El de este inusual mes de mayo ya se ha llevado por delante unas 9.000.
Ellos no pararon de atender a los evacuados e incluso intentaron alejar de la dura realidad a los más pequeños con actividades para entretenerlos. Una forma de aislarles de una tragedia marcada por la tensión.
Minerva Blanco
Vecina de Cadalso
«Es duro salir de tu casa. Estábamos durmiendo y han empezado a sonar las sirenas y el bando diciendo que teníamos que desalojar. El alcalde también ha ido llamando por teléfono a casi todos los vecinos. Estaba nerviosa y no sabía ni lo que tenía que coger», decía Isabel Jiménez, de Robledillo de Gata.
A ella, al menos, le dio tiempo a hacerse con las medicinas. Otros, sin embargo, las olvidaron y los trabajadores sociales se encargaron de solucionarlo.
Un alivio para los afectados de este incendio en el que además de los 200 miembros de la Unidad Militar de Emergencias y los medios terrestres y aéreos que trabajan en la zona para sofocarlo, Iberdrola está facilitando labores de extinción cortando el suministro de varias líneas. A pesar de ello la compañía está haciendo lo necesario para que los vecinos sigan teniendo luz. Ha instalado, por el momento, nueve grupos electrógenos en Pinofranqueado, Sauceda, Cadalso, Casar de Palomero y Hernán Pérez.
Además, ha mantenido la presencia en el norte cacereño para coordinar la logística y las labores de conexión de los grupos. También ha duplicado el retén que atiende a la zona y avisado a más medios por si la situación empeorase, según fuentes de Iberdrola.
Los vecinos esperan que todo vaya mejorando. Están nerviosos, aunque un poco más calmados al saber que por el momento el fuego no ha llegado a sus casas. Eso sí, sienten impotencia por la tensión de un incendio que ya ha trastocado sus vidas. «Queremos ir a recoger a los animales pero no nos dejan entrar en el pueblo. Hemos tenido que salir y allí están mi perro y mi gato. Están dentro de casa, espero que estén bien, pero el fuego estaba muy cerca», decía angustiada Minerva Blanco, de 30 años y de Cadalso, que también tuvo que dejar su casa.
Lo comentaba con incertidumbre porque no saben cuándo van a poder volver a sus hogares. La mayoría ya tiene asimilado que pasarán otra noche más en el pabellón de Moraleja.
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