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Cristina cuenta la historia de su vida con un ojo en el reportero que tiene enfrente y la fríe a preguntas y el otro pendiente de lo que pasa en la terraza de su negocio. De uno de ellos, porque tiene dos.
Cristina González Fuster (32 años) salió de Zafra para estar más cerca de Daniel, el chico que la conquistó durante unas vacaciones. Se instaló en Jerez de la Frontera, donde él vivía, y allí empezó una carrera como empresaria cuyo éxito queda claro al sentarse al atardecer en una de las mesas al aire libre de 'La Bellotera'.
Antes de que se haga de noche, ya no hay sitio libre. En el negocio de al lado, sí, ahí no hay problema para sentarse a cenar al fresco. Y esto, tratándose de Sanlúcar de Barrameda, es un par de ases en el póker.
El municipio gaditano (67.620 habitantes en el padrón municipal, muchos más estos días) es uno de los corazones gastronómicos del litoral gaditano. La oferta de locales es amplia, y la competencia, reñida.
Y en medio de este universo empresarial se ha hecho un hueco la joven extremeña, que estudió Educación Infantil en Sevilla e hizo las prácticas en el colegio de las Carmelitas de Villafranca de los Barros.
Un buen año, una amiga le comentó que se iba a Jerez de la Frontera a ver al novio y la invitó a acompañarla. Lo hizo, y allí conoció Cristina a Daniel. «Me volví a mi pueblo -recuerda ella-, y al fin de semana siguiente me suena el teléfono. Lo cojo, es él, y me dice 'Oye, que estoy aquí en casa de tus padres'. Me fui a mi madre y le dije 'Mamá, ¿te acuerdas del chico que te comenté que había conocido? Pues está aquí. Y se quedó en mi casa cuatro días».
En esa época, ella pasaba los veranos ayudando en el bar de sus padres en Zafra. Pero la aparición de aquel chico jerezano lo cambió todo. «Ese año le dije que a mi madre que lo sentía mucho pero que me iba a ir a El Puerto de Santa María porque Dani estaba trabajando allí y me había buscado un empleo en un bar».
Dicho y hecho. La veinteañera de Zafra se plantó en Jerez de la Frontera, a compartir piso con el chico que había conocido unos meses antes. «Y hasta hoy -resume ella con la sonrisa en la boca-, que llevamos trece años y tenemos dos pequeñajos».
Tras un verano entero junto a Dani, Cristina tuvo claro que no se quería marchar de allí. Un tío suyo le consiguió un puesto en la sección de peletería de El Corte Inglés de Jerez. Además, comenzó a trabajar como cortadora profesional de jamón para empresas de catering.
«Íbamos a ferias -rememora Cristina-, y un día me ofrecieron quedarme con una caseta en las ferias de Jerez. Acepté, y esa fue mi primera experiencia como empresaria. Con la caseta conseguí ganar un dinero, lo ahorré y le comenté a mis padres que quería dejar El Corte Inglés porque no quería pasarme la vida dando un montón de horas para ganar novecientos euros al mes».
Pensó en montar una guardería, pero le pareció que todo eran trabas y mucho riesgo económico. «Un día vi un local en el centro de Jerez y monté una tienda de jamones -detalla. Los primeros meses del negocio me cogieron embarazada, así que mi madre se vino a ayudarme, y le gustó tanto la ciudad, el ambiente, y sobre todo el nieto, que se quedó».
Poco después hizo lo mismo el padre. Traspasó el negocio que tenían en Zafra y se fue con su mujer y su hija a Jerez de la Frontera. «Me acuerdo que a mi madre le dije: 'Mira, mamá, yo sola aquí, con un bebé, con una tienda, se me cae el mundo encima solo de pensar que os vais. Quiero que os quedéis'».
Y no acabó ahí. Porque Cristina ha propiciado casi un reagrupamiento familiar en torno a sus negocios. Sus padres se quedaron con el primero que abrió, en Jerez, y ella montó una tienda de jamón al corte y embutidos extremeños en la calle Capillita, en pleno centro de Sanlúcar.
Le fue tan bien que hace un año y medio abrió 'La bellotera', a dos pasos de la plaza del Cabildo, epicentro del Sanlúcar gastronómico. En el local con terraza, que se llama así por su origen extremeño, trabajan su marido, dos tíos y una tía.
Y a su abuela le gestionó en diez días la venta de su casa en el pueblo y el alquiler de una al lado de donde ella vive. «Desde que ella está conmigo, me he desentendido de la comida para los pequeñajos, porque la hace ella, que cocina que te mueres», cuenta Cristina González, que vuelve a Zafra cada dos semanas. De allí se trae aceite, queso, embutidos...
Extremeños, como los que vende en 'La bellotera', que abrió para cumplir una de sus ilusiones. «Yo quería tener aquí un negocio que copiara el modelo del que tenían mis padres en Zafra», reconoce la joven pacense, que es coleccionista de antigüedades y tiene como afición principal viajar.
Ha estado en República Dominicana, Italia, Malta, Thailandia... «He estado incluso viviendo con una tribu, viviendo experiencias que te enseñan a valorar mucho las cosas, cuenta Cristina González, que tiene claro que «el cliente siempre es más listo que el empresario».
En su terraza, ella sirve un jamón ibérico de bellota -criado en secaderos que su familia tiene en Zafra, Salamanca y Cumbres Mayores (Huelva)- y un lomo exquisitos. Seguro que piensa servirlos también en su próxima aventura empresarial. Porque ya le ronda la idea de abrir su tercer negocio.
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