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El 10 de febrero de 1915 un vecino caminaba por Usagre cuando se extrañó al ver una puerta con la llave por fuera. Era la ... entrada a la casa de uno de los ricos del pueblo, un labrador con tierras que había hecho fortuna y que vivía solo. Cuando se acercó vio un extraño agujero en la puerta de madera y decidió entrar. Alguien había cenado abundantemente en la vivienda y no había recogido los restos. Pero la imagen que lo impactó estaba en la habitación principal. El dueño del caserón tenía los pantalones en los tobillos, siete cuchilladas en distintas zonas de su cuerpo y una soga enredada en su cuello. Había sido torturado y asesinado.
La escena hizo volar la imaginación de los vecinos de Usagre y también de las fuerzas de seguridad. Una de las hipótesis era que el labrador acomodado, León M., de 55 años, había cenado con varias personas y la velada había evolucionado trágicamente, incluida tortura y la caída de los pantalones.
Sin embargo, la Guardia Civil elaboró otra teoría mucho más realista. Establecieron que una o más probablemente dos personas entraron en la casa forzando la puerta en plena noche, cuando el propietario dormía. Para ello hicieron un agujero en la madera de 15 centímetros de diámetro. Alguien metió la mano por la abertura y abrió el cerrojo.
Una vez en la casa avanzaron por el interior y presumiblemente hicieron ruido. Los investigadores concluyeron que el dueño de la vivienda se despertó, salió de la cama y comenzó a vestirse, poniéndose los pantalones. No le dio tiempo a terminar y por eso tenía la ropa enredada en los tobillos.
Le interrumpieron los asaltantes que entraron en su dormitorio. Su objetivo era robar, ya que en Usagre se sabía que este vecino tenía medios y guardaba dinero en su vivienda. Sin embargo el rico se negó a decirle a los ladrones dónde guardaba las posesiones más valiosas y el atraco se convirtió en un incidente mucho más violento.
La víctima recibió siete cortes en distintas partes de su cuerpo, pero dejando pasar el tiempo. Es decir, lo torturaron posiblemente para sacarle dónde estaba el dinero.
No lo lograron y cogieron un cuerda para anudarla alrededor de su cuello. El informe forense concluyó que lo asfixiaron lentamente, dejando que se recuperase y volviendo a colgarlo de una viga. Finalmente debió confesar porque había un baúl desordenado. Un bolsillo secreto del mismo estaba vacío. Normalmente había dinero y monedas de oro.
A pesar de la confesión, el propietario de la casa fue asfixiado de nuevo hasta que murió. El crimen no afectó al ánimo de los asaltantes, que decidieron cenar en la vivienda, no se sabe si cuando el dueño estaba agonizando o ya había fallecido. Vaciaron la despensa y se dieron un festín antes de marcharse del caserón. Al salir cogieron una llave y cerraron por fuera.
El asesinato causó gran impacto en Usagre y en la comarca. Los medios de comunicación le dieron mucha cobertura y destacaron los detalles más macabros.
Con el paso de los días la intranquilidad se instaló en la localidad porque no se identificaba a los responsables y temían un nuevo ataque. La Guardia Civil y los guardias municipales, sin embargo, ya tenían un sospechoso. Era 'Martinito', o Francisco M. V., un delincuente habitual con muy mala fama.
'Martinito' fue finalmente detenido y confesó el crimen, que había sucedido tal y como establecía la principal hipótesis. Su arresto tranquilizó los ánimos, tal y como destacó el periódico El Correo de la Mañana. «Ya ayer por la tarde, al circular por el pueblo la noticia de haberse elevado la detención, el vecindario empezó a reaccionar y la preocupación y el temor que a todos los ánimos embargaba porque tan grave crimen quedase impune fue desapareciendo».
Los agentes sabían sin embargo que no había estado solo y continuaron investigando. Una semana después se produjo una nueva detención, pero no era la que esperaban en Usagre. Arrestaron a Carmen, la madre de 'Martinito', por encubridora. Su vecino encontró un cesto de la ropa en su azotea. Comprendió que esta señora había lanzado el bulto a su casa cuando la Guardia Civil registró su vivienda, probablemente para esconder parte del botín del robo que llevó a cabo su hijo. Cuando los agentes fueron al lugar, no fueron capaces de encontrar el cesto, había desaparecido, pero lo consideraron una prueba de la complicidad de la madre.
No fue la única mujer implicada. Meses después del suceso, finalmente, detuvieron a otro vecino de Usagre, Ángel V. P. como coautor del robo y asesinato y también a su pareja por tener monedas de oro de la víctima en su casa y no ser capaz de justificar su presencia. La prensa destacó que la joven estaba «amancebada» con Ángel y «de cuya ilegítima unión vivían siete pequeños».
En el juicio, el fiscal pidió la pena de muerte para los hombres y ocho años de cárcel para las mujeres. Las defensas, sin embargo, alegaron que no pretendían causar la muerte del rico y lograron rebajar la solicitud a cadena perpetua. Finalmente el jurado consideró culpables a los varones, y encubridora a la madre de 'Martinito' pero absolvió a la pareja de Ángel al considerar que no sabía nada del incidente.
La prensa destacó que la sentencia había provocado una segunda tragedia en Usagre porque 'Martinito' tenía cinco hijos pequeños a los que cuidaba su madre, ya que su mujer lo abandonó y se marchó a Huelva porque la pegaba. Los menores quedaron desamparado al ser condenado su padre y su abuela.
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