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Redacción
Badajoz
Sábado, 21 de mayo 2022, 07:30
De cerezo a cerezo, y en línea recta, hay una distancia de 10.832 km entre Japón y Extremadura. Sin embargo, esa enormidad ha sido siempre mucho más breve si atendemos a la literatura que se ha escrito en nuestra comunidad, que encontró en estrofas como el haiku y la tanka un modelo expresivo que se ajustaba muy bien a una forma de relacionarse con el mundo desde la sugerencia y la elipsis, y casi se podría trazar una historia literaria de la Extremadura contemporánea en su reflejo oriental, con las tankas de Ángel Campos Pámpano, la antología de haikus de José Mª Bermejo o, en nuestros días, con los que Carlos Medrano reúne en 'Entorno claro'o a través de las imágenes que Javier Alcaíns cuida en 'Felicitaciones japonesas. Surimono: pintura y poesía', con traducción de Eiko Tomita.
Esos dos últimos títulos han sido publicados por la Editora Regional de Extremadura, como también aparece hoy en este sello 'Japón desde Extremadura', de Noriko Yamashita, un volumen con el que se recupera la colección Viajeros y Estables, dedicada a los viajes.
-Pocos viajes tan intensos como el que lleva desde Aomori a Badajoz, pasando por Tokio, Salamanca, la Sierra de Gata y Mérida, de la mano de una profesora de japonés que nunca se imaginó autora de un libro así.
-A lo largo de estos 20 años en España, mi obsesión por aprender español me impulsó a escribir en mis cuadernos. Algunos se perdieron o quizás los destruí; pero no me importaba, escribía para desahogarme, redactando o dibujando cualquier cosa: poemas, haikus, relatos, ensayos, sumie (pintura japonesa), frases sueltas etc. Se podría decir que mi vocación por la escritura emana de mi vocación por la lectura, por la contemplación o por mostrar algo que no se ve. Aunque me resulte difícil expresar mis ideas en español. El español siempre será un idioma en vías de aprendizaje. Mi profesora y amiga Isabel Cabezas, a la que estoy muy agradecida, siempre me dice que me faltan o incluso sobran varios artículos.
-Ese algo que no se ve, que es en buena medida el misterio del que nace el libro, la relación intangible entre Extremadura y Japón, una nueva referencia al hilo rojo que une lo diferente, tiene un nombre, Ikigai.
-Extremadura y Japón se parecen en el ikigai: motivación, ilusión, pasión, ganas, fuerza, entrega y generosidad que aportan un sentido a la vida. Veo el mismo ikigai, el mismo brillo en los ojos de nuestros mayores extremeños y japoneses. Me quedo con Extremadura por su autenticidad, por su patrimonio natural (fauna y flora que nunca había visto en Japón) y cultural, su gastronomía, su clima, su calidad de vida, y por encima de todo, por su patrimonio humano. Siempre me he sentido afortunada y bienvenida. Extremadura, su gente, es única. Me gustaría que más japoneses conocieran Extremadura.
-'Japón desde Extremadura' es un libro breve, a caballo entre el ensayo, el diario y la narración clásica. Dividido en dos partes, desarrolla en doce meses un acercamiento a la cultura japonesa desde la literatura, el arte y las tradiciones.
-Al principio quería escribir sobre las localidades extremeñas que he visitado. Sin embargo, mientras escribía, me di cuenta de que las estaba contemplando con mi perspectiva 'extremeña'. Durante estos 20 años en España he perdido algo de mi parte japonesa, sin querer o acaso queriendo. Dejé de escribir sobre el viaje por Extremadura y empecé la tarea de encontrar mi lado japonés. Tras mucho tiempo sin pensar en japonés, me puse a leer las obras literarias japonesas en su idioma original y fui reencontrándome poco a poco, mientras escribía artículos para la revista 'Shibumi'. Y, así, he conseguido escribir doce ensayos sobre la cultura japonesa-asiática desde mi óptica, dedicando cada ensayo a un mes del año, como un calendario. Por eso la primera parte se titula 'Un calendario oriental' y la segunda 'Mi vida extremeña': ahí está mi trayectoria vital por Extremadura.
-¿Hay tanta distancia entre la cultura japonesa y la europea…? A juzgar por alguno de los capítulos del libro, como el dedicado a la mitología, no parece así.
-En el primer curso de filología hispánica, en la Universidad de Salamanca, me matriculé en Mitología Griega, porque quería conocer una cultura clásica absolutamente alejada de la mía, como es la griega. Al leer relatos de esa mitología me cautivaron, y me propuse compararla con la japonesa. En aquel momento descubrí la riqueza y profusión de la mitología japonesa, así como las enormes coincidencias con la griega. No quiero revelar más sobre el contenido de mi libro, solo destacar que hay investigadores académicos en mitología comparada que están estudiando sobre los mitos griegos y japoneses. Es un campo fascinante.
-Esa fascinación llega, en nuestros días, a despertar auténtica pasión por la cultura japonesa, y sobre todo de la cultura popular, compartida de un extremo al otro del planeta. Noriko Yamashita, profesora de japonés y presidenta del Centro Hispano Japonés de Extremadura, sabe bien de qué habla.
-Más que admiración podríamos hablar de un gran interés en la cultura japonesa, con dos tendencias diferenciadas: una por la cultura japonesa tradicional y otra por la cultura nueva o de postguerra (manga, anime…). Hay quien se inclina por una e incluso rechaza la otra. Cuando empiezo un curso de japonés para principiantes, siempre pregunto a los participantes por qué quieren aprender japonés. Antes había un 50 % de interés por cada tendencia cultural, pero ahora hay mucha mayor preferencia por la cultura japonesa nueva o contemporánea. Para mí tanto la cultura tradicional como la nueva son consustanciales a Japón y en la sociedad japonesa están totalmente entrelazadas. Esa mezcla un poco kitsch puede ser llamativa.
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