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Aunque es de ciencias puras, Mercedes Eugenia Paoletti Ávila (1992, Cáceres) está acostumbrada a romper las reglas. No es habitual que una mujer y extremeña ... sea galardonada con el Premio de Investigación en la modalidad de jóvenes informáticos que concede la Sociedad Científica Informática de España y la Fundación BBVA, un reconocimiento que otorgan a los autores de las tesis doctorales más innovadoras y relevantes del país.
Paoletti es ingeniera informática, cuenta con tres másteres, una tesis y más de medio centenar de publicaciones que ya están teniendo proyección internacional. Su campo de estudio se centra en el análisis de imágenes hiperespectrales, que se capturan desde aviones, drones o incluso desde un satélite, para desgranar la máxima información y aplicarla a sectores tan variados como la agricultura, la construcción o hasta para detectar focos de incendios.
Ha sido profesora en la Universidad Complutense y actualmente es personal científico investigador en la Universidad de Extremadura (UEx). Ese contrato se le acabará este año y empezará con una beca Margarita Salas para la formación de jóvenes doctores. Mientras tanto, está pendiente de optar a una plaza como profesor ayudante en Extremadura o fuera de la región.
–¿Cómo se consigue todo eso con tan solo 30 años?
–Con mucho trabajo, es cuestión de echar horas. Durante los años de tesis recuerdo estar en el despacho desde las siete de la mañana hasta las dos de la madrugada. Incluso he empalmado la noche con la mañana siguiente para publicar investigaciones.
–¿Pese a tener esa trayectoria, es complicado encontrar un trabajo estable como investigadora?
–Sí, la investigación es muy sacrificada. Hay que pedir proyectos, hacer artículos, marcar una línea de trabajo interesante y no siempre está garantizado entrar en las universidades o en los institutos de investigación. Aunque te esfuerces, puede que no consigas resultados. Y en todo eso ser joven, mujer e investigadora es un camino complicado. Ahora mismo en las clases que imparto son todo chicos. En la carrera de Informática creo que este año han entrado cuatro o cinco mujeres; cuando yo empecé solo éramos tres. Empiezan pocas y terminan pocas.
–¿Qué se puede hacer para fomentar carreras como Informática entre las mujeres?
–Hay muchas mujeres en Medicina, Filosofía y Letras o Derecho, pero en las carreras más técnicas hay pocas. Hay una concepción de que los informáticos somos raros y yo creo que tampoco tanto. Tenemos nuestras cosillas, pero creo que el problema está a la hora de decidir las carreras. No veo que desde las universidad, aparte de las jornadas de puertas abiertas, se vaya a los colegios e institutos a explicar las carreras y sus oportunidades. Tenemos que olvidarnos de que las mujeres no cuadran con las matemáticas y la informática.
–¿Es cierto que estudiar Informática asegura un futuro?
–En la empresa privada sí, porque en esta carrera el paro es cero. A mí me gustaban las ciencias, pero me pregunté qué profesión me iba a dar de comer. Así que me decanté por Informática. Si te gusta cacharrerar, programar y destripar los ordenadores es muy buena opción. Es más, hay muchos que no han terminado el trabajo fin de grado y ya han sido captados por empresas de Extremadura. Otros se van a Madrid y Barcelona. En investigación es diferente. Por ejemplo, ahora han salido plazas en otras universidades y en Extremadura no porque se están empezando a reducir profesores y gastos. Para que salga una plaza de ayudante doctor puede que tenga que esperar muchos años. En la investigación es más complicado y en todo este camino necesitas mucho apoyo. En ocasiones, reconozco que he tenido ganas de tirar la toalla, pero sigo por amor propio y porque la investigación me apasiona. Si quisiera un trabajo más estable ya estaría dando clases como profesora de Secundaria o de Formación Profesional.
–¿Es más difícil investigar y destacar desde Extremadura?
–En cuestión de financiación es más complicado. Se nota cuando las universidades son más grandes, con más grupos de investigación y más proyectos. En esos casos tienen más fuerza y más respaldo por parte de las comunidades autónomas. En universidades pequeñas como la de Extremadura lo tenemos más complicado. Hacemos lo que podemos, pero a veces no es suficiente. Eso sí, no podemos tener la sensación de que en Extremadura somos los últimos en todo. Es verdad que los trenes están muy mal, pero hay mucho más que eso. Aquí se puede invertir porque hay gente preparada y trabajadora. Si tenemos aquí unos grupos que investigan por qué nos vamos a ir fuera. No hay que irse de Extremadura para ser un referente en informática.
–¿Qué le pide a las Administración para mejorar el futuro de la investigación?
–Es una pena que muchos investigadores acaben yéndose al extranjero porque a las administraciones públicas les falta compromiso. Las ayudas son muy pocas para toda España. Además, la Administración debería dar más permisos a la hora de investigar cuando queremos transferir y poner en práctica el conocimiento.
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