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Hace un año y cuatro meses que Marisol se atrevió a cambiar de vida. Dejó Badajoz y se plantó en Barbate a cumplir su sueño: vivir junto al mar. Ahora echa la vista atrás, hace balance y no duda un segundo: «Por supuesto que echo de menos mi tierra -dice-. ¡Cómo no voy a echar de menos mi Badajoz! Pero ahora mismo no cambio mi vida en Barbate por nada, aquí soy superfeliz».
Debe ser eso lo que explica que a Marisol Faustino Méndez se le dibuje una sonrisa nada más sentarse en el pretil del paseo marítimo. Se coloca las gafas de sol como diadema, mira al mar y ahí sigue su alegría en la cara. «Yo había veraneado siempre en esta zona -cuenta-. Primero en Caños de Meca y después en Zahara de los Atunes, donde me quedaba siempre en el hotel Pozo del Duque. Barbate (22.720 habitantes empadronados) lo conocía de alguna vez que visitamos el mercado. «Un día, como mis dos hijos ya se habían independizado y tenían sus buenos trabajos, y mi hija ya había empezado la carrera, pensé: 'Es el momento. Ahora puedo'».
Lo consultó con la familia, todos la apoyaron y se decidió. «Yo venía de pasar momentos complicados en mi vida y quería un poco desconectar de todo, así que me vine aquí», cuenta Marisol, que admite que «no era una tarea fácil lo de empezar de cero». En su ciudad natal regentaba un hotel en el barrio de san Roque. Justo antes de la crisis, emprendió una reforma, pero circunstancias ajenas a ella complicaron la obra y echaron al traste el proyecto. Lo que era una apuesta de futuro ilusionante acabó por convertirse en un problema que empujó a la pacense a darle un giro a su vida.
Al principio le costó incluso encontrar un sitio para vivir, porque la mayoría de los propietarios querían alquileres para el verano, que es lo más habitual en Barbate, donde la mayoría de los turistas se hospedan en pisos o casas alquiladas en vez de en hoteles. A la semana encontró un apartamento y se instaló. Era el mes de mayo. Unas semanas después, la casualidad empezó a facilitar las cosas.
«Un día -recuerda- bajé a tirar la basura y en la plaza de Carlos Cano, en el casco antiguo, me encontré con que se estaba celebrando una reunión. Había gente con sillas, hablando, y me arrimé a ver qué era». Se quedó escuchando, y al terminar vio a un grupo de gente dando la enhorabuena a una de las chicas que había participado en ese encuentro a pie de calle. Marisol se acercó también y le felicitó. «Esa chica -relata- era Macarena, que ahora es muy amiga mía. Ella me atendió muy bien y me pidió el número de móvil. Me dijo que estaban intentando crear una asociación que luchara por recuperar el casco antiguo».
Unos días después recibió notificación de WhatsApp. Acaban de incluirla en un grupo del que luego surgió 'Barbate con encanto', un colectivo ciudadano que se ha hecho ya un hueco en el municipio. Marisol Faustino es su portavoz. «Organizamos muchas actividades, por ejemplo un rastro todos los segundos domingos de mes, y entre todos hemos ido consiguiendo mejorar poco a poco el casco antiguo, que ahora está lleno de macetas y flores», detalla la extremeña, que en el tiempo que lleva en la localidad gaditana ha tenido varios trabajos. «No es fácil conseguir un empleo aquí, pero si te mueves, y yo ando siempre de un sitio para otro con mi coche, te van saliendo cosas», plantea la empresaria pacense, que eligió Barbate precisamente porque, según comenta, tiene vida más allá de la temporada turística, algo que no sucede en destinos con menos población asentada, como Caños de Meca o Zahara de los Atunes, los lugares que ella conocía.
«Ahora mismo -cuenta entre risas- estoy trabajando de comercial para una empresa de Chiclana. De hecho, mi jefe es de Badajoz. Cuando nos encontramos y nos pusimos a hablar, al ver mi acento me dijo '¿Y tú de dónde eres?' 'Yo, de Badajoz', le dije. 'No me lo puedo creer', me contestó».
Además, este verano ha reabierto el Malecón, el bar que cogió hace unos meses junto con un socio. Cerraron al poco porque la temporada no era la más propicia, y el mes pasado lo recuperaron, de cara al verano. «Lo que me gustaría -se sincera Marisol- es tirar para adelante con el bar y poder seguir en este pueblo, porque lo que me gusta es vivir aquí». De hecho, tira de su experiencia para lanzar un mensaje positivo. «Animo a la gente a que no se queden con las ganas, a que den el paso y se coman el mundo», plantea la extremeña, que en el año y tres meses que lleva en la costa gaditana se ha mudado tres veces. «Ahora vivo en pleno paseo marítimo. Salgo de mi casa y tengo la playa. Algunos días saco a pasear a la perra por la noche, y ando descalza por la arena fresquita. Es una gozada».
Sobre todo a partir de septiembre, cuando Barbate empieza a perder turistas y vuelve a ser el sitio apacible que es el resto del año. «Este pueblo es precioso -proclama Marisol-, pero a veces la gente de aquí no se da cuenta de la maravilla que tiene. El otro día, por ejemplo, vi la procesión del Carmen y se me ponían los pelos de punta: el barco con la Virgen, y las barquitas de pescadores alumbrando por la noche. Yo pensaba 'Pero esto qué es, Dios mío, qué pasada'».
En su retiro gaditano, los recuerdos felices se le amontonan. «Yo soy una amante de la música clásica, y recuerdo un día -cuenta- que salí de casa a las siete de la mañana, y de buenas a primeras empecé a escuchar música. Salía de un hotel pequeñito que creo que regenta un holandés. Yo soy una enamorada de la música clásica, y oyendo esa música mientras paseaba por el casco antiguo... Es que te enamoras de este pueblo. Es muy bonito. Por nada me quiero ir de Barbate».
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