Su silbido es el que marca el inicio y el final de los partidos, también las faltas, o las salidas de tono que en más ... de una ocasión ha tenido que escuchar en el terreno de juego.
Alicia Galán, (Olivenza, 1995), ha tenido ganas en más de una ocasión de mostrar a la grada la cartulina roja que hace unos años decidió cambiar por el balón.
Desde el césped, Alicia ha escuchado comentarios en los que la enviaban a fregar, a coser o a hacer la cama. Lo más fuerte para ella es que muchos de estos insultos y comentarios que nacen en las gradas provienen de otras mujeres. «Esto explica que sea una profesión muy vocacional, de no ser así nadie estaría dispuesta a soportar insultos, que en muchas ocasiones comienzan incluso antes de que el balón eche a rodar», apostilla.
Para ella, este problema al que se enfrenta en su trabajo está en la normalización que hay del insulto en el terreno de juego, por lo que Alicia pide que se tomen más medidas para erradicar este comportamiento que no se da en otros deportes. «Todos vamos al campo a hacer ejercicio y a disfrutar del juego. Y por hacer nuestro trabajo o fallar algunas veces, que nos puede pasar a todos, recibimos insultos y en muchos casos agresiones», dice con lástima porque esta situación impide que su familia le acompañe. «Mis padres prefieren no venir a verme arbitrar porque no quieren escuchar los insultos que lanza la grada».
Una apuesta con una amiga cuando tenía 15 años fue lo que le hizo entrar al mundo del arbitraje. «Muchos amigos hacían el curso de la Federación porque con esa edad arbitrábamos partidos de fútbol base y ganábamos algo de dinero», recuerda.
A Alicia le gustó tanto arbitrar, que los primeros años lo compaginó con su etapa de jugadora en el Olivenza femenino.
Ella ha jugado al fútbol en la calle, en el patio del colegio, en el campo de su pueblo y hasta en las instalaciones deportivas de Las Rozas, en Madrid, donde fue convocada a los 16 años para entrenar con la selección femenina cuando esta ni siquiera tenía referentes.
Pero Galán siempre tuvo a su hermana mayor, que fue la encargada de transmitirle su pasión por la pelota, y que antes de entrenar al Villareal femenino la instruyó junto a muchas de las chicas que jugaron a fútbol base de su pueblo. Alicia llegó a debutar en Primera división.
Finalmente el arbitraje le ganó el corazón y en el año 2016 colgó las botas como jugadora para dedicarse solo a pitar. «Lo había compaginado varios años, fue un poco agobiante y me destrozó las piernas. Decidí dedicarme a esto porque me apasiona todo lo que tenga que ver con este deporte», apunta Galán.
Para ella, que a lo largo de su trayectoria deportiva ha jugado en todas las posiciones del terreno de juego, el arbitraje es mucho más complicado porque requiere de muchísima concentración. Además de estar muy bien físicamente. «Es mucho más duro ser árbitro que jugador. He jugado mucho de central y no te mueves tanto, pero si un árbitro no ve una jugada porque no llega por su condición física puede influir en el resultado», matiza.
Para poder arbitrar en los partidos se enfrenta cada tres meses a las pruebas físicas y técnicas que les realizan en la federación. «Nosotros tenemos que estar preparados, entrenar para poder demostrar que estamos en buenas condiciones físicas», apunta convencida de que los árbitros son la parte más odiada del fútbol porque los aficionados no son conscientes de su esfuerzo.
Primera división
Pese a las situaciones desagradables que vive muchas veces en el terreno de juego, Alicia tiene claro que seguirá disfrutando del deporte que le apasiona en una temporada que ve divertida pitando al Badajoz, el Extremadura, o el Azuaga.
Para arbitrar en el resto de categorías debe superar unos cursos de ascenso, que es uno de los objetivos que la joven tiene por delante, porque su sueño es llegar a primera división. Su referente es Guadalupe Porras, asistente en Primera. «Ella está en la elite, y para mí llegar ahí es un reto. Si estuve en Primera como jugadora con el equipo femenino de Olivenza, quiero hacerlo también como árbitra», subraya.
Para conseguirlo tiene claro que con su edad llega tarde a la liga masculina, por lo que aspira poder hacerlo en la femenina. «Un partido masculino requiere mucho más esfuerzo físico, pero a las mujeres les tengo que sacar menos tarjetas porque el comportamiento dentro del campo es más ejemplar».
La mente es una de sus principales preocupaciones, de hecho ha pedido a la federación psicólogos al igual que tienen fisioterapeutas. «Tenemos mucha presión, y las decisiones que se toman en un partido deben ser rápidas sin margen de error».
Por el momento este trabajo no le da para vivir, por lo que lo compagina con su puesto de ordenanza en la Junta de Extremadura. Mientras, sus fines de semana están dedicados a arbitrar fútbol y en los últimos años fútbol playa, deporte al que le dedica todo el verano.
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