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J. López-Lago
EXTREMEÑOS EN LA PLAYA
Miércoles, 2 de agosto 2017
Manuel Pérez Porrina, pacense que ha dedicado su vida a la educación, dice que Punta Umbría la descubrieron los ingleses que trabajaban en las minas de Riotinto, pero la segunda oleada de colonos llegó con los extremeños. Para certificarlo, cada mañana pincha una bandera extremeña en la playa.
Del mástil cuelga un termómetro y un reloj de Caja Badajoz. «Más pacense no se puede ser», dice. «Bueno, sí, aún queda algo», corrige. Y en ese momento se pone a leer el HOY que cada mañana le reservan en el estanco que hay junto a su apartamento, situado al lado del mercado de abastos, a pocos metros de la concurrida Calle Ancha, tan popular en esta localidad.
Dice su mujer, Josefa Bejarano Vivas, que este año pasaron casi un mes en esta playa en Semana Santa y después volvieron el 24 de junio. Calculan que regresarán a Extremadura en septiembre, pero si hace bueno quizás se queden también en octubre.
Desde hace 44 años, cuando compraron una vivienda en este pueblo costero de Andalucía, esta familia de Badajoz no falla en su cita con Punta Umbría, una relación consolidada como la de otros tantos extremeños con las playas de Huelva o Cádiz que irán apareciendo en sucesivosreportajescada día durante este mes de agosto.
Es habitual que la segunda residencia de muchos extremeños esté frente al Atlántico. Por la de Manuel y Josefa irán desfilando este verano hijos y nietos en lo que ya es una tradición estival. «Aquí se han criado mis hijos (cuatro varones y una mujer), han aprendido a nadar y uno de ellos, Ismael, tiene otro piso en Punta Umbría desde hace cinco años porque cada uno viene ya con su familia y no cabemos. Tenemos cuatro nietos, de 17, 14, 8 y 3 años, y ha habido días que hemos estado comiendo hasta veinte en casa porque a veces hay que sumar tíos y primos. Al final te apañas, a mí me gusta», dice Josefa rememorando encantada esos días de barullo y deseosa de que lleguen sus nietos. «Es que así estoy como una gallina con mis pollitos alrededor, cuando no están me siento como triste», reconoce la matriarca, que cuenta los días que faltan para que los pequeños vengan a verla.
Pero es que aún no han revelado un dato: el apartamento tiene ¡dos dormitorios! «Da igual -tercia Manuel- hay cama empotrable, sofá-nido, colchones en la terraza... Así tiene más mérito juntarse».
Esta familia extremeña disfruta con una rutina que consiste en pasar a recoger el HOY temprano con su bono de suscriptor, comprar unas sardinas o el pescado que toque en el mercado y prepararse para la playa. Ya con la arena a la vista, eligen siempre el mismo punto para desplegar los trastos y echar la mañana. Llegan andando con sus sillas y sombrillas gracias a los ruedines que instaló Manuel hace décadas -antes de que se inventara este sistema, afirma. A continuación pinchan la bandera verde, blanca y negra. «Esto da pie a que muchos extremeños nos saluden al pasar. El día del ascenso del Badajoz se notó un montón».
Suelen comer en casa y las tardes las dedican a la siesta, la telenovela y a pasear por el pueblo, donde son conocidos. Gran cantidad de jóvenes pacenses saludan a don Manuel, que ha sido maestro y director del colegio General Navarro de Badajoz hasta que se jubiló en 2004 y por eso muchos exalumnos lo reconocen.
Tras más de cuatro décadas instalándose temporalmente en Punta Umbría, los Pérez Bejarano son capaces de relatar parte de la intrahistoria de este pueblecito. Saben de cada chalé que es propiedad de algún extremeño, dónde venden productos extremeños como patatas Nevado, un buen jamón ibérico o qué pescado sale mejor de precio y calidad y de dónde procede exactamente.
«Nos gusta Punta Umbría porque tiene unas playas con más espacio que las demás y da igual que sea agosto que siempre encuentras un hueco. Aunque nosotros venimos incluso lloviendo, cuando se pone el tiempo malo siempre te puedes ir a la ría porque allí no da el aire», explica Manuel, que al hacer memoria empieza a recordar cómo era este lugar en los años setenta. «Ahora hay exposiciones, cines, teatro, una feria de la gamba... Hace cuarenta años no había nada de esto».
Lógicamente, en este periodo esta extrovertida familia extremeña ha hecho amistades en este punto de España. «Yo he ido -prosigue Manuel- a bodas de amigos que son de Huelva, y ellos han venido invitados a los carnavales de Badajoz. Se extrañaban del frío que hacía. Claro, aquí el clima es más estable. Es que vivir junto al mar es otra cosa».
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