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Hemos dado mucho por saco en el pueblo, pero ahora están 'volcaitos' con nosotros, nos adoran», dice Víctor, que estudió dirección y administración de empresas ... en Cáceres y en estos momentos va lanzado a ser una estrella de la música. Es el bajista, junto con Carlos (guitarra y voz) y Juan (teclados, guitarra y mesa), de Sanguijuelas del Guadiana. Ya no hay marcha atrás. Han sentido el cosquilleo de tocar en un festival y notar cómo se arrima gente que no los conoce a mitad de concierto y ver crecer el público a su alrededor. Si tienes 23, 22 y 25 años nada supera eso.
Desde Casas de Don Pedro (1.300 habitantes, Badajoz) van a por todas desde que a Jorge González, de Vetusta Morla, un amigo de del pueblo de al lado, Talarrubias, le dijo que había unos críos con un rollo especial. Fue verlos en 'youtube', producirles los primeros temas y rogarles que no cambiaran. Los quiere así, unos chavales de pueblo a los que les mola el rock y acaban de descubrir lo que es salir de gira con amigos de toda la vida. Están flipando, solo hay que ver sus caras, energía que contagian en directo.
«El primer concierto lo dimos en abril de este año. Si hace un año nos dicen que vamos tener fechas cerradas para agosto del año que viene no nos lo creemos», comenta Antonio, voz y guitarra de este grupo de amigos que creció en las mismas calles y que emigró a la capital para luego regresar al pueblo. Han vuelto, dicen, porque en ese rincón olvidado que es la Siberia extremeña ellos no les falta nada. «Aquí está nuestra familia, nuestros amigos y una cochera para ensayar».
Todo lo vivido lo cuentan –lo cantan– en un primer disco, de nombre 'Revolá' y que verá la luz el 15 de mayo en la mayor verbena que se va a recordar en la comarca. El récord lo tienen ellos mismos cuando en las pasadas fiestas de agosto reventaron de gente la plaza de su pueblo. De momento tienen el prólogo, de dos canciones, más dos capítulos de tres temas cada uno: 'Jaribe', que cuenta la alegría de su infancia, y 'Barrunte', cuando se hacen adolescentes y sienten que hay que irse a buscarse la vida. Falta el tercer capítulo con tres canciones más que dará sentido conceptual a un debut cuya narrativa se completa con videoclips cuyo 'leit motiv' es el pueblo y sus gentes.
«Sanguijuelas del Guadiana surge del mismo barro donde se ensucian los niños de pueblo», sentencia Juan. Pueblo. Si les preguntas qué bien habría que proteger en esta sociedad los tres responden «los pueblos». Han visto con sus ojos cómo se van vaciando y le han puesto melodía a ese declive. «Pasan los años deprisa. Ya casi el tiempo no avisa, casi siempre somos menos en los bares», dice una de sus estrofas.
¿Su estilo? Les han dicho de todo. Y ellos, que lo mismo escuchan a Rosalía que Los Chunguitos que a Porrina y de viaje a la entrevista traían en el coche a Barri B (coincidieron en Murcia con él), se parten de risa. Se 'descarchan', como se dicen ellos. Que si suenan a una mezcla de Extremoduro con Estopa, que si recuerdan a Triana, que si Marea, Albertucho, que si tangos, que si rumbas, rock melódico... tienen hasta un pasodoble electrónico porque el autotune lo traen de serie por edad. De un primer vistazo parecen unos gamberros jugando a hacer música y el aroma a psicodelia quinqui es inevitable. Pero son pegadizos y contando 'su' historia han notado que es la de más de media España. «Cuando nos entrevistan en Madrid nos damos cuenta de que todo el mundo tiene un pueblo».
El final de semejante apuesta está abierto, pero ahora mismo, con solo una decena de temas dispersos por Internet y aún sin primer disco en el mercado, su corta peripecia musical ya se resume en 40 conciertos cerrados para 2025, que son el doble de los que han dado en este 2024 y eso que arrancaron en abril en Mérida.
Este miércoles van a Castellón, pero es que para el 16 de enero lo tienen todo vendido en la mítica sala Sol de Madrid y ya tienen hueco en el cartel del Sonorama del próximo verano, cuando se dé cita el indie nacional más puntero en Aranda de Duero (Burgos). Escuchan hablar de Extremúsika, donde algunos fans los han echado de menos este año, y saltan de emoción ante esa posibilidad.
Juan ha estado trabajando de carretillero en almacenes de Madrid, donde Carlos estudió Imagen y Sonido. Según dice, acaban de empezar a vivir de la música, aunque de momento les esté saliendo lo comido por lo servido.
En cuanto al principio hay varios. Lo han contado varias veces en las entrevistas que han empezado a dar por radios. Esta es en El Pico el Guadiana, en Badajoz. Arranca Antonio apoyado en el Golf blanco de 2012 que comparte con su padre, en el que han venido desde Casas de Don Pedro. «Nos conocemos del pueblo, de salir con las bicis, con los skate, lo típico. Y en 2009, cuando más aburridos estábamos, nos enteramos de que iba a nacer una banda de música de esas que hacen pasodobles, sale en Semana Santa o hace bandas sonoras de películas en verano. Empezamos Carlos y yo y luego llegó Juan. La dirigía Félix Soto, de Zafra, que nos enseñó las notas y todo eso. Yo empecé con el saxofón porque era muy chulo. Mi compañero era el fotógrafo del pueblo, de sesenta años y a su lado estaba yo con diez». Carlos lo corta y explica muerto de risa que se venía arriba con los solos en mitad de los pasodobles. Tanto él como Juan eligieron la percusión en aquella banda municipal que llegó a tener más 50 miembros de todas las edades. «No nos hubiéramos dedicado a la música o yo no hubiera agarrado una guitarra si no hubiera sido por la banda», valora Carlos.
Y a los pocos años ya estaban tocando juntos en casa por Nirvana y ACDC –«Aquello era puro ruido», reconocen – hasta que decidieron montar su propia banda. Solo les faltaba un nombre.
«Por nuestro pueblo pasa el Guadiana y la gente nos decía mucho que si nos bañábamos íbamos a salir 'cuajaos' de sanguijuelas y esas cosas. Un día en un bar de Madrid tomándonos unas 'jarrubis' –rememora Carlos– sacamos la guitarra, hacíamos versiones y se nos arrimaba la gente. Uno nos preguntó cómo nos llamábamos y tuve un momento de lucidez. Contesté 'Sanguijuelas del Guadiana' y nos empezamos a 'descarchar', pero Juan y yo nos miramos y nos dijimos 'tenemos nombre'. Sanguijuelas del Guadiana. Sé que da repelús, ¿pero a que no se te olvida?».
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