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Extremadura se ha convertido desde el pasado mes de marzo en un polo de atracción, sobre todo desde los días previos a que el Gobierno decretara el estado de alarma, el 14 de marzo, pero también en las semanas siguientes, pese a las estrictas medidas que impedían la movilidad y que en gran parte se extienden hasta hoy. Se sabe que es así, por ejemplo, a través de las tarjetas sanitarias cuyos titularse se han dado de alta como desplazados en los dos últimos meses, entre el citado 14 de marzo y el 20 de mayo. Un total de 3.088 personas procedentes de todas las comunidades autónomas, además de Ceuta.
Esto no quiere decir que ese sea el número exacto de personas que han decidido vivir el confinamiento en localidades extremeñas, incluso después de estar prohibidos los desplazamientos. La cifra real es más elevada. Solo es la parte que han decidido, por precaución médica, tener su tarjeta sanitaria dada de alta en Extremadura durante su estancia temporal en la región, lo que suelen hacer aquellas personas que deben tomar medicamentos de forma continuada y que a menudo coincide con ciudadanos de edad avanzada. El ejemplo más habitual es el de los pacientes del popular Sintrom.
El principal punto de origen de estos desplazados es, con diferencia, Madrid, desde donde han llegado a Extremadura algo más de la mitad en este período de tiempo. Tiene su lógica por la numerosa presencia de emigrantes extremeños en esa comunidad, y también de estudiantes universitarios que adelantaron su regreso. Castilla y León ocupa, a mucha distancia, el segundo lugar y a continuación aparecen Cataluña y País Vasco, las otras dos regiones con más presencia de población de origen extremeño.
La Consejería de Sanidad, a través del área de gestión poblaciones, reconoce a este diario que su tarea administrativa se ha visto superada por la cantidad de desplazados, en «unas fechas totalmente inusuales en comparación a otros años», lo que se fue sumando al propio auge motivado por los pacientes de COVID-19, que iban contactando con sus médicos de cabecera si tenían síntomas a través del teléfono.
Lo habitual es que ese movimiento de desplazados se registre en verano, e incluso se sabe cuándo: justo cuando acaba el curso escolar y los abuelos, que ayudan a sus hijos a cuidar a los nietos en la comunidad madrileña y otros lugares, ponen rumbo a Extremadura.
Esta vez ese repunte se ha adelantado «a fechas inusuales», subrayan, en concreto a mediados de marzo con otro aumento en torno a la Semana Santa, aunque Sanidad prevé que las altas de desplazados aumenten de manera muy significativa en cuanto se levante la prohibición de viajar entre provincias.
De momento, no se ha observado una 'salida' de tarjetas sanitarias de Extremadura.
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