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El tío Lucio, un cazador de 105 años

El tío Lucio, un cazador de 105 años

Longevidad. Todavía tiene licencia de armas pero no la usa; Lucio Fernández sigue yendo a monterías como invitado

Lucio Poves

Domingo, 29 de septiembre 2024, 07:52

A Lucio Fernández, tío Lucio, que nació y vive en Roturas de Cabañas (Cáceres) no le pesan los años. Tal vez las palabras porque anda un poco sordo. Pero lo que es andar, tiene un buen son y agilidad a sus 105 años.

Nació en Roturas de Cabaña, una pedanía de apenas 300 habitantes, perteneciente a Cabañas del Castillo en la provincia de Cáceres, entre Berzocana y Cañamero.

En realidad tiene dos nombres ya que su madre lo inscribió como Lucio pero la madrina lo bautizó como Cástor. Y por tío Cástor y tío Lucio le llaman y le quieren en su pueblo, donde cuando cumplió los cien años le hicieron un homenaje.

«Nunca ha usado el rifle para cazar, solo en la guerra, siempre la escopeta de dos caños»

Su vida es larga, conoció al rey Alfonso XIII, vivió una guerra con 18 años y sin duda ha sido el cazador más longevo de Extremadura: acaba de ser reconocido por la revista Caza Extremadura con la distinción a la 'personalidad venatoria', que recogió hace unos días de manos del consejero de Gestión Fforestal, Ignacio Higuero, en un acto celebrado en Cáceres. Y allí estaba, subiendo al estrado sin bastón.

Seguramente una de las últimas monterías en las que estuvo tuvo lugar el año pasado en Casas de Don Pedro.

Aquel día, a Tío Lucio le tenían reservado un puesto especial, muy bien ganado por su edad, y se dirigió a él con su escopeta de dos caños y un asiento de trípode. Desenfundó el arma y la montó –con la soltura de quien ha hecho eso miles de veces– y la cargó con dos cartuchos de bala.

«Las balas las hago yo en mi casa porque no me fío de las que venden», contó. Lástima que el puesto fuese tan poco querencioso y que solo viese una cierva distante, a la que ni siquiera hizo el amago de disparar.

«Yo nunca he usado el rifle para cazar, solo en la guerra; siempre la escopeta de dos caños, parecida a esta. Antes tenía otra más antigua, de perrillos. Cazo desde que volví de la guerra, donde aprendí a manejar las armas. Primero fue la caza menuda y luego la mayor. Empecé con una escopeta de mi padre que se cargaba por la boca. Eso fue cuando me licencié de la mili. He cazado mucho en mi vida y me he mantenido en forma recorriendo día tras días esas sierras de mi pueblo…», relató a HOY la semana pasada antes de recibir su homenaje.

Con 105 años a sus espaldas, tío Lucio tiene para contar muchas anécdotas porque seguramente ha sido el cazador en activo más longevo de Extremadura.

«De niño y de mayor trabajé en el campo, siempre en mi pueblo. Por eso no pude ir a la escuela; solo había un maestro y se empezaba a los seis años y a esa edad mi padre ya me tenía cogido para sacar a la sierra las ovejas, cabras y vacas que teníamos», rememora.

Y con una memoria de elefante, tío Lucio se transporta al cuartel donde le tocó pasar parte de la guerra: «Le voy a contar cómo aprendí a leer y a escribir; fue en el servicio militar. Un amigo en el cuartel me enseñó a unir letras y me dijo que, de todas, había cinco que entraban en todas las palabras. Así poco a poco aprendí».

Y cuenta el tío Lucio que solo tuvo una novia, «con la que me casé en los años cuarenta y hace ya años que se murió. Vivo solo, en mi casa, rodeado de mi familia y con mi nieta que me cuida con mucho cariño», afirma con rotundidad.

«Yo no he tenido enfermedades ninguna, estoy bien, solo que se me tiene que hablar un poco alto porque estoy sordo. Pero me las arreglo bien y todos los días salgo a dar mi paseo».

Al final de la montería vivida junto a él hace un año, tío Lucio contaba con desparpajo al periodista: «Lo he pasado muy bien con usted, a ver si viene el año próximo y nos vemos», dando por hecho que él sí que estaría allí.

A su nieto

Tío Lucio tenía permiso de armas válido hasta el 2025, pero la familia le ha convencido para que entregue la escopeta y deje de cazar. Y ya lo ha hecho, se la ha regalado a su nieto, para que la estirpe cazadora de tío Lucio continúe. Porque lo que no le pueden quitarle es la ilusión y la pasión por lo la caza: «Fue un sustento para mi familia cuando las cosas venían mal dadas y abundaban liebres perdices y conejos; salía a cazar todos los días –no hacían falta entonces ni licencias ni permisos– después de dejar pastando el ganado; luego las perdices y los conejos los vendía en el mercado de Navalmoral...»

Ahora a tío Lucio se le sigue viendo, aunque sin escopetas, en alguna montería; porque él, como nadie a sus 105 años de historia, necesita la esencia vital de un día de caza en la sierra, sintiendo de cerca a las gentes, al monte, a los animales. La pesca es otra actividad que practica y ahora más al haber entregado las armas.

«Y le voy a contar el ultimo cochino que maté… Me entró cruzado muy bien al puesto, y ¡catapúm!, del primer tiro salió rodendo».

Tío Lucio tiene 105 años y en febrero cumplirá los 106: «Ya tengo unas cuantas monterías de los pueblos de la zona a las que iré como invitado acompañando a un cazador…. Seguiré viendo caza y subiendo al monte, Eso es lo primero».

«Y le voy a contar...». Y sigue tío Lucio con batallitas de la mili, el recuerdo a su mujer, de sus animales, de las castañas que sabe asar como nadie, de las gente de su pueblo, de la primera escopeta de dos caños que compró y de las pocas veces que ha tenido que ir al médico porque sigue gozando de una salud de hierro.

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