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Del pico, la pala y la criba de los dos últimos dos meses y medio se ha pasado a la escoba en esta última semana ... en el yacimiento de Casas del Turuñuelo. Es la señal, la del barrido del terreno, que indica que ha llegado el tiempo de no profundizar más, de poner en orden el túmulo y cubrirlo. Un dron acaba de realizar una foto aérea antes de que se coloque una cubierta. Finaliza la cuarta campaña de excavacaciones en la joya tartésica que se sitúa en el término municipal de Guareña. Y lo hace a la altura posiblemente de las expectativas creadas.
Una nueva escalera de acceso, de adobe, nuevas estancias, un segundo sarcófago o bañera, numerosas piezas de bronce, un esqueleto de caballo sacrificado y de un perro, más restos óseos, la pata de bronce que se correspondería a un lecho o cama...El inventario no deja de incrementarse en el Turuñuelo mientras los arqueólogos y los peones se toman un respiro tras sacar decenas de kilos de tierra. Afortundamente hay financiación asegurada para una nueva campaña.
Habrá una nueva, de un mes, aproximadamente, pasado el verano, a finales de septiembre mientras que los trabajos más voluminosos volverá en la próxima primavera, confirma a HOY Sebastián Celestino Pérez, codirector del proyecto 'Construyendo Tarteso. Es investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
«Vienes con una idea en la cabeza de la excavación y la realidad te la cambia por completo. Casas del Turuñuelo no deja nunca de sorprender», se confiesa Celestino, sorprendido por las estructuras descubiertas en un túmulo al que todavía le queda mucha superficie por excavar porque lo analizado hasta ahora apenas supone poco más del 30% del terreno. Se sabe que los tartesos incendiaron este recinto, lo sellaron con arcilla y lo abandonaron.
«Las estructuras aparecidas me parecen lo más relevante aunque nunca faltan materiales de entidad», apostilla el investigador. Está recién terminada la cuarta campaña de excavaciones en el que es considerado el mejor yacimiento conservado de los descubiertos en los últimos tiempos en España. El símbolo de la civilización tartésica.
Tarteso es el nombre con el que los griegos conocían a la que creyeron que fue la primera civilización de occidente, que comienza a formarse hacia el siglo IX antes de Cristo y termina en el siglo V. Ocupó el suroeste de la Península, entre las provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla y Badajoz, en el valle medio del Guadiana.
Cuenta Sebastián Celestino el significado de la nueva escalera aparecida, esta de adobe, que se suma a la ya famosa de la hecatombe, esa escalinata de grandes sillares de piedra, de casi tres metros de altura. «Pensábamos que el patio tendría un acceso por la zona este y resulta que nos hemos encontrado con un muro. Al final el acceso principal es por la zona norte y hemos descubierto nuevas estancias», expresa el arqueólogo.
Según una estimación, en esta campaña se ha actuado en unos 800 metros cuadrados de terreno. Entre los hallazgos ha aparecido un segundo sarcófago, que puede parecer también una bañera, con una primorosa decoración de trenzados.
A eso se suma, como avanzó este periódico el 3 de mayo, una llamativa cenefa, la primera decoración arquitectónica de Tarteso. Distribuida en varios fragmentos, están decorados con lazos entrelazados en mortero de cal. «No sabemos a qué puede responder. Si forma parte de la decoración de la pared de una habitación , de una segunda bañera que pueda aparecer... Hay que seguir investigando», indicó entonces Esther Rodríguez, codirectora del proyecto Construyendo Tarteso.
En las excavaciones se ha visualizdo que las vigas de madera que sostuvieron las techumbres del edificio de Casas del Turuñuelo se conservan sobre los pavimentos de las estancias. Eso permite contar con «una excelente documentación», subrayan los investigadores, sobre las especies vegetales que poblaron este entorno hace 2500 años.
Entre las piezas descubiertas en estos trabajos últimos está un asador de bronce o una pequeña hoz de hierro empleada principalmente en las labores agrícolas. Ya son varios los ejemplares de esta herramienta recuperados en el yacimiento tartésico.
Las primeras excavaciones se realizaron en 2014. Fueron un primer sondeo para conocer «la potencia arqueológica del enclave y el arco cronológico en el que se insertaba la ocupación».
Desde 2015 se han sucedido tres campañas que han sacado a la luz parte de un majestuoso edificio que conserva en pie sus dos plantas constructivas, ejemplo único de la arquitectura protohistórica del suroeste peninsular. Se conocen tres de las estancias que se localizan en la parte superior del edificio y el enorme patio en la parte inferior.
La última vez que se pudo pisar el terreno fue en 2018, que eran de propiedad privada. Los dueños cerraron después el paso y la Junta de Extremadura lo acabó expropiando para propiciar nuevas excavaciones.
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