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El peristilo del Teatro Romano acogió el cóctel de la gala de los Extremeños de HOY.
El peristilo del Teatro Romano acogió el cóctel de la gala de los Extremeños de HOY. ROMERO
Extremeños de HOY 2024

Una noche milenaria que parecía un sueño

Lugares icónicos. La gala de los Extremeños de HOY se desarrolló con cientos de invitados en el Museo y en el Teatro Romano de Mérida, dos de las joyas arqueológicas de la región

Cristina Núñez

Cáceres

Domingo, 9 de junio 2024

Hay una película, una yanquilada protagonizada por Ben Stiller llamada 'Noche en el museo' cuya trama es precisamente esa, los delirantes hechos que acaecen una vez que las puertas de un recinto artístico se cierran. En la comedia, (muy mala, por cierto) todo cobra vida y lo que prometía ser una serena noche de ronda para un vigilante se convierte en una concatenación de sucesos que pone todo patas arriba. ¿Nunca han fantaseado con eso, con lo que sucede en las galerías de un museo a partir de las ocho de la tarde tras cerrar sus puertas? ¿No han imaginado que los personajes de la Fragua de Vulcano se van de cañas cuando el Museo del Prado se queda en silencio o que la Mona Lisa se despoja de su rigidez y hace yoga facial cuando se va el último espectador del Louvre?

Es fácil dejar volar la imaginación en el Museo de Arte Romano de Mérida, ese asombro arquitectónico diseñado por Rafael Moneo que ofrece en estuche de lujo los vestigios de la antigua Emérita Augusta, ese pasado romano que enorgullece a Extremadura. Es fácil soñar que los togados del Foro, las esculturas del siglo I que gobiernan la nave central del museo, se bajan de sus peanas y estiran las piernas o merodean, algunos a ciegas, porque no tienen cabeza, por la estancia, cuando nadie les ve.

Pero el pasado jueves no fue fantasía ni encantamiento lo que pasó en el Museo de Arte Romano de Mérida cuando cerró sus puertas. Allí mismo, y ante cientos de invitados, se celebró la trigésimo sexta gala de premios Extremeños de HOY, esa cita anual de campanillas (un auténtico 'must', de la vida social de la región) que reivindica el periodismo de verdad y premia el talento extremeño.

Todo lo que pasó en el Museo y después en el cóctel servido en el peristilo del Teatro Romano fue rigurosamente cierto, pero la belleza del entorno y ese pasado de piedras milenarias convirtieron el momento en una experiencia con ciertos toques oníricos. «¡Vaya sitio chulo!», dijo alguno al entrar. Toda la razón.

Hacía un calor implacable en una capital autonómica de cielo encapotado y olor a petricor, porque alguna gota se había escapado, aunque no terminó de llover. Este verano precoz hizo a las invitadas tirar de ropa ligera y se vio mucho vestido vaporoso, hombros al aire, estampados alegres y el irremediable negro, muchos monos (que siguen siendo tendencia) y tacones. La temperatura planteaba ese reto siempre difícil de combinar comodidad, frescor en este caso, y elegancia. Las mujeres pudieron. Los hombres, como siempre, se desenvuelven en ese exiguo margen de la americana y la camisa, con el único debate posible que es el de sí llevar corbata o no. De los colores masculinos ni hablamos, predominio del negro y el azul.

Fue una gala minimalista y fluida llena de historias personales y familiares

El legado del Imperio Romano puso el marco para no olvidar de donde venimos y para recordarnos que somos un pestañeo en mitad de la inmensidad, tempus fugit, que diría un romano fetén. Lo del jueves fue una fiesta, sí, una gran fiesta con todo su brillo, pero en la que no faltaron los pensamientos trascendentales, la reflexión, esas palabras que te dejan pensando, esas palabras que agradecen, que honran, que sugieren, que piden, que exigen o que divagan. Si hay algo que no puede faltar en la fiesta de un periódico son, precisamente, las palabras, que es la materia prima diaria, nuestro 'pescao'. Las primeras que pudieron escucharse fueron las de la periodista de HOY Ana B. Hernández dando la bienvenida a todos los invitados. Ella se encargó de conducir a la perfección una gala minimalista y fluida en la que se obviaron, por respeto al entorno, proyecciones y vídeos. No importó. Ella ya tiene tablas en estas lides y se desenvuelve sin sentirse intimidada ni ante los políticos ni ante un auditorio expectante ni ante los mismísimos Dioses romanos que parecían observarlo todo. Ana se cargó sobre sus hombros la hora y media que duró este acto, salpicado por la música de cuerda del grupo Vounó suaves transiciones entre premiado y premiado, entre emoción y emoción en realidad, porque cada uno de los que se subieron a recoger el galardón dejaron en el aire una estela de entusiasmo que contagió al público.

Mar Domínguez, la directora de HOY, se encargó de recordar lo que se había venido a hacer esa noche de jueves al Museo Romano de Mérida, que era premiar y disfrutar, sí, pero también abordar el momento que atraviesa el periodismo. Mencionar en estos tiempos al mismísimo Kapucinski, ese maestro del periodismo ético, es un soplo de esperanza que alienta a no tirar la toalla contra la desinformación, a luchar por la dignidad de este oficio necesario.

Tras este discurso empezaron los premios. Cuatro premiados, cuatro presentaciones, cuatro discursos. Cuatro historias junto al fuego, que diría Luis Landero, porque cada galardonado atesora un relato, un 'storytelling' que se dice ahora, de lucha contra los elementos, de ahínco y perseverancia. La periodista Ángela Murillo detalló con minuciosidad y gotas de humor la carrera de Alexis Martín-Tamayo, Míster Chip, ingeniero pacense y analista de datos deportivo, un verdadero gurú en su materia que recibió la encina cúbica como un verdadero tesoro que se convirtió, de alguna forma, en un detonante de sus recuerdos y que le hizo rememorar cómo empezó a recopilar datos, el HOY como fuente fundacional de sus estadísticas, ese pasado de transistor y tele como base de todo. Y su madre y su padre como grandes referentes. Fue otro de los hilos conductores de los discursos, la familia como sustento de todo. Lo profesional y lo personal hecho uno.

La alta directiva Pilar García-Zúñiga, actual presidenta de la Fundación Caja Extremadura, se sintió muy fielmente reflejada en el semblante que le hizo la periodista Rocío Romero en su discurso. «Me ha calcado», contaba después en el coctail, todavía con la emoción en el cuerpo. Agradeció las entrevistas que le ha hecho este medio. «Son muy importantes para mí».

Los invitados disfrutaron de un cóctel en el peristilo del Teatro Romano, un lugar privilegiado

Dos periodistas ya icónicos en Mérida, Celestino Vinagre y Antonio Gilgado, se encargaron de entregar el tercer y cuarto premio de la noche. El primero se lo entregó a Urbano Caballo, de Caja Rural de Extremadura, por los premios Espiga, y Antonio Gilgado a la piragüista Estefanía Fernández, un semblante que fue como un cuento que le susurró mirándola fijamente a los ojos, volviendo a su infancia.

Con los discursos del alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna y de presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, se cerró el acto más institucional de la noche. A Guardiola se la veía especialmente contenta por volver de nuevo a ese lugar en el que hace casi un año fue investida como la primera presidenta mujer de la región. No es Almudena Grandes precisamente un referente ideológico de su partido, pero ella citó una frase de la autora como una declaración de intenciones: «yo me aferro a la felicidad como una forma de resistir». Hizo caso omiso a la invitación que le había hecho previamente Osuna para que pase a engrosar el censo de Mérida y se vaya a vivir allí. Foto de familiay al peristilo para poner en práctica esa otra máxima latina que es el 'Carpe diem', que consiste en básicamente en gozarla.

Quizás resulte exagerado, pero uno se siente un poco semi-dios al poder tomar un cóctel en el patio situado justo a la espalda del Teatro Romano de Mérida. Hasta allí fueron decenas de invitados caminando desde el Museo Romano, ávidos de una bebida fresca porque aunque la noche era ya cerrada, seguía apretando un calor como de trópico, de esos que no te quitas nunca de encima.

Allí empezó a darse esa mezcla heterogénea de edades y condiciones que hace interesante ese tipo de actos sociales, en donde un periodista novato departe cerveza en ristra con un político veterano, un empresario escucha a una deportista, un fotógrafo se relaciona con el equipo de seguridad de la presidenta. Son citas amistosas en las que el que puede intercambia teléfonos y nombres, o anécdotas e impresiones. O se habla del calor o de la loca adolescencia de los hijos. Es tiempo para ver a colegas a los que se ha perdido la pista o ponerle cara a esa persona con la que has hablado mil veces por teléfono o por mail pero al que no conocías físicamente. Besos indiscriminados dio «el consejero de Vox», Ignacio Higuero (Gestión Forestal y Mundo rural), de grupo en grupo en un jardín romano que a las once de la noche ya bullía.

Entre los invitados, los artífices del restaurante Atrio de Cáceres (tres estrellas Michelín) Toño Pérez y José Polo, que esta vez sí pudieron hacer hueco en su agenda. «Hoy nos hemos podido escapar», explicaban. Ellos también son Extremeños de HOY, igual que Miriam Cobo, la diseñadora de Vacas Flacas, que estuvo en esta fiesta, igual que otro de los premiados, el nadador Enrique Tornero. Representantes de todos los partidos políticos (Elena Nevado, del PP, Ignacio Sánchez Amor, del PSOE, o Irene de Miguel de Unidas Podemos, entre otros) líderes sindicales como Encarna Chacón, periodistas de distintos medios, empresarios o miembros de fundaciones dieron cuenta de un ágape made in Cáceres. El piscolabis corrió a cargo del catering San Jorge, una empresa cacereña que extiende su dominio gastronómico por toda la región.

La cena, un goteo de pequeños bocados que terminó siendo contundente, fue pasando en bandejas entre los grupos. El menú, una fórmula imbatible de éxito que empezó con los alimentos típicos de la región: jamón recién cortado, lomo ibérico y varios tipos de queso con distintos formatos de pan para acompañar. Son camareros poco invasivos que ofrecen sin presionar, pero todo resulta apetecible. Llegan después los macarons rellenos y los enrollados de salmón, además de una especie de cucuruchitos de foie con mango que resulta intenso y refrescante al mismo tiempo. No falta la Torta del Casar, esta vez en canapés. Salen pinchitos de carne, samosas de morcilla y de berenjena y uno dice que hasta aquí, pero todavía queda la traca final del postre, bocaditos de nata y chocolate, la delicia de cualquier goloso irredento. Y así, con sabor dulce, los invitados fueron caminando lentamente hacia la salida, haciendo pereza para despertar de ese sueño romano.

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