Con 40 años le llegó el encargo que marcaría su carrera. Pese a que fue un artista precoz y de trayectoria consagrada antes de ese año 1951, Juan de Ávalos (Mérida, 1911) ha pasado a la historia por ser el escultor de las tallas que decoran la cruz del Valle de los Caídos y de La Piedad que hay a la entrada de la cripta.
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Ese trabajo le valió ser considerado por algunos sectores como afín a la dictadura franquista, quizá sin tener en cuenta que De Ávalos llegó a ser afiliado del PSOE en Mérida y que fue depurado por el régimen por su afiliación política. Eso le inhabilitó para el ejercicio de cargos directivos en instituciones de enseñanza. «Ni siquiera fue invitado por Franco a la inauguración del Valle», expone Juan de Ávalos, hijo del escultor y presidente de la fundación del mismo nombre.
En varias ocasiones, De Ávalos afirmó que cobró 300.000 pesetas por el proyecto. «Evidentemente no lo hizo por dinero, porque no fue rentable; sí era un reto y una oportunidad de cara al futuro», indica el hijo del escultor, que recuerda que su madre era contraria a que aceptara el encargo. «El Valle de los Caídos fue un dolor de cabeza en mi casa y yo estuve muchos años sin ir, hasta que volví con mi padre en 2002», puntualiza.
De Ávalos falleció el 6 de julio de 2006 en Madrid y fue enterrado en su Mérida natal. En la actual capital extremeña pasó los primeros años de su vida, pero con apenas ocho años se trasladó con su familia a Madrid.
Tras su etapa formativa, parte de la cual realizó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, en la que ingresó con 15 años, regresó a Mérida en 1933. Allí fue nombrado profesor de la Escuela de Artes y Oficios, de la que llegó a ser director antes de la Guerra Civil, y un año después subdirector del Museo Arqueológico.
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Comenzó a exponer sus obras con 18 años y su carrera artística se vio interrumpida por el golpe de estado y el consiguiente conflicto armado. Incluso fue movilizado por el bando sublevado y herido en el frente.
Su relación con el Valle de los Caídos tuvo una segunda parte; en 1968, Patrimonio Nacional le encargó las esculturas de los cuatro arcángeles para el interior de la basílica.
Trabajó en España, Estados Unidos y Suramérica, sus obras se han expuesto en incontables países. Fue un artista muy prolífico. «Hay 395 obras originales y 157 muebles», apunta su hijo, que rememora como su padre estuvo trabajando hasta el final de sus días.
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