
Para renovar los viejos aguaduchos, a principios del siglo XX el Ayuntamiento acordó instalar en las plazas nuevos quioscos de bebidas. Realizados en distintos modelos ... con diseño muy elaborado de los arquitectos municipales, consistían básicamente en una pequeña estructura hexagonal de mampostería y madera sobre base de piedra, alguno con capacidad para una sola persona. Abiertos en perímetro para permeabilizarse con el exterior, los remataban cubiertas cupuladas de hojalata o cristal y amplia marquesina. Integrados en el entorno como hitos singulares, dinamizaban la vida callejera. Limpiabotas, vendedores de lotería, recaderos, rapas y otros tipos populares animaban su entorno.
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En 1920 existían quioscos en San Juan, San Francisco, plazuelas de la Soledad, Minayo, Cervantes, Campo de la Cruz, Cabeza del Puente de Palmas, estación de ferrocarril, San Roque y otros puntos del centro y barriadas de Badajoz, hasta un total de treinta. Como más concurridos destacaban los cuatro de San Francisco: Novelty, Mercantil, Paco, y Álvarez; dos ampliados después al modelo que hoy presentan, manteniéndose los otros dos, actualmente cerrados, en su estado primitivo; el Túnel, de Juan Rivera, frente al teatro López de Ayala, de mayor tamaño y doble cúpula, luego sustituido como referente de la zona por La Marina, de Paco Hinchado; y los tres de San Juan, de los que el del Chato Fernández se amplió también dos veces antes de desaparecer. Ya de nuestro tiempo son el de espumosos Támesis de Don José Moreno, o la popular Pajarera de Arturo, frente a la oficina del DNI. Y el de la plaza de San Atón, único activo actualmente
Prueba de su pujanza es que de tan reducida instalación (el primero erigido frente al ayuntamiento tenía poco más de un metro de diámetro ) vivía el titular y numerosos empleados; a veces hasta veinte. Aspecto a destacar es que pese a las dificultades para moverse en su interior, el servicio era impecable, contando todos con excelentes profesionales.
Con el tiempo muchos quioscos pasaron a vender prensa, lotería, golosinas, libros de ocasión o cambiar novelas y tebeos. Hasta hace un par de décadas su actividad fue pujante, mas luego, por causa de una burocracia que dificulta su reactivación, han desparecido casi todos. Los últimos, los de Santo Domingo, San Atón y Conquistadores.
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En la actualidad, los que existen, convertidos en casetas multifuncionales, ofrecen además de prensa otros productos y servicios. Particularmente activos resultan los de Fernando Calzadilla, Ronda del Pilar, avenida de Colón, Pardaleras, Juan Sebastián Elcano y San Roque.
Los de San Francisco, pese a su estratégica situación están cerrados hace años, ofreciendo una triste imagen de abandono. Para animar el paseo con su servicio debía agilizarse su apertura. Y recuperando la función que durante un tiempo ofreció ya con gran éxito, el más cercano a Correos podía destinarse a venta de flores, actividad que dice mucho del civismo de una ciudad.
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