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Ante catástrofes como la DANA padecida por Valencia se manifiesta lo peor y lo mejor del ser humano. Así, hay quienes han aprovechado esta tragedia ... para sacar provecho, como los detenidos por saquear comercios y algún que otro líder político miope, y hay quienes, sin obligación ninguna, por mero altruismo, se están volcando en ayudar a los damnificados. La buena noticia es que los solidarios son muchos más que los egoístas, vista la ola de solidaridad desatada por el desastre levantino. La mala es que un puñado de malvados puede hacer mucho daño, como prueban las guerras de Ucrania y Gaza.
Mas hay otra mala noticia: la solidaridad humana es efímera e inconstante en nuestra acelerada sociedad mediática, en la que no existe lo que no aparece en los medios. Ejemplo de ello fueron la crisis de los refugiados de 2015, la pandemia de covid o el conflicto ucraniano. A medida que estos problemas dejaron de ser noticia, la solidaridad internacional fue menguando.
Sin embargo, de todas estas crisis podemos aprender una enseñanza vital: «Es bueno o mejor lo que, hecho altruistamente, sea bueno o mejor para la supervivencia de nuestra especie». Este principio ético universal es enunciado por José Corral Lope en su libro 'Supervivir amando'. Para este exbanquero español, «la finalidad de la especie humana es intentar su supervivencia y el altruismo es el medio más eficaz y eficiente para intentarlo». Es una idea similar a la defendida mucho antes por el naturalista anarcomunista ruso Kropotkin en su obra 'El apoyo mutuo', donde concluye que la cooperación y la ayuda recíproca son más importantes en la evolución de las especies que la competencia o la lucha por la existencia, como sostenía el darwinismo social.
Para Corral, cualquier entidad que no tiene claro su objetivo prioritario está en permanente riesgo de que se produzcan desequilibrios por priorizar unos objetivos parciales sobre otros. Así, por ejemplo, primar el crecimiento económico por encima de todo puede originar graves desigualdades y efectos perniciosos para el medio ambiente, como estamos viendo. Para el filósofo australiano Tobby Ord, autor de 'El precipicio', el reto de nuestra época es salvaguardar el futuro de la humanidad. En 'El principio de responsabilidad', Hans Jonas propone una nueva ética que tiene ese objetivo prioritario y que se resume en cuatro enunciados: obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra; obra de tal modo que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de esa vida; no pongas en peligro las condiciones de la continuidad indefinida de la humanidad en la Tierra; e incluye en tu elección presente, como objeto también de tu querer, la futura integridad del hombre.
En este sentido, la catástrofe natural valenciana hay que verla como un aviso rojo de la emergencia climática y, por tanto, de que tenemos que cambiar nuestra forma de vida depredadora para garantizar la supervivencia de nuestra especie. Aunque lo nieguen los hijos de la ira, hace tiempo que los científicos vienen alertándonos de que fenómenos meteorológicos extremos como el sufrido por Valencia, aunque no son nuevos, serán cada vez más frecuentes e intensos por culpa del calentamiento global. Y por ser este global su respuesta debe ser global, y nuestra historia natural ha demostrado que la respuesta más eficaz es la cooperación, el apoyo mutuo. Sánchez y Mazón parece que lo han entendido, no así otros más preocupados por obtener rédito político que por hacer Política (con mayúscula).
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