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Carlos Mazón ejemplifica como nadie el principio de Peter, según el cual, en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia. ... Este viernes, el presidente de la Comunidad Valenciana compareció ante Les Corts para dar cuenta de su incompetente gestión de la luctuosa catástrofe causada por la DANA el 29 de octubre. Mazón hizo autocrítica y admitió errores, pero puso en marcha el ventilador de fango y endosó las culpas principalmente al Gobierno, en concreto a la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y, sobre todo, a la Confederación Hidrográfica de Júcar (CHJ). Ambos organismos dependen del Ministerio para la Transición Ecológica, a cuya aún titular, Teresa Ribera, los populares han puesto en la diana, azuzando a sus socios europeos para que, en un ejercicio de filibusterismo, le exijan responsabilidades por la riada de Valencia y veten en la Eurocámara su nombramiento como número dos de Ejecutivo comunitario de Ursula von der Leyen.
Sin embargo, Mazón escurrió el bulto y apenas asumió su parte de responsabilidad, que, a tenor de lo que se ha ido publicando en medios como este, es la parte del león. No aclaró por qué su Gobierno tardó tanto en mandar una alerta a los móviles de la ciudadanía, más allá de acusar a la CHJ de mantenerle en un «apagón informativo». También cayó en contradicciones al explicar por qué acudió tan tarde a la reunión vespertina del Cecopi, el órgano de coordinación de emergencias de la Generalitat valenciana. Tras desvelarse hace días que la causa fue que estaba en una comida de tres horas con una periodista para, supuestamente, ofrecerle la dirección de la televisión autonómica, Mazón volvió a cambiar su versión por enésima vez y achacó su demora a que había mucho tráfico.
Entonces por qué instituciones como la Universidad de Valencia o una decena de municipios suspendieron clases con la única información del aviso rojo de la Aemet, emitido a las 7.36 de la mañana. Esto deja en evidencia la pasividad imprudente de Mazón y su gabinete la jornada de autos. De hecho, esta semana, con una alerta por lluvias torrenciales similar, la Generalitat se apresuró a avisar a la población y suspender toda actividad.
Los primeros días posteriores a la tragedia, al contrario que su jefe de filas, Alberto Núñez Feijóo, parecía que el barón levantisco había entendido que debía colaborar con la Administración central para acometer la reconstrucción de las zonas devastadas y prestar ayuda a los afectados. Mas al comenzar a ser señalado como el principal responsable de la tardía respuesta a la calamitosa gota fría, ha reaccionado como quien está de lodo hasta el cuello y trata de salvar su culo a toda costa. Así, se ha plegado a la estrategia bilardista implementada desde Génova para embarrar el terreno de juego político, echar balones fuera y utilizar la tragedia valenciana como ariete contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez.
Preocupa la deriva del PP de la mano de Feijóo, alguien que llegó a la presidencia de su partido con fama de moderado y hombre de consensos, pero que ha cedido a la tentación populista arrastrado al fango por Ayuso y Vox. Alcide de Gasperi, primer ministro conservador italiano considerado uno de los padres fundadores de la UE, dijo: «Un político mira a las próximas elecciones. Un estadista mira a la próxima generación». Pues desde que se ha quitado las gafas, el líder gallego se muestra más corto de miras y ha dejado de parecerse a De Gasperi para asemejarse al Cabrera interpretado por Luis Zahera en 'El reino'.
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